“Todo lo demás”, con Adriana Barraza, se estrena

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Todo lo demás es un retrato de Doña Flor, una burócrata de 63 años de la Ciudad de México que ha trabajado toda su vida en una oficina gubernamental. Como “narrativa observacional”, la película se va construyendo a base de detalles y gestos para sumergir al espectador en el mundo íntimo de una mujer que ha sido deshumanizada y alienada por la maquinaria burocrática.
Todo lo demás se adentra en la vida interior de Doña Flor mientras despierta y anhela volverse visible de nuevo.

Todos los días, Doña Flor atiende a gente de todas las esferas de la sociedad mexicana: ricos, pobres, instruidos y analfabetas por igual. Revisa sus solicitudes de credencial para votar. Se sientan frente a ella, le entregan sus documentos y esperan a que ella los apruebe o los rechace. Para la persona sentada al otro lado del escritorio, ella es una burócrata más, un engrane de la maquinaria, invisible. Doña Flor ejerce su poder burocrático sobre ellos. Al terminar su trabajo, se dirige a una alberca para ver a los niños nadar. Se para en la orilla de la alberca y deja que el chapoteo y el sonido de sus voces la transporten a un pasado lejano.

En las noches, Doña Flor regresa a su departamento. Al igual que ella, todo en el departamento es práctico y austero. Su único acompañante es Manuelito, un gato que sigue su predecible rutina por la casa. El sonido de la televisión llena el silencio –los reportajes sobre la violencia también se han vuelto una rutina. Escribe listas de los nombres de las personas a quienes atendió durante el día y marca un punto rojo junto a ciertos nombres, como si llevara un registro de la humanidad. El único atisbo de su pasado es una pequeña fotografía de un niño.

Afuera de la ventana de su recámara, la luz de un farol descompuesto se enciende y se apaga como un metrónomo que marca el ritmo de su vida. Su pulso intermitente la baña, los sonidos de la ciudad la envuelven y ella escapa hacia sus sueños, un mundo acuático. En la mañana, se pone una falda gris y unos tacones prácticos. Espera en el andén del metro con un mar de mujeres y comienza su rutina diaria una vez más.

Los primeros dos vagones del metro de la Ciudad de México están reservados para mujeres y niños. Al cerrarse las puertas del metro, la atmósfera del vagón de mujeres es completamente distinta: el olor de cremas y perfumes, los colores artificiales de tintes para cabello y el maquillaje. Hay una solidaridad tácita en la forma en la que sus cuerpos se amontonan unos contra otros sin amenaza alguna. Doña Flor pertenece, y sin embargo no es nadie, intercambiable con cualquiera de las demás.

Los músicos ciegos que piden limosna en el metro se abren camino entre las mujeres. En su ceguera, parecen libres y ajenos a los demás. Al mirarlos, un sentimiento de envidia comienza a invadir a Doña Flor.

Una mañana, Doña Flor despierta y descubre que su gato murió en algún punto de la noche. Incapaz de lidiar con la pérdida de su único acompañante, Doña Flor tiende su cama y se va a trabajar. Esa noche, cuando regresa a casa, no tiene otra opción más que enfrentarse a su pérdida. Deposita con reticencia el cadáver de su gato en el contenedor de basura de su edificio.
El apretado tejido de su vida comienza a deshilarse. Decide ir a la alberca, no para ver a los niños nadar, sino para nadar ella misma. Sin embargo, al hallarse de pie en la orilla de la alberca, se ve paralizada por el miedo.

La alberca se convierte en una herida abierta para Doña Flor. Regresa una y otra vez con la esperanza de zabullirse, pero nunca es capaz. Al enfrentarse a su miedo al agua, se ve confrontada por su soledad, su invisibilidad, y su miedo de vivir.

Las paredes de la burocracia que la han aislado del dolor toda su vida comienzan a desmoronarse y ella ya no puede soportar la idea de ser un engrane invisible de la maquinaria. Busca torpemente una conexión humana, ser vista. No es sino hacia el final de la película donde, desnuda en las regaderas de mujeres, encuentra alivio. Otra mujer le lava la espalda. Doña Flor se conmueve
por primera vez.

La cinta de Natalia Almada con la actuación de Adriana Barraza se estrena el próximo 19 de enero. Tenemos pases dobles para la premiere:

 jueves 18 de enero 
Horario: 20:00 hrs (llegar 30 min antes)
Lugar: Cinépolis Diana

 

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Comentarios

Un comentario a ““Todo lo demás”, con Adriana Barraza, se estrena”
  1. Hola quisiera ganar boletos para la película por que la protagonista es una gran actriz.

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