Invasiones de mosquitos

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Aunque a algunas personas les parezca totalmente anómala las invasiones de mosquitos que incluso ha obligado a suspender clases en algunas escuelas de Mérida, es un fenómeno relativamente normal, aunque no muy frecuente ni de tal magnitud. Por lo general se registra en las cercanías de la costa, ya que es ahí donde se reproduce el mosquito protagonista de estos sucesos, el Aedes taeniorhyncus, al cual puede considerarse el peor —desde el punto de vista de las molestias que causa— entre las varias especies de estos insectos que tenemos en la región. Es abundantísimo, forma enormes enjambres, se desplaza a grandes distancias y es particularmente agresivo, tenaz y persistente. Por fortuna, sin embargo, no transmite ninguna enfermedad.

Juan José Morales

Al agresivo y molesto Aedes taeniorhyncus, que aquí vemos hinchándose con sangre humana, podrá reconocerlo si —antes de aplastarlo de un manotazo— observa las bandas blancas que presenta en el abdomen y las patas. Popularmente se le conoce como mosquito negro o playero.

Al agresivo y molesto Aedes taeniorhyncus, que aquí vemos hinchándose con sangre humana, podrá reconocerlo si —antes de aplastarlo de un manotazo— observa las bandas blancas que presenta en el abdomen y las patas. Popularmente se le conoce como mosquito negro o playero.

Es de hábitos nocturnos. Entra en actividad al crepúsculo y así se mantiene hasta la madrugada. Durante el día permanece en troncos, paredes y otros sitios. Sobre todo en lugares oscuros o en penumbra, pues rehúye la luz solar, que lo inhibe para volar. Aunque si se le molesta puede hacerlo a pleno sol.

La fecundidad de esta especie es enorme. En un solo metro cuadrado de terreno se ha llegado a contar más de cien mil huevos. Se reproduce en ciénagas, marismas y pantanos de agua salobre. Pero no deposita sus huevos directamente en el agua sino en el suelo húmedo; sobre todo en lugares ricos en materia orgánica. Ahí permanecen hasta que las lluvias inundan el lugar. Entonces maduran y eclosionan simultáneamente todos los que fueron depositados a lo largo de cierto tiempo, y las larvas también crecen y se metamorfosean casi al unísono. El resultado es que, al completar su desarrollo, los mosquitos se levantan literalmente en masa, en enjambres que pueden llegar a ser de decenas o cientos de millones y hasta de más de mil millones.

Igualmente impresionante es su capacidad de vuelo. Se han capturado ejemplares en pleno mar, a 175 kilómetros de la costa, aunque esto es excepcional. Lo común es que recorran distancias de 20 ó 30 kilómetros. Si el viento les es favorable, pueden llegar incluso a mayores distancias. Además, lo hacen también en masa, en una especie de éxodo cuyas causas todavía no están muy claras. Eso ocurre usualmente una noche después de que emergen los adultos y la dirección y distancia de su migración depende en buena parte de los vientos. A eso se deben esas súbitas e inexplicables invasiones de mosquitos que a veces ocurren en las poblaciones, como la que mencionamos. Y de aquí también la dificultad para combatirlos. Si se aplica insecticida en el lugar afectado por una invasión, se exterminará a los ejemplares ahí presentes. Pero mientras tanto, a 20 ó 30 kilómetros pueden estar emergiendo 300 ó 400 millones de mosquitos que a la noche siguiente tal vez vuelen hacia el lugar fumigado.

Desde luego, este no es el único mosquito que quita el sueño a quienes vivimos en estas tierras del Mayab. Hay otros también especialmente molestos, aunque no peligrosos desde el punto de vista sanitario. Por ejemplo, el Psorophora ferox, que en el nombre lleva la fama y cuya picadura es particularmente dolorosa, y el P. cyanescens, también sumamente agresivo. Pero esos son harina de otro costal, y ya habrá oportunidad de hablar sobre sus características.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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