Cancún… Los atlas de riesgo que existen y no existen

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Sobra decir que Cancún es muy vulnerable ante los llamados fenómenos hidrometeorológicos. Concretamente tormentas tropicales y huracanes, que le llegan tanto desde la distante región de las islas de Cabo Verde, frente a África, al otro lado del Atlántico —de ahí provino el inolvidable huracán Gilberto en 1988— como desde la cercana matriz generadora de huracanes del Caribe, donde se gestó el no menos inolvidable Wilma en 2005. Ambos —hay que subrayarlo— han sido los dos huracanes más poderosos de la historia en el Atlántico, y golpearon a esta joven ciudad en el lapso de sólo 17 años, con las consecuencias que todos conocen y no es necesario detallar. En pocas palabras: Cancún, el principal destino turístico de México, hogar de cerca de un millón de habitantes, está ubicado en una zona de huracanes y debe estar siempre preparado para resistirlos.

Juan José Morales

Como se ve en el mapa, toda la costa norte de Quintana Roo está expuesta a los huracanes, pero el riesgo es particularmente alto en su porción norte, donde se hallan Cancún, Cozumel y la Riviera Maya. En tales condiciones resulta indispensable contar con atlas de riesgos para todas las poblaciones de esa zona.

Como se ve en el mapa, toda la costa norte de Quintana Roo está expuesta a los huracanes, pero el riesgo es particularmente alto en su porción norte, donde se hallan Cancún, Cozumel y la Riviera Maya. En tales condiciones resulta indispensable contar con atlas de riesgos para todas las poblaciones de esa zona.

Por ello me sorprendió escuchar de boca de uno de los ponentes en el IV Congreso Nacional sobre Cambio Climático que Cancún no cuenta con un atlas de riesgos. Es decir, un mapa de la zona urbana y sus alrededores en el cual se indiquen los sitios y áreas más expuestos a desastres naturales, especialmente inundaciones, que como se vio durante el Wilma, constituyen quizá el principal riesgo corre la ciudad y que pueden llegar a ser muy graves pese a que en la zona no existen ríos. Un atlas de riesgos resulta indispensable, sobre todo para saber dónde no se deben permitir asentamientos humanos y evitar así pérdidas materiales y humanas.

Decidí investigar un poco, y encontré que lo dicho por el ponente podría calificarse a la vez de falso y cierto. En realidad, sí existe un atlas de riesgos para Cancún. Es más: de hecho hay dos, ambos elaborados durante la anterior administración municipal, encabezada por Julián Ricalde, con fondos aportados por la Secretaría de Desarrollo Social, la Sedesol. El primero estuvo a cargo de un particular, Alberto Oriza, y el segundo —ya en las postrimerías de la gestión de Ricalde—, fue elaborado por la Universidad del Caribe. Pero para fines prácticos y legales, es como si no existieran, pues ninguno de los dos ha sido publicado. Por lo tanto no tienen validez oficial como instrumentos para normar permisos y proyectos de construcción y urbanización, y en general el desarrollo de la ciudad, y ni siquiera son conocidos fuera de un reducido círculo.

También —sobre todo del segundo de tales atlas— se dice que dejan mucho qué desear y que en algunos casos pueden incluso considerarse deficientes. Sin embargo, contienen elementos valiosos. Por ejemplo, en ellos se señala la ubicación de áreas inundables, y en particular de las llamadas bocas efímeras o bocas de tormenta. Es decir, ciertas zonas bajas donde, cuando ocurre una tormenta tropical o un huracán, fluyen grandes cantidades de agua hacia el mar, o hay una gran penetración de aguas marinas.

Desde luego, no parece casual que —aún incompletos y deficientes— no se publiquen esos atlas de riesgo. Al no ser oficiales, las autoridades pueden autorizar la construcción de fraccionamientos en zonas expuestas a inundación.

Y, desde luego también, las inundaciones no constituyen el único peligro que amenaza a Cancún y la zona norte de Quintana Roo en general. Hay otros. Por ejemplo, debido a la naturaleza del terreno —constituido por un tipo de rocas calizas conocido como karst, que se caracteriza por la existencia de numerosas oquedades de todos tipos y tamaños—, hay peligro de derrumbes como el que recientemente ocurrió en la carretera de Cancún a Playa del Carmen y que afectó a un amplio tramo del camino. Eso también debe preverse en un atlas de riesgos.

Pero así son las cosas. El principal centro turístico del país, vulnerable a fenómenos naturales, carece de un documento que permita prever y evitar daños causados por tales fenómenos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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