La luna de sangre y el fin de los tiempos

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Allá en mi lejana infancia, en ocasión de uno de tantos vaticinios sobre el apocalipsis, crucé una apuesta con mis compañeros de escuela: que el mundo no se acabaría en la fecha indicada. Estaba, desde luego, convencido de que no ocurriría la anunciada catástrofe universal, pero además pensé que apostaba sobre seguro y no tenía nada que perder, pues si el pronóstico se cumplía, ni mis condiscípulos estarían vivos para cobrarme, ni yo para pagarles. De modo, pues, que si entre mis lectores hay quienes deseen apostar conmigo —ofrezco doble contra sencillo— que el mundo se consumirá en una bola de fuego —o de cualquiera otra manera— el próximo 27 de septiembre, con gusto aceptaré.

Juan José Morales

Luna ROja

Este es el aspecto, que presentará la Luna durante la fase de totalidad del próximo eclipse. Que en la era precientífica los eclipses de sol y de luna, los cometas, las supernovas y otros acontecimientos celestes fueran tomados por augurios de hechos extraordinarios, y que se pensara que la Luna se cubría de sangre, resulta lógico y natural, ya que se ignoraba la verdadera naturaleza de tales fenómenos. Pero que en estos tiempos haya quienes los interpreten en tal sentido, es aberrante.

Todo esto viene a cuento porque han empezado a circular versiones catastrofistas relacionadas con hecho de que el eclipse lunar de este domingo es del tipo que popularmente se conoce como “luna de sangre” o “luna roja”, y se ha desatado una oleada de interpretaciones religiosas en el sentido de que ese fenómeno es una ominosa señal divina a la humanidad pecadora.

Concretamente, se le relaciona con ciertos pasajes de la Biblia en los cuales se lee lo siguiente: “Y ciertamente daré portentos presagios en los cielos y en la tierra, sangre y fuego y columnas de humo. El sol mismo será convertido en oscuridad, y la luna en sangre, antes de la venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor.”

“Y vi cuando abrió el sexto sello, y ocurrió un gran terremoto; y el sol se puso negro como saco de pelo, y la luna entera se puso como sangre, y las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como cuando una higuera sacudida por un viento fuerte echa sus higos aún no maduros.”

Lo de “luna de sangre”, sin embargo, no tiene nada de extraordinario ni sobrenatural. Es tan sólo una referencia a que durante ciertos eclipses el satélite adquiere un color cobrizo o rojizo. Y ello se debe sencillamente a que la Tierra, que se interpone entre el Sol y la Luna y proyecta su sombra sobre esta última, no bloquea por completo la luz solar. Parte de ella se refracta al pasar por la atmósfera terrestre y alcanza a iluminar la superficie de la Luna. Pero lo hace con un color rojo, similar al del crepúsculo, porque todos los demás colores del espectro solar son absorbidos por nuestra atmósfera. Eso es todo. No hay nada misterioso en el asunto.

También, a los eclipses del tipo del de este 27 de septiembre se les conoce como “superlunas” porque ocurren cuando la Luna se encuentra en el perigeo. Es decir, en el sector de su órbita más próximo a la Tierra. Esto hace que el disco lunar se vea excepcionalmente grande y brillante.

El del 27 tiene también la característica de ser el último de una serie de cuatro eclipses totales de luna consecutivos, a intervalos de seis meses, iniciado en abril de 2014. Tétradas se llama a estas series de eclipses. Y aquí cabe precisar que si bien en promedio hay un eclipse lunar cada seis meses, no todos son totales. Pueden ser parciales, cuando la sombra de la Tierra sólo cubre parte del disco lunar, o penumbrales, si la Luna no pasa por la sombra sino sólo por la penumbra. Es muy raro que se sucedan cuatro de carácter total. En los tres siglos transcurridos entre 1600 y 1900, por ejemplo, no hubo ninguna tétrada. En el siglo XX hubo únicamente dos, en 1948 y 1967.

Eso ha avivado las profecías apocalípticas. Pero tampoco las tétradas son extraordinariamente raras. De hecho, en el curso del presente siglo XXI habrá nada menos que nueve. La primera la tuvimos en 2003… y ni el mundo se acabó, ni el mesías llegó a la Tierra, ni hubo catástrofe alguna.

De modo, pues, que no le digan, que no le cuenten. La superluna, luna roja o luna de sangre del domingo 27 de septiembre no es augurio de catástrofe alguna. Disfrute del espectáculo, que llegará a su punto culminante —para quienes vivimos en la península de Yucatán y en gran parte de México—, alrededor de las 9.45 pm. Y trate de no perdérselo. El siguiente eclipse total de luna ocurrirá hasta dentro de casi dos años y medio, en enero de 2018, y la próxima tétrada se iniciará en 2032.

 

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