La disposición legal recientemente emitida por el gobierno del Distrito Federal en el sentido de que los restaurantes están obligados a servir agua sin costo alguno a los clientes que la soliciten y a tener en el establecimiento equipos de purificación del líquido, ha sido interpretada por mucha gente sólo como una medida —muy justa y necesaria por lo demás y que debía extenderse a todo el país— para frenar los abusos de los propietarios de restaurantes que prácticamente obligan a sus clientes a comprar botellas de agua negándose a servirles un vaso de agua limpia o poniendo toda clase de pretextos para no hacerlo.

Por Juan José Morales

Esta foto de un bote navegando en un lago materialmente cubierto con botellas de plástico y popotes —captada en un país asiático pero que pudo haber sido tomada casi en cualquiera del Tercer Mundo— ilustra muy bien la gravísima contaminación ambiental que provoca el consumo de refrescos y agua.

Pero en realidad, esa norma va mucho más allá de la defensa del consumidor y cumple varios y muy importantes propósitos, incluso algunos insospechados. Por ejemplo, combatir la obesidad y el consumo de bebidas alcohólicas, reducir la contaminación ambiental, ahorrar energía y —aunque parezca un tanto extraño— economizar agua.

En efecto, al estar obligados los establecimientos gastronómicos a servir agua limpia a los comensales, se desalienta el consumo de refrescos embotellados o de cerveza, al cual recurre mucha gente bajo la presión de los arbitrarios dueños de restaurantes que a menudo cobran por una botella de agua precios iguales o más altos que los de aquellas bebidas.

En cuanto a la reducción de la contaminación ambiental, se manifestará casi de inmediato en un menor número de botellas de plástico, que actualmente constituyen un elevado porcentaje en volumen de la basura que se genera en los restaurantes y otros establecimientos. La importancia de esto puede medirse si se recuerda que una botella de plástico tarda entre 100 y 700 años en descomponerse, y aún después de ello sigue contaminando. Pero sólo el 20% de las botellas de plástico se reciclan. Las demás terminan como contaminantes. Aquí cabe señalar que en México el consumo per cápita de agua embotellada —y por ende la generación de basura de plástico en forma de botellas y tapones— es mayor que en Estados Unidos, país al que se considera el epítome del consumismo y el derroche.

Por lo que se refiere al ahorro de energía, algo que a menudo se pierde de vista es que para llevar a la boca de una persona una botella con medio litro o menos de agua, se consume una buena cantidad de electricidad en los procesos de envasado y en la fabricación de las botellas, y también una considerable cantidad de combustible en el transporte y distribución. Tan sólo en Estados Unidos —no tenemos cifras para México—cada año se movilizan en barcos, trenes y camiones, 52 mil millones de botellas de agua. Esto equivale a la carga de casi dos millones de grandes camiones al año.

Eso sólo por lo que toca al transporte. La fabricación de las botellas también implica un increíble consumo de petróleo. Mucha gente se sorprenderá, por ejemplo, al saber que para fabricar mil millones de botellas de plástico —y en el mundo se utilizan semanalmente varios miles de millones— se requieren cien millones de litros de petróleo.

Y más se sorprenderán muchos al saber que en la producción de un litro de agua embotellada se consumen… siete litros de agua.

Todo lo anterior sin contar la energía que se utiliza para recolectar las verdaderas montañas de botellas de desecho y para sepultarlas en los vertederos de basura.

En fin, como decíamos al principio, imponer a los abusivos dueños de restaurantes la obligatoriedad de ofrecer un vaso de agua va mucho más allá de proteger el bolsillo de sus clientes. Es también una medida que sirve para proteger el medio ambiente y los recursos naturales y que debería generalizarse en todo el país y en el mundo entero. Y mientras tanto, todos podemos contribuir a esa protección exigiendo en los restaurantes que se nos sirva un vaso de agua.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

La empresa mexicana Perfect Choice lanza al mercado lo que promete ser la solución al interminable gasto en baterías de varios dispositivos inalámbricos. Se trata del ratón de la nueva línea Perfect Choice Design. Un mouse que se distingue por su practicidad en el manejo de energía y para el uso diario e intensivo.

Tres años de batería es lo menos que se puede pedir en un mouse que las personas usan continuamente. Se trata del PC-044284, que tiene la característica de soportar la carga de trabajo continua sin el inconveniente de remplazar las baterías continuamente.

Disponible en varios colores, es un gadget actual e indispensable tanto en la oficina como en la escuela. Se caracteriza por su alcance de siete metros de distancia. Cuenta con una resolución ajustable de 800 a 1600 dpi, además para comodidad del usuario de laptop incluye un nano receptor, ideal para el ahorro del espacio en las portátiles y botones laterales para mejorar la navegación en internet.

¿Cómo lo hace?
El mouse se alimenta de dos baterías AA en las que maximiza el rendimiento de energía, de modo que cada vez que está en reposo elimina gasto innecesario.

Especificaciones
· Alimentación 3Vcc 8 mA
· Duración de batería de hasta 3 años
· Frecuencia de operación 2.4 GHz
· Rango de distancia 7 metros
· Resolución: 800 / 1600 DPI
· Sensor óptico

Precio y disponibilidad
El mouse inalámbrico con batería de tres años está disponible en las principales tiendas departamentales y de cómputo del país, a un precio sugerido de $469.00 pesos.