Fanatismo religioso contra las vacunas

0

No sé en qué ha parado el asunto, ni que el Vaticano haya hecho alguna declaración al respecto, pero al parecer todo sigue igual desde que, hace unos meses, la conferencia episcopal de Kenia llamó a opo-nerse a la campaña de vacunación contra la poliomielitis impulsada por la Organización Mundial de la Salud en aquel país africano. El argumento de los obispos para pedir a los fieles que no vacunen a sus hijos es que, según se dice, la vacuna contiene una hormona femenina que podría esterilizarlos.

Juan José Morales

Obispos kenianos en una ceremonia religiosa. Al atizar la histeria antivacunación y sabotear la campaña contra la poliomielitis, han puesto en peligro a millones de niños, igual que hace algunos años lo hicieron los clérigos musulmanes en Nigeria. La CIA contribuyó a atizar el fuego ya que en 2011 organizó una falsa campaña de vacunación en Pakistán para obtener muestras de ADN que ayudaran a rastrear y localizar parientes de Osama Bin Laden.

Obispos kenianos en una ceremonia religiosa. Al atizar la histeria antivacunación y sabotear la campaña contra la poliomielitis, han puesto en peligro a millones de niños, igual que hace algunos años lo hicieron los clérigos musulmanes en Nigeria. La CIA contribuyó a atizar el fuego ya que en 2011 organizó una falsa campaña de vacunación en Pakistán para obtener muestras de ADN que ayudaran a rastrear y localizar parientes de Osama Bin Laden.

Esta versión la echó a rodar el Dr. Wahome Ngare, de la Asociación de Médicos Católicos de Kenia, según el cual la campaña masiva de vacunación es parte de una conspiración de las potencias occidentales para esterilizar a la población de las naciones africanas. Además, Ngare se hace eco de las versiones de que las vacunas pueden causar autismo, producir ciertos tipos de cáncer ocasionados por virus y se usan para propagar el virus de la inmunodeficiencia humana o VIH.

No hay, sin embargo, evidencia alguna, ya sea médica o científica, que respalde tales afirmaciones. Ngare simplemente repite rumores sin fundamento, y los obispos lo tomaron en serio. Por lo demás, no es la primera vez que actúan tan irresponsablemente. En 2014 hicieron un llamado similar para boicotear las campañas de vacunación contra el tétanos. Y tampoco son los obispos católicos kenianos los únicos dirigentes religiosos que se oponen a la vacunación. Hace algún tiempo lo hicieron también los sacerdotes musulmanes en Nigeria.

La poliomielitis, que hasta hace un par de generaciones constituía un azote que causó la muerte o dejó inválidos a muchos millones de niños en todo el mundo, estaba a punto de ser erradicada a fines del siglo pasado gracias a una vigorosa campaña de vacunación iniciada en 1988 por la OMS. Pero fue entonces cuando los jerarcas musulmanes lanzaron la versión de que el sida que flagelaba áfrica había sido causado por virus diseminados a través de las vacunas como parte de una conjura occidental para diezmar a la población de ese continente. La gente lo creyó, se abstuvo de vacunar a sus hijos, y la polio renació.

Pronto, de Nigeria se propagó a otros países africanos y de ahí a Pakistán y Afganistán. Hubo que redoblar esfuerzos para lograr que la gente aceptara vacunarse, y actualmente se está nuevamente a punto de acabar con ese viejo azote. Ya sólo se dan casos aislados en Pakistán y Afganistán, y el último caso de polio de que se tiene noticia en África, se registró en Somalia hace un año. Pero, gracias al fanatismo de los obispos católicos, ahora se corre peligro de una nueva regresión.

La poliomielitis —hay que recordarlo— es una enfermedad causada por un virus que invade el sistema nervioso y ataca específicamente ciertas neuronas de la espina dorsal que conectan al cerebro con los músculos. Al morir esas células nerviosas, los músculos se debilitan, se atrofian y finalmente sobreviene una parálisis. La enfermedad puede atacar a personas de cualquier edad, pero afecta sobre todo a menores de cinco años. Por eso también se le conoce como parálisis infantil.

No hay cura para ella. La única medida efectiva es la vacunación. Y gracias a las vacunas desarrolladas en la segunda mitad del siglo XX —sobre todo la Sabin, que se aplica fácilmente por vía oral— es ahora sólo un recuerdo en casi todo el mundo. Como la polio únicamente se transmite de una persona a otra, si todos los niños están inmunizados, no habrá enfermos, y por tanto no habría riesgo de una nueva epidemia. Por eso resulta especialmente grave que el fanatismo religioso impida su erradicación total y definitiva.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Expresa tus ideas

Quieres tener tu propia personalidad?...
consigue tu gravatar!