Quintana Roo y la formación de una élite gobernante

0

Desde 2013 circula, pero no se le ha dado suficiente difusión, un interesante libro: “¿Quién gobierna Quintana Roo? Estudio de una élite política local”, de Tania Libertad Camal Cheluja, catedrática e investigadora de la Universidad de Quintana Roo.

Decimos que no se le ha dado suficiente difusión porque, aun cuando se trata de una obra de gran valía, analítica y producto de una acuciosa investigación, que no sólo contiene información muy bien fundamentada sobre el devenir político de esa entidad, sino también un sólido sustento teórico, y pese a que fue publicada conjuntamente por la propia universidad y por Bonilla Artigas Editores, ha sido objeto de muy escasas presentaciones, reseñas y comentarios. En los mentideros políticos de Chetumal se dice que ello se debe a que el título no fue muy del agrado de algunos altos personajes políticos, porque sugiere que Quintana Roo es gobernado por una banda, una camarilla o una pandilla.

Por Juan José Morales

Portada del libro. Es una obra de gran utilidad para conocer la historia moderna de Quintana Roo, la manera como se formó el grupo político más o menos compacto —aunque del todo unificado— que durante cuatro décadas se ha mantenido en el gobierno pese a sus rencillas y divisiones internas.

Si hay en los círculos gobernantes de la entidad quienes tienen tal idea, desde luego se equivocan rotundamente. El término élite no tiene un significado peyorativo sino que se refiere a un grupo selecto y limitado de personas, y en general puede decirse que incluso en una democracia los gobernantes constituyen élites, y —como se señala en el prólogo del libro— hay teorías en el sentido de que si bien las democracias modernas son gobernadas por élites, no son elitistas en el sentido de que impidan la participación de otros grupos sino, por lo contrario, esa situación da a los ciudadanos comunes oportunidades de participación que no existen en otros regímenes.

Pero no vamos a entrar en minucias o perdernos en vericuetos teóricos. Lo importante es que la autora nos muestra cómo a lo largo de décadas, desde principios del siglo XX —cuando tras la ofensiva militar contra los mayas rebeldes se constituyó el territorio de Quintana Roo, con gobernadores nombrados por el presidente de la República— se fue formando y forjando, con mucha lentitud y en peculiares condiciones, una clase política local que finalmente terminaría por tomar el gobierno del ex territorio, ya convertido en estado.

Entre otras cosas, Tania Libertad examina el origen de esa élite política que tomó las riendas de la entidad hace 40 años y las ha mantenido hasta ahora, y el fenómeno conocido como nativismo, característico de Quintana Roo.

Respecto a lo primero, señala que habiendo sido poblado el territorio por inmigrantes de muy diferente origen, y debido al desinterés en los asuntos políticos por parte de la población maya —que tenía sus propias autoridades y se sentía oprimida por el gobierno federal— “la élite política quintanarroense se formó principalmente con inmigrantes libaneses, egipcios y yucatecos que llegaron a la zona… cuando se fundó la ciudad de Payo Obispo” y que se dedicaron al comercio, la explotación de maderas preciosas y la actividad pesquera.

Fueron esos inmigrantes quienes tuvieron mayor peso en la vida política, dado que sus actividades eran las únicas de importancia económica y —como nos dice el marxismo, aunque a muchos esta verdad no les guste— poder y dinero están indisolublemente ligados. Los habitantes mayas, en cambio, no sólo se automarginaron de la política, sino que su influencia económica era prácticamente nula, limitados como estaban a la agricultura milpera de subsistencia, y por ende no tuvieron ni pudieron tener la influencia política de los empresarios.

Por cuanto al nativismo, la autora señala que sus lejanos orígenes hay que encontrarlos en las tensiones que históricamente ha habido en México entre los gobiernos locales y el federal, pero en el caso de Quintana Roo se manifestaron con más vigor por la inconformidad que causaba el hecho de que las autoridades fueran nombradas desde el centro del país, y por el constante peligro de que el territorio fuera anexado a Campeche y Yucatán, como de hecho ocurrió durante un tiempo.

El nativismo, que reclamaba para los nativos del territorio el derecho a elegir a sus autoridades, o al menos que se les tomara en cuenta para ocupar los cargos públicos, “se consolidó —escribe Tania Libertad— entre las familias fundadoras de los asentamientos poblacionales más antiguos: Payo Obispo y Cozumel, monopolizando para sí la identidad del nativo quintanarroense.” Los verdaderos nativos, los mayas, fueron excluidos y se autoexcluyeron —por las razones arriba vistas— de esta corriente política.

Por obvias razones de espacio, no podemos extendernos sobre el contenido del libro. Pero sin lugar a dudas podemos decir que es una obra que debe leer todo aquel que quiera conocer a fondo la historia política de Quintana Roo y la manera como la élite nativista que lo ha gobernado durante las últimas cuatro décadas pudo mantenerse en el poder todo ese tiempo pese a la migración masiva y al surgimiento de nuevos actores políticos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Expresa tus ideas

Quieres tener tu propia personalidad?...
consigue tu gravatar!