¡Aguas con el ácaro rojo!

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El animalillo de la imagen que ilustra estos comentarios es un nuevo habitante de la península yucateca. Llegó hace sólo unos pocos años y representa un grave peligro para el ambiente. Se trata del ácaro rojo de las palmas —Raoiella, si se prefiere el nombre científico— y constituye una plaga que, de no ser controlada, puede causar daños tanto o más severos que los ocasionados hace tres décadas por el amarillamiento letal del cocotero.

 

Juan José Morales

AcaroRojo

El ácaro rojo de las palmas ataca las hojas de éstas para alimentarse, haciendo que se marchiten y mueran. Si llegara a extenderse y multiplicarse por la península —donde hay 20 especies de palmas, o sea dos de cada tres de las existentes en el país— causaría graves daños. Y si llegara a los sembradíos de plátano de Tabasco, las consecuencias serían realmente devastadoras desde el punto de vista económico.

Al igual que la chicharrita Myndus crudus, causante del amarillamiento letal, este animalillo, originario del Sur de Asia, el Medio Oriente y África Oriental, fue detectado por primera vez en nuestro país en Cancún y también en la vecina Isla Mujeres. La única diferencia es que mientras la chicharrita llegó en un cargamento de pasto importado sin las debidas precauciones fitosanitarias por Fonatur para el campo de golf Pok ta Pok, del ácaro rojo se ignora cuál fue la vía de entrada, aunque probablemente llegó desde Cuba, después de haberse estado propagando durante varios años por las islas del Caribe. En Cancún e Isla Mujeres se le detectó en 2009 y a la fecha ya se le encuentra en la Reserva de Sian Ka’an, Cozumel y el Parque Nacional Isla Contoy, que registra una fuerte infestación. Se ha extendido también a Yucatán, Tabasco, Campeche, Chiapas y Oaxaca.

El peligro con el ácaro rojo es que no únicamente ataca a las palmas de coco, sino también a otras, incluso algunas que por ser raras y escasas se encuentran bajo protección legal, como el chit, el nakax y la palma kuká o caribeña, así como a otras de importancia comercial, como la palma de aceite y el xaan o guano, cuyas hojas son ampliamente usadas para techar viviendas campesinas. Incluso, como decíamos, ataca a las plantas de plátano, que no son palmas.

Hasta ahora, afortunadamente, y gracias a las medidas de control y combate por parte de las autoridades y de organizaciones como Amigos de Sian Ka’an, la plaga no ha afectado los cultivos comerciales. Pero el peligro se mantiene latente, y por ello es necesario mantener y reforzar las acciones de eliminación y prevención, que consisten tanto en aspersiones químicas y quema de hojas infestadas para exterminar al ácaro, como en evitar el transporte de hojas y otros materiales que lo contengan. Esto último, dicho sea de paso, incluye sombreros, canastas y otros objetos artesanales elaborados con hojas de cocotero, que se acostumbra vender a los turistas.

Las medidas de control son estrictas, y a veces se prestan a malas interpretaciones. Así ocurrió, por ejemplo, el pasado 12 de septiembre, con motivo de la anual peregrinación marítima de Isla Mujeres al Contoy, que como se sabe es un área natural protegida. Dadas las condiciones de cuarentena establecidas en este lugar debido a la presencia del ácaro, la dirección del parque nacional pidió a los peregrinos no salir de cierta área ni sacar ningún material de la isla. Los isleños, que tradicionalmente han considerado el Contoy como una especie de prolongación de Isla Mujeres, tomaron aquella limitación como una prohibición arbitraria y un intento por despojarlos de algo que les ha pertenecido desde siempre.

La realidad, empero es que el ácaro rojo de las palmas representa un serio peligro y es necesario hacer esfuerzos máximos para impedir su propagación o al menos para mantener la infestación en niveles manejables como se ha podido lograr hasta ahora. Al respecto, cabe recordar que hace pocos años se presentó también en Isla Mujeres y Contoy una amenaza semejante y todavía más grave: la llamada palomilla nopalera, una mariposa nocturna científicamente llamada Cactoblastis cactorum, originaria de Sudamérica, cuyas larvas atacan vorazmente a los nopales. Si este insecto se hubiera propagado al resto de México, habría ocasionado un desastre ecológico de proporciones inimaginables. Pero, gracias a estrictas medidas de control —para las cuales se contó con la comprensión y colaboración de los habitantes de Isla Mujeres— el incipiente brote pudo ser eliminado y el peligro conjurado.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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