Las piedras de la educación

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SalónClasePertenecer a la comunidad escolar es integrarse a ella; los profesores formamos parte de los
grupos de estudiantes donde impartimos clase; los docentes estamos bien cuando nuestros grupos marchan bien. Como profesores deberíamos establecer metas a lograr con nuestros alumnos, más allá de objetivos o exigencias institucionales. Las metas, son datos medibles y tangibles; datos que nos pueden servir a cada uno de nosotros los maestros como guía comparativa de nuestra propia gestión educativa a través del tiempo.

Maestro Luis Guillermo Santana Carvajal
Profesor de educación secundaria

La vocación por transmitir, enseñar y/o intervenir en el proceso educativo de los alumnos, e
incluso formativo (cuando se trata de educación básica) es inseparable de la profesión docente. Es primordial tener entre nuestras luchas muy personales (en nuestro fuero interno) la búsqueda por el buen rendimiento de nuestros pupilos, la certeza del avance en sus aprendizajes y por ende el reflejo de ello; por ejemplo, en un indicador tangible que se llama “calificaciones”. Está por demás decir que buscamos que éstas sean sólo aprobatorias; pues asentar calificaciones reprobatorias no es formativo, ni estratégico, ni propositivo, ni es un propósito aceptable para ningún maestro; es un reflejo de un engranaje que no está bien, algo que no embona (¿acaso alguien?), es el reflejo de una desintegración grupal. Nuestro trabajo docente no es de uno a uno, ni de pares, ni de tres, ni de cuatro individuos, es con grupos, a los que también pertenecemos como maestros.

Vale la pregunta: ¿Es sensato declarar que la mayoría de los alumnos no sirven, o que son flojos o muy maleducados o una pléyade de irresponsables? ¿Si alguien, en nuestra etapa de estudiantes, hubiese hecho tal declaración hacia nosotros la habríamos aceptado?… ¿Y por qué no?… ¿Y por qué sí?…

Reflexionemos, ¿son los alumnos los que están desintegrados en el grupo?…

¿Conocemos las necesidades que tiene el grupo o sólo transmitimos lo que nosotros
consideramos que son sus necesidades?… ¿Somos la última palabra en el o los grupos a los
cuales pertenecemos?… ¿Realmente hemos sido capaces de integrarnos a los grupos en los que formamos parte?…

¿Creemos que los alumnos son unas piedras o estamos convencidos de que si ponemos los
granos de arena que nos toca como maestros estos granos son tan valiosos que hasta pueden
resultar las piedras angulares de su educación?…

¿Cabos sueltos?… No confundamos. Podríamos pensar, en un afán por creer que estamos
haciendo lo correcto, que el problema sea de disfunción familiar y descomposición social y no de una simple desintegración grupal; utilizar el clisé de que la sociedad está en crisis, de que los papás no hacen su tarea adecuadamente, de que los alumnos son unos irresponsables, es aceptable?… ¿Y nuestros deberes de profesión?… O ¿Sólo vale hablar de nuestros derechos?… ¿Tacharíamos de reaccionario sugerir que debemos hacer mejor nuestro trabajo?…

Contextualicemos. Hacia afuera, a defendernos o a luchar con todo como gremio, en contra de las nefastas, arbitrarias, mal administradas y mal sustentadas medidas gubernamentales, pero sin coartar la libertad individual. Que luche quien quiera, unido o aislado por una causa social o magisterial, que luche también afuera quien sienta que así lo debe hacer; pues en la libertad no se imponen las ideas y se deben respetar las decisiones de las personas. Pero hacia adentro, en nuestra propia casa, que es nuestra escuela, en la cual nosotros trazamos el camino que conviene, hagamos nuestro deber al máximo, dejemos de excusarnos en lo que les toca hacer a las mamás, a los papás y a los propios alumnos, pongamos ahora nuestro granito de arena, lo que debemos hacer nosotros. Tengamos la convicción de que ser maestros es una de las mejores cosas que nos pudo haber pasado en la vida.

Valemos tanto, que nuestro granito de arena, ni más ni menos, puede ser la piedra angular de la educación de nuestros alumnos y por qué no, de la gradual transformación de nuestra sociedad.

Posdata: Y si algún papá, mamá o estudiante está leyendo esto, les digo que: ¡Ya basta! Hagan también sus deberes, que el derecho de ser una sociedad digna y próspera vendrá por añadidura.

 

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