La gran pasión de José Ruiz Herrera

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JoseRuizHerreraJosé Ruiz Herrera descubrió que quería estudiar alguna carrera relacionada con microbiología cuando cursaba el último año de secundaria, tras acudir a una charla vocacional.
“Recuerdo que cuando estaba por terminar los estudios de secundaria, vinieron algunos profesores a la Escuela Secundaria número 10 en la Ciudad de México, para darnos unas conferencias sobre diferentes posibilidades de estudio en el nivel profesional”, dijo.
Entre ellos se encontraba un médico veterinario que impartió una serie de conferencias en torno a las carreras de microbiología. “Fue hasta ese momento que supe de la existencia de las carreras de microbiología y de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y me llamaron mucho la atención”, explicó.

Armando Bonilla

Ante ello, tomó la decisión de inscribirse en la Vocacional número 4 del Instituto Politécnico Nacional (IPN), que en ese entonces direccionaba la formación de sus alumnos a las ciencias médico biológicas. “Al terminar los estudios en la Vocacional 4, sentí una fuerte inclinación hacia la microbiología, así que me inscribí a la carrera de químico bacteriólogo parasitólogo”.
Una vez que comenzó la formación de licenciatura, el hoy doctor valoró cuáles serían sus opciones laborales al concluir la carrera y se dio cuenta que mientras muchos compañeros se interesaban en entrar a trabajar a laboratorios, a él le atraía la idea de ir un poco más allá y formarse como investigador.
“Tuve excelentes profesores, maestros que lo estimulaban a uno para acercarse a la investigación. Tuve la fortuna, por ejemplo, de tomar algunas materias con el doctor Carlos Casas Campillo (finado), un microbiólogo notabilísimo que creó toda una escuela alrededor de la microbiología en México, y fue él quien representó una gran influencia para mí”.

