Tajamar: movilización ciudadana y una gran ausencia

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Temporalmente, la Semarnat suspendió la devastación de manglares en el malecón Tajamar en Cancún. Para entonces la maquinaria pesada que se utilizó ya había arrasado casi totalmente la vegetación y causado la muerte a una cantidad incalculable de animales, lo mismo cocodrilos que otros reptiles y mamíferos, y polluelos de aves acuáticas que aún no salían del nido, amén de haber dejado sin abrigo ni alimento a miles de otros animales que se vieron forzados a escapar.

Por Juan José Morales

Panorama de la devastación en el Malecón Tajamar. Ahí donde había vegetación de manglar y una buena cantidad de animales, no queda ahora más que un lodazal carente de vida. Las máquinas, paradójicamente y casi como burla, sólo dejaron en pie una casuarina o pino de mar, una especie vegetal invasora que se trata de eliminar en la zona costera de Quintana Roo por los daños que ocasiona a la flora y la fauna nativa.

Panorama de la devastación en el Malecón Tajamar. Ahí donde había vegetación de manglar y una buena cantidad de animales, no queda ahora más que un lodazal carente de vida. Las máquinas, paradójicamente y casi como burla, sólo dejaron en pie una casuarina o pino de mar, una especie vegetal invasora que se trata de eliminar en la zona costera de Quintana Roo por los daños que ocasiona a la flora y la fauna nativa.

Pero —y esto es importante subrayarlo— la Semarnat sólo intervino porque miles de habitantes de Cancún se movilizaron, realizaron actos de protesta, demandaron que cesara la destrucción, e incluso se plantaron ante las máquinas para evitar que continuaran su labor. Hasta ese momento, la dependencia gubernamental no había movido un dedo para evitar aquello. Y eso a pesar de que, como reconocieron las propias autoridades posteriormente, los compradores de esos terrenos no habían cumplido las condicionantes que se les impusieron en cuanto a rescate de flora y fauna y otros aspectos, ni habían tampoco presentado ciertos estudios y otros documentos previstos por la ley.

En pocas palabras: aunque había una clara y flagrante violación a leyes y reglamentos, la autoridad —específicamente la autoridad encargada de cumplir las disposiciones en materia ambiental— se mantenía indiferente y era omisa o cómplice de la devastación y la ilegalidad. Se vio forzada a intervenir debido a la presión ciudadana. De no ser por ella, la destrucción habría seguido adelante.

También hay que recalcar —porque es igualmente importante— que la suspensión es sólo temporal. La Semarnat ya ha anticipado que se impondrá una multa a los desarrolladores y se les exigirá realizar ciertas obras para “compensar” los daños ocasionados al manglar. Deja así la puerta abierta para que, tras el pago de cierta cantidad de dinero —que por elevada que sea representará sólo una fracción insignificante de las ganancias que dejará ese negocio inmobiliario— y la plantación de unos cuantos árboles, se dé luz verde a las obras y éstas continúen, seguramente con apoyo de las fuerzas represivas para —ahora sí— “hacer cumplir la ley”.

Por desgracia, hay en juego intereses económicos muy poderosos, y por desgracia también, México está hundido en un pantano de corrupción, una corrupción que —esto igualmente debe recalcarse— incluye tanto a autoridades como a empresarios. Ambos factores han sido determinantes para la pérdida de gran parte de nuestro más valioso patrimonio natural y para el deterioro del medio ambiente. Pero los habitantes de Cancún al parecer ya llegaron al punto de hartazgo y superado la pasividad e indiferencia que habían permitido a las autoridades hacer impunemente de las suyas.

Hay ahora una movilización ciudadana. Y en ella —no puedo dejar de señalarlo— se advierte una ausencia notoria; muy notoria: la de los colegios de profesionistas. En particular los dos colegios de biólogos existentes en Cancún. Pero también los de ingenieros, arquitectos y otros relacionados con el medio ambiente y el urbanismo. Ninguno de ellos ha adoptado una postura clara, abierta y definida ante el caso Tajamar. ¿Por qué? Lo ignoro. Pero quizá ese vacío se llene si los abogados de Cancún responden a la exhortación que se les ha hecho a través de las redes sociales para integrarse a la defensa del manglar.

A este respecto, hay que dejar constancia de la importante intervención que en el caso Tajamar ha tenido el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, cuyos expertos en cuestiones jurídicas y ecológicas han armado una sólida demanda legal para tratar de lograr la suspensión total y definitiva de las obras.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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