Manglares… aquí los destruyen, allá los restauran

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En Yucatán, Campeche, Quintana Roo y otros estados costeros de México, los manglares están siendo devastados, pese a la protección legal de que son objeto. Hoteleros, especuladores inmobiliarios y políticos de altos vuelos asociados con ellos piden que se deroguen las leyes que protegen esos ecosistemas, con el argumento de que son un obstáculo para el desarrollo e impiden que se construyan más hoteles, condominios, restaurantes, campos de golf y otros negocios turísticos.

Por Juan José Morales

Al otro lado del mundo, en Indonesia, por lo contrario, desde hace años la gente viene restaurando los manglares que en una época fueron también deliberadamente arrasados, aunque no para construir hoteles como en México, sino para establecer granjas camaroneras.

No sólo en Indonesia restauran y plantan manglares como protección contra maremotos y huracanes, o tifones, como se les conoce en Asia. En Filipinas, después del catastrófico tifón Haiyan de noviembre de 2013, que dejó más de 6 300 muertos, el gobierno inició un vasto programa de reforestación con árboles de mangle para formar una barrera viviente que resguarde las costas más expuestas al oleaje de tempestad. En la foto, aldeanos de la isla de Leyte trabajando en el proyecto.

Y si los habitantes de aquellos lugares están rehabilitando esas formaciones vegetales, no es por amor a la naturaleza, sino para su propia protección. Porque durante el catastrófico maremoto o tsunami que barrió las costas de Indonesia y de otros países hace exactamente diez años, el 26 de diciembre de 2004, las poblaciones situadas detrás de los manglares resultaron relativamente menos afectadas y en ellas hubo menos víctimas que en las que no contaban con esa especie de muro vegetal que amortiguó el impacto de las gigantescas olas de hasta 20 metros de altura.

El maremoto —hay que recordarlo— dejó en total más de 227 mil muertos en el sureste de Asia, de los cuales 167 mil en Indonesia, que fue el país más afectado ya que justo frente a la costa de la provincia de Aceh estuvo el epicentro del sismo submarino que originó el fenómeno. Pero, como decíamos, los manglares ayudaron a salvar muchas vidas y reducir los daños en algunos lugares.

En un principio, no estuvo muy claro que así hubiera sido. Los primeros estudios al respecto realizados después de la catástrofe fueron objeto de discusión y algunos expertos consideraron que no había suficiente evidencia de que los manglares hubieran brindado alguna protección efectiva a las poblaciones situadas detrás de ellos. Las dudas se debían sobre todo al hecho de que había demasiadas variables —como la pendiente de la costa, la amplitud de la franja de vegetación, su densidad, la ubicación de los poblados y otras— para poder llegar a conclusiones definitivas. Pero investigaciones más detalladas y un mejor análisis de los datos iniciales hicieron cambiar ese punto de vista. Ahora hay consenso entre muchos especialistas en el sentido de que las enmarañadas raíces del mangle rojo o Rhizophora mangle como se le llama científicamente —el que crece en la primera línea del manglar, dentro del agua— y su denso ramaje ayudan muy efectivamente a disipar la energía del oleaje y reducen la devastación que pudiera ocasionar tierra adentro.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Hohenheim en Alemania con base en imágenes de satélite de la costa de Aceh, por ejemplo, permitió concluir que gracias a la protección de los manglares situados frente a las aldeas costeras, el número de víctimas fatales fue ocho por ciento menor que en lugares más expuestos. Y aunque pueda parecer una cifra modesta, en términos absolutos significa diez mil sobrevivientes.

Por eso, en los últimos años se han restaurado en la provincia miles de hectáreas de manglares. Los proyectos de reforestación son financiados con fondos internacionales y han sido planeados de tal manera que estimulan a los lugareños no sólo a sembrar los arbolillos sino también a cuidarlos para garantizar su sobrevivencia. A cambio de ello, se les da apoyo económico para establecer pequeños negocios. Los resultados han sido muy satisfactorios y la barrera de manglares sigue creciendo.

Aquí cabe subrayar que la protección que ofrecen esas formaciones vegetales no se limita a los maremotos, sino a todo tipo de oleaje violento. Por ejemplo, el de los huracanes. O, para decirlo con otras palabras: si seguimos destruyendo nuestros manglares, estaremos acabando con la salvaguarda que la naturaleza nos brinda contra desastres naturales.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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