De las relaciones académicas a la actividad profesional
De acuerdo con el testimonio del doctor Ruiz Herrera, fue el propio Casas Campillo quien lo involucró en la investigación profesional. “Cuando realizaba mi tesis, el doctor Casas Campillo trabajaba en un laboratorio en el área de investigación y como mi tesis trataba sobre transformación microbiana de esteroides, se dio la oportunidad de colaborar con él”.
A partir de ese momento, dijo, se fue entusiasmando más con la posibilidad de dedicarse a la investigación y al mismo tiempo identificó la necesidad de estudiar el idioma inglés para formarse y desenvolverse en el plano internacional, así que se dio a la tarea de solicitar una beca. En ese entonces, las becas se tramitaban a través de la embajada de Estados Unidos, así que presentó su solicitud y tras ser valorada fue aceptado. Dicha beca, que entonces era otorgada mediante el Instituto de Educación Internacional, que dependía del Departamento de Estado de Estados Unidos, le permitió cursar el doctorado en el laboratorio del doctor Robert L. Starkey, a quien conoció gracias al doctor Casas Campillo.
“Durante una visita del doctor Robert L. Starkey a México, el doctor Casas Campillo le contó de mi interés por ir a trabajar a Estados Unidos y gracias a esa recomendación pude cursar un doctorado allá”. Mientras cursaba su doctorado en Estados Unidos, en México se crearon los primeros doctorados en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, así como el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), ante lo cual se trazó el objetivo de regresar en cuanto terminara el doctorado.
“Entonces regresé a trabajar a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y desde ese momento me he dedicado a la investigación científica”, dijo. No obstante, reconoció que el panorama no era aún tan alentador pues la investigación que en México se realizaba en ese momento era todavía muy incipiente.
En esos momentos, contó, “no había apoyo, no había instituciones como el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), no había centros de investigación consolidados y ante ello uno tenía que trabajar en condiciones realmente precarias, sin acceso a equipos de primer mundo, sustancias, y con salarios realmente bajos, en general era una época difícil”.
Sus líneas de investigación La línea de conducción de todos sus proyectos de investigación nació cuando realizaba su tesis profesional con el doctor Carlos Casas Campillo, con quien trabajaba en la transformación microbiana de esteroides, posteriormente evolucionó el trabajo a la degradación microbiana de aminoácidos en el suelo en su tesis doctoral.
A partir de ese momento, el resto de su trabajo fue primero en torno a la biología celular y segundo a la biología molecular de los hongos. De acuerdo con el propio investigador, posiblemente uno de sus trabajos más significativos fue el que hizo durante una instancia en el extranjero, el primero y único que realizó con bacterias.
“El trabajo fue muy interesante porque descubrimos unos mecanismos de respiración alternativos en bacterias. Se trató de un descubrimiento muy significativo que dio lugar a trabajos que se publicaron en revistas de alto prestigio e impacto científico”.
Un siguiente trabajo de gran relevancia en su carrera fue el desarrollado de manera conjunta con un amigo (doctor Salomón Bartnicki García), durante una estancia doctoral en la Universidad de California, con quien trabajó en torno al mecanismo de síntesis de la pared celular.
“Logramos sintetizar in vitro la pared celular, un compuesto muy importante, y descubrimos unos organelos nuevos que llevaban a cabo la formación de la pared celular, y ese trabajo apareció en la portada de la revista Science y fue muy citado posteriormente”.
Ya como colaborador del Cinvestav, el doctor Ruiz Herrera trabajó en la síntesis de otros polisacáridos de la pared celular de hongos, donde logró trabajos con gran impacto.
Como consecuencia de los resultados que fue cosechando con sus proyectos de investigación y a solicitud del entonces director del Cinvestav, se le encomendó encabezar la creación de un centro de investigación pero en provincia. Debido a ello fundó un centro de investigación en la Universidad de Guanajuato, el cual incluyó el primer doctorado fuera de la Ciudad de México, mismo que se orientó hacia la biología molecular de los hongos.
Luego de fundar y encaminar el centro, regresó al Cinvestav donde continuó su trabajo como investigador, pero ahora en torno a problemas de crecimiento y diferenciación de hongos, en particular trabajó el fenómeno de la diferenciación celular.
Más allá del laboratorio
El doctor Ruiz Herrera considera que la actividad científica ha impactado positivamente en su vida profesional en términos generales y en su vida personal.
Hablando del alcance profesional, considera que además de la posibilidad de hacer investigación, su carrera le ha dado la oportunidad de formar nuevos investigadores. “Es una obligación compartir el conocimiento acumulado, transmitirlo y que este sirva para la generación de los nuevos investigadores”.
Hablando del ámbito personal, dijo que tuvo la fortuna de haberse casado con una mujer que comprendió la importancia que para él tenía su labor como investigador y, en consecuencia, lo apoyó en otras áreas de la vida como la formación de los hijos. “Eso no quiere decir que yo no los viera, por supuesto que sí, incluso le puedo decir que tengo cinco hijos y cuatro de ellos tienen doctorado y uno tiene dos maestrías… No obstante, evidentemente es difícil, muy difícil encontrar un equilibrio porque si verdaderamente uno se considera científico, siente tal pasión por la ciencia que a veces se olvida que tiene unos hijos o una esposa a la que debe atender”.
Finalmente, el doctor Ruiz Herrera aprovechó la oportunidad para aclarar que pese a lo glamoroso que a veces pueda parecer la carrera del científico, él se considera una persona muy normal en todos los aspectos, que lleva una vida normal en la cual sale a trabajar y después de ello regresa a casa con su esposa, pues todos sus hijos ya se encuentran casados.

José Ruiz Herrera
–Químico bacteriólogo parasitólogo por el Instituto Politécnico Nacional –Doctor en microbiología por la Rutgers University de Nueva Jersey, EE. UU –Investigador Emérito del Cinvestav –Investigador Nacional Emérito SNI

(Agencia Informativa Conacyt)

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