La cura biomagnética otra #Charlatanería

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Una lectora de Cancún pregunta si es efectiva o simple charlatanería la cura biomagnética, ya que un amigo le hizo llegar la tarjeta que ilustra este artículo, y añade que tiene dudas al respecto.

Hace bien en dudar. Como ha dicho alguien, si un producto o tratamiento cualquiera dice curar todo, es que no cura nada. Ese es el caso de la llamada magnetoterapia, biomagnética, imánterapia o terapia magnética, que se basa en la aplicación de imanes a diferentes partes del cuerpo y de la cual se afirma que cura una infinidad de enfermedades y padecimientos de todo tipo, desde la diabetes, hasta la impotencia sexual, pasando por el asma, la pulmonía, las úlceras gástricas, el glaucoma, las cataratas y muchas más.

Juan José Morales

No existe la menor prueba científica de que la aplicación de imanes pueda curar tantas y tan variadas enfermedades como las que se menciona en esta tarjeta, las cuales obedecen a causas muy diversas.

No existe la menor prueba científica de que la aplicación de imanes pueda curar tantas y tan variadas enfermedades como las que se menciona en esta tarjeta, las cuales obedecen a causas muy diversas.

Ya varias veces nos hemos referido en esta columna a tal tipo de seudoterapias, pero no está de más repetir algo de lo que publicamos hace ya varios años en la revista Contenido.

Aunque se dice que la el uso de imanes proviene de la milenaria medicina china, en realidad las primeras referencias históricas sobre intentos de usar el magnetismo para curar enfermedades datan apenas del siglo XVI, cuando el médico y alquimista Paracelso pensó que si los imanes atraen el hierro, podrían hacer lo mismo con las enfermedades y sacarlas del cuerpo. También decía algo parecido Anton Mesmer, un pintoresco charlatán que a fines del siglo XV hizo una fortuna a costa de pacientes acaudalados, entre ellos los monarcas María Antonieta y Luis XIV y no pocos miembros de la corte francesa.

Los fundamentos de la magnetoterapia son tan disparatados y reñidos con el conocimiento científico como las ideas de Paracelso. Aseguran los magnetoterapistas, por ejemplo, que a cada polo de un imán “le corresponde una forma de energía eléctrica distinta. El polo norte significa detención, frena, y el polo sur avance, acelera, da vida y energía”, lo cual —agregan— se debe a que en el polo sur “hay un remolino de electrones que gira en el sentido de las agujas del reloj, con una carga positiva”, mientras que en el polo norte hay otro remolino semejante pero que gira en sentido contrario. Aquí cabe aclarar que, como sabe cualquier estudiante de física, los electrones siempre tienen carga negativa, giren como giren.

Otros charlatanes afirman que “la energía del polo Sur constituye un eficaz tratamiento capaz de resucitar células supuestamente agotadas y desvitalizadas, pero hay que complementar inmediatamente dichas aplicaciones con otras de energía del polo Norte.” O sea, a las células hay que darles un buen empujoncito, pero para que no vayan a alocarse y terminen demasiado aceleradas, apenas comiencen a moverse hay que frenarlas.

Sostienen también que mediante el magnetismo se puede mejorar la circulación sanguínea “porque la sangre contiene hierro, que es atraído por un imán”. Ignoran que la concentración y disposición de los átomos de hierro en las moléculas de hemoglobina es tal que los imanes no actúan sobre la sangre.

Otros, para no tener que complicarse la vida con explicaciones ni exponerse a decir tonterías, tranquilamente afirman que “los imanes no curan. Lo que hacen es devolverle la normalidad al cuerpo, para que el proceso de curación pueda iniciarse por sí solo.” A fin de cuentas, esto no es más que la vieja afirmación de Mesmer de que por el cuerpo corre un fluido magnético muy sutil, que las enfermedades se deben a anomalías en su movimiento, y que para curar al paciente basta restablecer el flujo normal.

Desde luego, no hay una sola evidencia científica de que aplicar imanes a la nariz, las orejas, el cóccix (o bobox, como se diría en maya), las uñas, la nuca o cualquier otra parte del cuerpo cure absolutamente nada ni convierta a los ancianos en jovenzuelos. Las terapias magnéticas se sustentan sólo en afirmaciones ridículas y descabelladas, y en las acostumbradas “pruebas” testimoniales de perfectos desconocidos que dicen haber sido curado con imanes después de que ningún médico pudo con sus males.

A mi amiga lectora —a quien agradezco su confianza— sólo puedo recomendarle que no se deje embaucar por esta charlatanería de dos polos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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