Respiracionismo… taquitos de aire y empanaditas de viento #Charlatanería

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Hace poco, la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) estuvo difundiendo uno de esos insufribles anuncios gubernamentales en el cual afirmaba que cualquier trabajador que durante 18 años añadiera diez pesitos diarios a la cantidad que normalmente se le descuenta para su fondo de pensiones, al llegar a la edad de retiro podría jubilarse con una buena suma de dinero. Ahora ya corrigió: no son diez pesitos, sino cien pesotes los que deben añadirse cada día durante esos 18 años a la cuota para poder gozar de una pensión decente.

Juan José Morales

Pues parece también que a pesar de todo el cuento le llegó a Peña Nieto, se lo creyó y ahora la Consar prácticamente recomienda a los mexicanos convertirse en faquires y vivir del aire.

Pues parece también que a pesar de todo el cuento le llegó a Peña Nieto, se lo creyó y ahora la Consar prácticamente recomienda a los mexicanos convertirse en faquires y vivir del aire.

El problema es que hay en México —según estadísticas del INEGI— siete millones de trabajadores que ganan sólo el salario mínimo o menos. Es decir, un máximo de 70 pesos diarios. Otros 13 millones ganan entre uno y dos salarios mínimos. Si en promedio perciben cien pesos diarios, tampoco les quedaría nada para comer, ya no digamos para renta, transporte, vestido, electricidad, agua potable y demás necesidades.

Pero, dado que Peña Nieto se está volviendo muy ducho en cuestiones de manipulación de energías misteriosas —como esas fuerzas mentales con las que, según él, se pudo pulverizar al huracán Patricia—, no me sorprendería que resuelva el dilema entre ahorrar o comer. ¿Cómo? Recomendando a los mexicanos que se vuelvan respiracionistas.

¿Que qué es eso del respiracionismo? Es la disparatada idea, pregonada por algunos charlatanes, de que el ser humano puede vivir sin probar bocado, e incluso sin beber una gota de agua, alimentándose única y exclusivamente con cierto elemento nutritivo cósmico llamado prana, que impregna todo el Universo y se manifiesta a través de la luz. Basta aprender a absorberlo para que un ser humano pueda olvidarse de una vez y para siempre de frijoles, tortillas, arroz, calabazas, tacos de cochinita, longaniza, puchero de tres carnes o cualquiera de esas cosas que acostumbra llevarse al estómago.

Como es usual, los respiracionistas —que también se hacen llamar breatharianos, palabra que tiene un vago aire de palabra hindú pero en realidad proviene del inglés breath, respiración— dicen basarse en milenarios conocimientos de la India, Japón y el sureste de Asia. Sostienen que originalmente el ser humano vivía sin comer, pero desarrolló la necesidad de hacerlo porque olvidó su origen espiritual y se degradó convirtiéndose en una especie de caníbal que vive de otros seres vivos, o sea las plantas y los animales.

En las revistas naturistas, de espectáculos, sobre seres extraterrestres y de ultratumba, seudomedicinas alternativas y cuestiones por el estilo, con frecuencia se habla de respiracionistas como la australiana Ellen Greve —conocida por su seudónimo Jasmuheen— y el faquir indio Prahlad Jani, que supuestamente llevan muchos años sin comer ni beber y que ello fue comprobado por “los científicos”. Eso es falso. En una prueba durante la cual fue vigilada con cámaras las 24 horas, Doña Ellen no aguantó más de cuatro días antes de que el médico que monitoreaba su condición ordenara hidratarla de inmediato, pues estaba en condición crítica y a punto de sufrir un fallo renal que hubiera sido mortal. Después ella se dijo víctima de una conspiración para interrumpir la prueba y no pudiera demostrar que realmente puede vivir sin agua ni comida. Por su parte, el científico que supuestamente controló al faquir —por sólo una semana, dicho sea de paso—, era miembro de su misma secta y no permitió que nadie más participara en la vigilancia. Además, estaba de acuerdo con el faquir para convencer al gobierno de la India que —si se les pagaba una buena suma de dinero— podrían enseñar a los soldados a pasar meses o años sin alimento alguno.

En fin, que no le digan, que no le cuenten. Es imposible vivir de taquitos de aire y empanaditas de viento, aunque así lo afirmen los respiracionistas e implícitamente lo recomienden los funcionarios de la Consar.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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