Una nueva rana en el Caribe

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La fauna del Caribe mexicano tiene un nuevo miembro: cierto pequeño anfibio popularmente conocido como rana de invernadero y que por nombre científico lleva el de Eleutherodactylus planirostris.

Esta criatura, que viene a sumarse a las nueve especies de ranas hasta entonces registradas en la península de Yucatán, fue descubierta e identificada por los biólogos Rogelio Cedeño Vázquez, Arely Martínez Arce —ambos de la unidad Chetumal de El Colegio de la Frontera Sur—, Javier González Vázquez, del Aviario Xaman Há de Playa del Carmen, y Luis Canseco Márquez, de la Facultad de Ciencias de la UNAM. Del hallazgo se da cuenta en un artículo publicado en el número más reciente de la Revista Mexicana de Biodiversidad. Los primeros ejemplares, dice el informe, se encontraron en plena zona urbana de Playa del Carmen, pero se supone que también existe en otros lugares cercanos.

Por Juan José Morales

Esta es la rana recién llegada a tierras peninsulares. Es muy pequeña y presenta dos tipos de coloración: uno moteado y otro rayado, con dos franjas oscuras que corren a lo largo del cuerpo. En ambos casos la piel es gris o verde olivo.

Esta rana, también denominada rana chirriadora de invernadero y rana ladrona de invernadero, es muy pequeña. Mide sólo entre 17 y 31 milímetros de largo. Originaria de Cuba, las Bahamas, las Caimán y otras islas del Caribe, ha sido introducida deliberada o accidentalmente en otros países, inclusive Estados Unidos y México, donde se le detectó hace 40 años, en 1974, en Veracruz. Desde entonces, sin embargo, no se tenía otro registro de esta especie en suelo nacional.

Aunque con frecuencia se le encuentra cerca de lugares habitados por el hombre —de hecho en Playa del Carmen se le descubrió en terrenos de un condominio—, no es fácil observarla y por lo general pasa inadvertida debido a sus hábitos nocturnos, su pequeño tamaño y que vive principalmente entre hojarasca húmeda, con la cual se confunde por su coloración.

Una característica que la hace muy especial es que, a diferencia de la generalidad de las ranas, sus huevos —entre tres y 26 en cada oviposición— no los deposita en agua o en una masa espumosa como hacen las ranas arborícolas, sino aisladamente, cada uno envuelto en una gruesa membrana protectora, ocultos en lugares húmedos, y al parecer se mantiene cerca de ellos para protegerlos de depredadores. Las crías pasan por la etapa de renacuajos cuando todavía se encuentran dentro del huevo y emergen ya totalmente formadas. Para entonces miden unos cinco milímetros.

Otro detalle interesante es que los renacuajos poseen una especie de diente, semejante al de los cocodrilos y las aves, que les sirve para romper el huevo y poder salir de él. En realidad, no es un verdadero diente sino una protuberancia de piel dura situada en el extremo frontal de la boca. Sólo sirve para romper el huevo y posteriormente la rana lo pierde.

| Se desconoce cómo llegó esta nueva especie a suelo mexicano, aunque se supone que arribó casualmente, en algún cargamento de plantas. Se ignora también si su presencia puede tener consecuencias ecológicas. Lo que sí se sabe, por la experiencia de otros países, es que se trata de una exitosa especie invasora, que se adapta fácilmente a nuevos hogares. Y como devora grandes cantidades de insectos, arácnidos y otros animalillos, los autores del estudio consideran urgente investigar sus posibles efectos sobre la fauna nativa y, en caso necesario, tomar medidas para controlarla.

Pero por lo pronto, en los listados de anfibios de la península tenemos un nuevo nombre: Eleutherodactylus planirostris.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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