Aquí está la lista de ganadores del séptimo concurso y desfile de Alebrijes Monumentales del Museo de Arte Popular:

Primer lugar: Hambrosio el Uroboros con el número 221. Obra realizada por Taller Niño Calavera. Premio de 60,000.00 (Sesenta mil pesos 00/100 M. N.).

Segundo lugar: Antagonía eterna con el número 252. Obra realizada por Daniel Castañeda Baeza. Premio de 40,000.00 (Cuarenta mil pesos 00/100 M. N.).

Premio indivisible otorgado conforme a la votación del público y participantes:

Rey Mugre con el número 116. Obra realizada por José Uriel Rodríguez Mendoza Premio de $ 60,000.00 (Sesenta mil pesos 00/100 M. N.).

Otredad con el número 119. Ma. Guadalupe Hernández.

 

El atrabiliario con el número 030. Benjamín Eder Huerta Barbosa.

Oceloxochitl con el número 031. José de Jesús Elizondo Leocadio.

El guardián del lago con el número 190. Agustín Cervantes Márquez

Escorpioleón con el número185. Ricardo Linares García.

También se llevó a cabo el Séptimo Concurso de Cuento sobre Alebrijes

Primer lugar: ENTRE RANAS TE VEAS, de Iliana Olmedo Muñoz (México, D. F.)

Segundo lugar: COLA DE IGUANA, de Luis Girarte Martínez (Sahuayo, Michoacán)

Tercer lugar: MANUAL DE CUIDADOS PARA SU ALEBRIJE, de José Luis Medina Luna (Nezahualcóyotl, Estado de México)

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) invita a ser parte de “Una fantástica fantasía…” taller de alebrijes que se llevará a cabo en la Coordinación Nacional de Literatura, con sede en la Casa Leona Vicario, ubicada en República de Brasil, colonia Centro Histórico; el sábado 13 y domingo 14 de julio de 11:00 a 13:00 horas.

Las inscripciones se realizarán con Susana Sánchez Hernández, a los teléfonos: 5526 0219 o 5526 0449, extensión 223, y al correo electrónico: sshernandez@inba.gob.mx

Esta actividad gratuita, organizada por la Coordinación Nacional de Literatura, tiene como objetivo ofrecer un espacio de reflexión creativa para el público en general, en particular a niños y jóvenes. “Hacer alebrijes nos hace despertar nuestro lado creativo y artístico, es una buena forma para invertir el tiempo”, declara Francisco Beristáin, tallerista de “Una fantástica fantasía…”

“El origen de los alebrijes es el sueño de un hombre que cae enfermo y acaba en un bosque, donde habitan criaturas parecidas a los animales e insectos”, cuenta Beristáin.

Pedro Linares López se inspiró de los sueños que tuvo cuando se encontraba enfermo para crear estos seres fantásticos; soñó un lugar mágico, un bosque donde los árboles, las rocas y los animales se mezclaron para convertirse en criaturas extrañas que gritaban una sola palabra: “Alebrijes”.

“Esto fue hace 77 años. Nos unimos a esta celebración que ya es parte de la cultura mexicana a través de este taller”, recordó Beristáin, quien dijo que la palabra alebrije no tiene un significado relacionado con el origen de la misma.

“De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, el término dice que es una artesanía. La palabra alebrije no tiene una descripción relacionada con el sueño, la fantasía ni con lo fantástico, de ahí el origen del título del taller”, explicó Francisco Beristáin.

pedro_linaresPrimero había que pasar bajo una enorme campana que pendía quién sabe de dónde, tan voluminosa que su sombra cubría desde el mercado de Sonora hasta el zócalo (en el D.F.: una distancia de tal vez 2 kilómetros), en compañía de otros desventurados que también avanzaban sin mirar a izquierda o derecha sudando frío, esperando que en cualquier momento la enorme mole de bronce empezara a sonar y el monstruoso tañido los desbaratara.

Después había que recorrer un estrecho sendero de piedra, tan angosto como un lápiz, con insondables abismos a ambos lados y tan largo que no se le veía final: unos trataban de caminar como equilibristas en el alambre, pero a los pocos pasos caían al abismo; y otros, los menos, optaban por sentarse en el filoso sendero de piedra, una pierna a cada lado, y deslizarse penosamente, aferrados a la roca con muslos y manos.

Esto último fue lo que hizo el cartonero capitalino Pedro Linares López, entonces de 23 años de edad y ya famoso en el rumbo de la Merced. Gracias a ello pudo llegar con vida al otro lado del precipicio, donde empezaba el llano de los alebrijes.

DESPERTAR EN TINIEBLAS

linares4Linares no conocía a estas criaturas de formas satánicas y carne como de hule transparente, que brincaban bajo la niebla aposentada sobre el valle; pero aun antes de verlas las bautizó “alebrijes” porque así, “alebrijeeeee…!”, sonaba el grito que los extraños seres lanzaban a coro, como lobos mirando a la luna.

El cartonero de la Merced logró escabullirse por entre los tentáculos de los alebrijes gracias a las 2 muchachas vestidas de blanco que recorrían el paraje tomadas de la mano, como impulsadas por la brisa, sus pequeños pies desnudos acariciando apenas la capa de niebla acumulada sobre el terreno;

—Mira, algunos no se han muerto ódijo una de las niñas. Entre ambas levantaron al postrado Linares y le indicaron el camino a seguir.

