Malecón Tajamar, una posible solución

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El pasado miércoles, alguien subió a la Internet un video sobre la forma en que, con maquinaria pesada, se estaba arrasando lo que queda de manglar y otra vegetación en el malecón Tajamar de Cancún. Seis horas después lo habían visto más de dos millones de personas, para quienes ahora la imagen de Cancún no es la de un paraíso tropical o un atractivo centro turístico de sol y playa, sino un lugar donde se destruye la naturaleza.

Juan José Morales

TajamarDestruido

Vista de las obras de desmonte total y relleno en el malecón Tajamar. Irónicamente, el único árbol que las máquinas dejaron en pie es una casuarina o pino de mar, indeseable especie invasora que los biólogos tratan de erradicar por los graves daños que causa a la fauna y a la vegetación nativa. Las obras, por lo demás, se realizaron sin el previo rescate de flora y fauna que establece la ley.

Que las cosas se estén haciendo dentro del marco legal o no, que los ecologistas exageren, que haya políticos que quieran aprovecharse del caso —como los lidercillos del llamado Partido Verde, que jamás han movido un dedo para defender el medio ambiente en Cancún y ahora prometen que lo harán—, son cosas que a estas alturas ya no importan. Lo importante es que Tajamar se ha convertido en un motivo de irritación social para un amplio sector de la sociedad, encolerizada ante la persistente destrucción de valiosos ecosistemas. Y se ha convertido también en un embrollo legal que, como demuestra la nueva suspensión de los trabajos ordenada por un juez, puede prolongarse y provocar mayor encono por parte de la población.

Por eso valdría la pena tratar de encontrarle una salida razonable al problema. Y ello no es difícil. De hecho hay dos precedentes que pueden servir de ejemplo.

El primero fue el caso de las playas de Xcacel-Xcacelito, en la Riviera Maya. Ahí, el consorcio español Meliá pretendía construir un hotel en un terreno que —dicho sea de paso— le fue vendido a precio de ganga por el gobierno de Quintana Roo. Había obtenido ya, como ahora los inversionistas de Tajamar, todos los permisos legales para las obras. Pero se levantó una oleada de protestas por parte de diversos grupos sociales ya que ese lugar es un importante sitio de anidación de las tortugas marinas. Hubo un largo y en momentos bastante violento estira y afloja entre los defensores del medio ambiente y los científicos por un lado, y las autoridades que —al igual que ahora— se pusieron del lado de los inversionistas, hablaron de apego a la ley, esgrimieron el argumento del desarrollo económico y la creación de empleos y aseguraron que se tomarían medidas para que las tortugas pudieran seguir anidando. Finalmente, sin embargo, tras una batalla legal y bajo la presión social, el gobierno aceptó cancelar el proyecto hotelero, entregó otros terrenos al consorcio español a cambio de los de Xcacel-Xcacelito, y estableció en estos últimos el Santuario de la Tortuga Marina, muy exitoso por el gran número de animales que ahí desovan. El año pasado, por ejemplo, se registraron ahí más de 4 700 nidos.

El segundo caso, más reciente, fue el del llamado Ombligo Verde, una gran área arbolada en el corazón de Cancún, que un presidente municipal de infausta memoria, Gregorio Sánchez, pretendió convertir en una faraónica y encementada plaza cívico-religiosa con un nuevo palacio municipal de un lado y del otro una nueva catedral (la original, situada a corta distancia en el propio Ombligo Verde y a medio construir, se destinaría al negocio clerical de las criptas funerarias).

También una gran parte del Ombligo Verde fue arrasada totalmente. Las máquinas no dejaron un solo árbol en pie y eliminaron hasta la cubierta de suelo fértil, dejando sólo la roca desnuda. Todo ello con autorizaciones legales, pero contra la opinión popular, que pedía conservar la vegetación y destinar el lugar a un gran parque urbano. Aunque Greg, como se hace llamar el alcalde de marras, continuó tozudamente con su proyecto, finalmente la ciudadanía ganó la batalla, el faraónico proyecto fue cancelado y el Ombligo Verde, aunque severamente dañado, es ahora un sitio de esparcimiento y recreación para los cancunenses.

Uno se pregunta ¿por qué no tomar en cuenta a los habitantes de Cancún y cancelar el proyecto del malecón Tajamar? Fonatur podría muy bien compensar a los inversionistas y destinar el área a un gran parque urbano, que mucha falta hace a Cancún, una ciudad que surgió de la selva pero, paradójicamente, tiene apenas la cuarta parte de la superficie de áreas verdes por habitante que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

Esa sería una solución inteligente y satisfactoria, que contribuiría a elevar el prestigio de Cancún en lugar de socavarlo como ahora ocurre.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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