Un museo ferroviario: la mesa está servida

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Hace poco visité el Museo de los Ferrocarriles de Yucatán, en la calle 43 entre 46 y 38 en terrenos de los antiguos talleres conocidos como La Plancha en Mérida. Es producto de un gran esfuerzo por parte de un pequeño grupo de personas, agrupadas en una asociación civil y empeñadas en mantener la memoria del antiguo sistema de los Ferrocarriles Unidos de Yucatán y el patrimonio histórico que representa lo que de él aún queda.

Por Juan José Morales

Esta es una de las locomotoras restau-radas por los miem-bros de la asociación civil Museo de los Ferrocarriles de Yu-catán. Cerca de ella hay también coches de pasajeros, furgo-nes, cabuses, loco-motoras diesel y otros muchos ele-mentos a los que con gran esfuerzo se ha devuelto cuidadosa-mente su aspecto original. Realmente, vale la pena visitar el lugar.

Al recorrer el lugar, quedé impresionado por tres razones: en primer lugar, por la gran cantidad de material rodante —como denominan los ferrocarrileros a vagones, cabuses, locomotoras, plataformas, furgones, góndolas, coches correo y demás elementos móviles—, en segundo término por la dedicación y el empeño que los miembros de la asociación han puesto en proteger, conservar y restaurar mucho de ese material, y finalmente, por la forma en que las autoridades han dejado pasar la oportunidad de crear un excelente museo que sería una gran atracción turística.

Ahí hay de todo. En cuanto a fuerza de tracción —continuemos con la terminología de los hombres del riel—, se encuentran antiguas locomotoras de vapor y modernas máquinas diesel eléctricas, y el material rodante está ampliamente representado por los elementos arriba mencionados, tanto de vía angosta como de vía ancha. Hay igualmente, por supuesto, rieles, cambios de vía, señales, y todo lo que se requiere para el movimiento de los trenes. Gran parte de ello, sin embargo, se encuentra al aire libre, a la intemperie, con lo que la lluvia y el sol siguen haciendo estragos en el metal y la madera de valiosos vestigios históricos que no han podido ser preservados debidamente.

No sé de ningún buen museo ferroviario en el mundo que no sea exitoso. A la gente le fascina sobre todo contemplar las locomotoras de vapor. Si las puede ver en funcionamiento, resoplando y arrojando nubes blancas, tanto mejor.  Y le fascina también subirse a los antiguos vagones de pasajeros y hacer al menos un breve recorrido. Los trenes turísticos son igualmente un éxito en muchos países. No veo por qué, entonces, no se ha tomado la decisión de crear el gran museo ferroviario de Yucatán. Sobre todo porque la red ferroviaria constituye una parte fundamental de la historia del estado.

Hay elementos de sobra para abastecer el museo. Y hay asimismo, un soberbio edificio que podría albergarlo: la antigua estación central de los ferrocarriles en Mérida. En sus andenes cubiertos hay espacio más que suficiente para exhibir el material, el edificio mismo es arquitectónicamente muy atractivo —de hecho está catalogado entre los más hermosos edificios ferroviarios de México—, y en sus corredores y oficinas podrían exponerse documentos, fotografías, instrumentos, material de oficina, teléfonos, telégrafos, escritorios, herramientas y otros muchos objetos utilizados en la operación de los ferrocarriles, así como maquetas y modelos a escala.

Más aún: una o dos locomotoras de vapor y algunos coches de pasajeros, debidamente restaurados, podrían servir para recorridos turísticos aprovechando las vías que aún existen. Por ejemplo, a Izamal, en un recorrido en el que se combinarían la nostalgia de los viajes en tren a la antigua con los aspectos arqueológicos y coloniales de esa ciudad, además del folklore y la gastronomía. Incluso puede pensarse en un tren turístico que llegue hasta Campeche, con paradas en algunas de las atractivas poblaciones del trayecto.

Curiosamente, en otros países han sabido sacarle provecho a lo que en los viejos patios ferroviarios de Mérida se está convirtiendo en chatarra. Mucha gente ignora, por ejemplo, que la empresa norteamericana que maneja los parques de diversiones Disney compró dos locomotoras de vapor de vía angosta abandonadas, las restauró y ahora son una atracción turística en Disneyworld.

En fin, podría decirse que la mesa está servida para organizar un magnífico museo ferroviario. Sólo queda desear que alguna autoridad tenga la visión necesaria para hacerlo.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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