Chacmuchuch, una laguna que requiere protección

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A riesgo de parecer repetitivo, no me cansaré de llamar la atención sobre la gran importancia de los manglares, los valiosos servicios ambientales que prestan estos ecosistemas, y por ende la necesidad de protegerlos y conservarlos. Sobre todo en la península de Yucatán, donde a lo largo del litoral tenemos más de la mitad de los manglares de todo el país, y donde constituyen un elemento fundamental para la conformación del paisaje —que es la base de la industria turística en la región— y la protección de la propia costa ante el embate de tormentas y huracanes.

Juan José Morales

A la izquierda, el mar Caribe. A la derecha, separado de él por una estrecha franja arenosa muy vulnerable ante tormentas y huracanes, el sistema lagunar Chacmuchuch, cuyos exuberantes manglares están catalogados como los más altos de la península y pueden constituir un gran atractivo turístico si se les brinda la necesaria protección.

A la izquierda, el mar Caribe. A la derecha, separado de él por una estrecha franja arenosa muy vulnerable ante tormentas y huracanes, el sistema lagunar Chacmuchuch, cuyos exuberantes manglares están catalogados como los más altos de la península y pueden constituir un gran atractivo turístico si se les brinda la necesaria protección.

Es por eso que me preocupan los recientes anuncios sobre grandes desarrollos inmobiliarios y hoteleros al norte de Cancún, donde según se dice deberán construirse varias decenas de miles de cuartos y departamentos en los próximos 15 años, quizá más que los que actualmente existen en Cancún.

En esa zona —que, por cierto, está sufriendo una gravísima erosión de playas— hay todavía densos manglares en muy buen estado de conservación que pueden verse afectados si en los planes de desarrollo no se toman las medidas de protección necesarias y no se aplican rigurosamente las normas ambientales.

En particular, puede mencionarse la laguna de Chacmuchuch, en la zona de Isla Blanca, cuyo borde sur se extiende hasta un sector ya urbanizado de Cancún. En ese sistema lagunar, que abarca alrededor de 12 mil hectáreas se ubican los manglares más altos de la península —en muy buen estado de conservación por lo demás— y hay una rica y variada fauna. Pero está siendo gravemente alterado, particularmente por la pesca furtiva, la tala clandestina de manglares, dragados y rellenos no autorizados, y contaminación con los lixiviados que escurren desde el cercano basurero municipal en el cual hasta hace unos cinco años se depositaban los desechos tanto de Cancún como de Isla Mujeres y que por la deficiente construcción del relleno sanitario se ha convertido en una grave fuente de contaminación con todo tipo de sustancias, incluso metales pesados y lubricantes usados.

Oficialmente, la laguna tiene carácter de área natural protegida, pero se encuentra en una situación que podría calificarse de nebulosa, por cuanto no está claro a quién corresponde su salvaguarda: si al ayuntamiento de Isla Mujeres, si al de Benito Juárez —donde se ubica Cancún— o al gobierno federal. El hecho es que aquella es una especie de tierra —o agua, o humedal, como prefiera llamársele— de nadie, prácticamente no hay vigilancia por parte de las autoridades y la protección es puramente teórica.

No es muy grato ser profeta del desastre, pero tal como van las cosas —y sobre todo por lo que está ocurriendo en la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas— Chacmuchuch parece estar en camino de correr la misma triste suerte que el sistema lagunar Nichupté de Cancún, cuyo deterioro no ha podido detenerse a pesar de los repetidos anuncios oficiales de medidas para rescatarlo.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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