Sin mirar atrás, el cartonero descendió a tropezones una pronunciada pendiente, entró a su casa, se tendió en la cama y cayó en un sueño tan profundo como catalepsia. El hombre no sabe cuánto tiempo permaneció así; un día se levantó, semiciego, tan débil que no podía hacer otra cosa que pasarse las horas sentado al sol, a la puerta de su casa. Parecía un anciano y su cuerpo olía a ceniza.

Si el cartonero se salvó en aquella ocasión y hasta recuperó la juventud (era el año de 1930) fue gracias a uno de esos fotógrafos que iban de casa en casa ofreciéndose para amplificar y colorear fotos de parientes fallecidos.

—Usted ya está muerto— anunció el fotógrafo, pero yo lo devolveré a la vida con una medicina que traeré mañana.

—No tengo con qué pagarle— argumentó Linares débilmente.

—No importa, ya me pagará. Eso sí: deje la puerta abierta porque vendré muy temprano.

El fotógrafo regresó al otro día, cuando todavía estaba tan oscuro que en la negrura de su cuarto el semiciego Linares no lograba ni entrever la figura del desconocido; pero sí reconocerle la voz:

—Primero le voy a embadurnar todo el cuerpo con esta pomada hecha con hierbas de Oaxaca, para que entre en calor— dijo el fotógrafo; después le voy a dejar un kilo de este polvo, que usted tomará durante un mes y sólo 3 cucharadas por día, porque es peligroso.

NIÑEZ ENTRE DIABLOS

linares2Linares dice que el desconocido jamás regresó por su paga pero que sus medicinas resultaron milagrosas, ya que al mes el enfermo había recuperado la vista, la fuerza y la juventud; y hasta se dio el gusto de desconcertar a los doctores con la repentina desaparición de una úlcera gástrica que le habían detectado años atrás pero que él nunca se había dejado operar.

Hijo de un zapatero del estado de México que en sus ratos de ocio fabricaba caballitos, máscaras y piñatas de cartón, Linares aprendió el oficio de cartonero en la infancia y tal vez el crecer rodeado de judas y diablos a medio hacer fue lo que lo preparó para las fabulosas experiencias que afirma haber vivido en 1930, cuando ya estaba a punto de casarse y fundar su propia familia, formada ahora por sus 3 hijos, una veintena de antiguos aprendices y decenas de nietos que hoy óel patriarca ya tiene 78 años de edadó integran la principal dinastía de cartoneros de México y producen sobre todo una gran variedad de espeluznantes alebrijes.

Antes de su excursión sobrenatural, Linares era ya uno de los juderos más buscados de la Merced. En aquel tiempo cada Sábado de Gloria, los tenderos “tronaban” para sus clientes judas repletos de regalos, desde paquetitos de carnes frías hasta perfumes, golosinas, trozos de bistec, peines y peinetas, chicharrón y chocolates (sólo la droguería Bustillos, de la calles de Tacuba, le encargaba a Linares cada año 20 judas).

Ya casado y padre de familia Linares aumentó su fama cuando empezó a fabricar, como adorno para grandes fiestas, unas enormes esferas o estrellas de carrizo y cartón que a cierta hora estallaban y dejaban volar multitud de globos que a su vez derramaban kilos de confeti sobre la concurrencia. Pero lo que al cabo lo colocó en un plano único fue su serie de alebrijes óunos monstruos de cartón inspirados en las visiones que Linares asegura haber tenido durante su excursión al Más Allá que hoy figuran en los principales museos de artesanías y colecciones particulares, y que según su tamaño u el horror que sean capaces de inspirar se cotizan entre 25,000 y 50,000 pesos cada uno.

OBRAS DE ARTE

Cada alebrije le toma a Linares 2 semanas de trabajo y consume una buena cantidad de papel, cartón y engrudo. De un periódico arrugado y hecho bolas, va formando la cabeza, después el cuello, que pude ser corto o tan largo y delgado que para sostenerse requiere de un alambre. En seguida plasma el cuerpo, de múltiples formas, como las que adquiría en segundos cada uno de los monstruos de su sueño.

Una vez formado el cuerpo del alebrije, Linares recorta cartón grueso para hacer las aletas, orejas, cuernos, uñas y dientes. Por último, utilizando pinturas de agua, Linares decora con delirantes colores el cuerpo, pintándole escamas, ojos, todos los detalles que hacen de sus alebrijes codiciadas obras de arte. El paso final es dar una capa de barniz para que el monstruito conserve sus colores.

Casi al final de su vida Pedro Linares ya casi no trabajaba y sus alebrijes tendían a estandarizarse. —Es que pronto me iré a vivir con ellos— decía el anciano— y ya no quiero ofenderlos.

Sin embargo, don Pedro Linares trabajó 7 de la mañana a 11 de la noche todos los días, hasta un día antes de su muerte. Murió el 26 de Enero de 1992 a la edad de 86 años. Siguieron con su tradicional trabajo sus descendientes Miguel Linares, Paula García y Ricardo Linares.