El peor invasor marino de todos los tiempos

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Hoy tenemos más noticias sobre el pez león, Pterois volitans para los ictiólogos, ese hermoso pero indeseable y nocivo invasor llegado desde el otro lado del mundo, de los arrecifes del Océano Índico y el Pacífico, que desde hace algún tiempo viene causando estragos en el Golfo de México y el Caribe, donde —sin enemigos naturales al frente— se ha entregado alegremente a la tarea de darse un festín con las poblaciones de peces nativos.

Llevado a Estados Unidos por acuaristas como especie de ornato, al parecer fue liberado accidentalmente hace quizá unos 30 años o más durante tormentas y huracanes que destruyeron peceras próximas al mar en la costa oriental de aquel país. A partir de entonces comenzó a propagarse a lo largo del litoral, hacia el sur, en busca de aguas cada vez más cálidas, hasta llegar así al Golfo de México y el Caribe. Y la noticia que ahora tenemos es que, en su incontenible expansión, ha llegado hasta las costas de Brasil, como hace ya más de diez años predijeron algunos expertos.

El pez león es doble-mente peligroso: por su voracidad, que lo convierte en un temible depredador de las especies de peces na-tivos, y porque sus grandes son veneno-sas y constituyen una amenaza para los bu-ceadores. Por otro la-do, no tiene enemigos naturales que ayuden a mantenerlo bajo con-trol. Por eso los biólo-gos lo consideran el peor invasor marino de todos los tiempos.

El pez león es doblemente peligroso: por su voracidad, que lo convierte en un temible depredador de las especies de peces nativos, y porque sus grandes aletas son venenosas y constituyen una amenaza para los buceadores. Por otro lado, no tiene enemigos naturales que ayuden a mantenerlo bajo control. Por eso los biólogos lo consideran el peor invasor marino de todos los tiempos.

De la llegada del pez león a las costas brasileñas se informa en un artículo publicado en la revista Public Library of Science ONE (PLoS ONE) por un grupo de investigadores encabezados por Luiz Rocha, ictiólogo de la Academia de Ciencias de California. Al examinar ejemplares capturados en esa zona y determinar sus características genéticas, dice el artículo, se comprobó que están emparentados con los que han venido propagándose desde el norte, y que no se trata de una nueva liberación accidental o deliberada.

A juicio de algunos especialistas, en aguas brasileñas el pez león puede resultar mucho más dañino que en las caribeñas. La razón de ello es que en aquella zona del Atlántico, en Sudamérica, la fauna marina no es tan rica en especies como la del Caribe. Hay igualmente un alto número de especies endémicas, o sea exclusivas de esa región del mundo. En consecuencia, si una población de peces es diezmada por un activo depredador —como se teme que ocurra tras la llegada del Pterois volitans—, son mucho menores las posibilidades de que el equilibrio ecológico se restablezca en forma natural.

Por eso los autores del artículo consideran urgente iniciar un programa de monitoreo para determinar la magnitud de la invasión y emprender de inmediato —incluso sin esperar los resultados del monitoreo— el combate al pez león a fin de exterminar la mayor cantidad posible de ejemplares y atenuar su impacto.

Afortunadamente, su carne es firme, de aspecto agradable y buen sabor, con el atractivo adicional de que se trata de una especie exótica que puede atraer a los consumidores. Esto abre amplias posibilidades —como se ha hecho en Quintana Roo— de ofrecer en hoteles y restaurantes platillos a base de pez león, con lo cual su pesca con arpón puede ser un buen negocio para los pescadores e incluso un atractivo adicional para quienes practican el buceo turístico recreativo.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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