Salvando el Malecón Tajamar de Cancún

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En uno de los predios del malecón Tajamar de Cancún comenzó a operar maquinaria pesada para arrasar la vegetación. Pronto corrió la voz entre los defensores de esa zona de manglar y se congregaron numerosos activistas que avisaron a las autoridades correspondientes: Dirección Municipal de Ecología, Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y Procuraduría General de la República.

Juan José Morales

Tajamar

La maquinaria pesada ya había iniciado el desmonte en un predio del malecón Tajamar cuando, por la rápida movilización de los activistas defensores de esa zona de manglar, intervino la Policía Federal Preventiva, que detuvo la operación. El terreno, según se sabe, había sido entregado por Fonatur a sus actuales propietarios —empresarios italianos— a cambio de otro que les había vendido y en el cual tampoco pudieron construir por tratarse de una zona protegida.

La maquinaria pesada ya había iniciado el desmonte en un predio del malecón Tajamar cuando, por la rápida movilización de los activistas defensores de esa zona de manglar, intervino la Policía Federal Preventiva, que detuvo la operación. El terreno, según se sabe, había sido entregado por Fonatur a sus actuales propietarios —empresarios italianos— a cambio de otro que les había vendido y en el cual tampoco pudieron construir por tratarse de una zona protegida.

Quienes realizaban el desmonte exhibieron un permiso de la Dirección de Ecología expedido en 2008 y alegaron que podían hacerlo ya que fue negado el amparo que un grupo de niños solicitó para que no se destruya ese humedal, pues no pudieron —los pequeños— depositar la fianza de 21 millones de pesos que les exigió el juez. Pero, independientemente de que la autorización pudiera haber caducado, aún está pendiente el recurso de revisión de la negativa de amparo, y por tanto sigue en pie la prohibición de realizar cualquier obra en ese lugar.

Finalmente, y tras la intervención de los activistas y un abogado del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), las autoridades, tanto municipales como federales, ordenaron cesar el desmonte y retirar la maquinaria del lugar, la cual fue asegurada al igual que el predio.

A juicio de algunos activistas, lo ocurrido podría interpretarse como el clásico “madruguete”; es decir, una intentona de devastar rápidamente el lugar y crear una situación de hechos consumados, como primer paso para levantar una edificación en el sitio. Otros, en cambio, estiman que se trató de una maniobra concertada con alguna autoridad para —como se dice en el lenguaje popular— “medirle el agua a los camotes”. Es decir, evaluar la capacidad de reacción de los grupos defensores del medio ambiente, que como se ve, fue bastante rápida y eficiente.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

 

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