Genética y criminales etiquetados

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La discusión sobre si el delincuente nace o se hace, es quizá tan vieja como la criminología misma. El primero —o al menos el más célebre— que intentó darle un sustento científico a la idea de que un criminal lo es por naturaleza, fue el italiano Cesare Lombroso, en el siglo XIX, quien sostuvo que a un malhechor se le puede reconocer por determinadas características físicas. Tras estudiar a cierto número de reclusos de las cárceles italianas que habían cometido delitos violentos, llegó a la conclusión de que —entre otros rasgos que lo delatan— un individuo con tendencias criminales presenta orejas excesivamente grandes, brazos muy largos, menor capacidad craneana, órbitas de los ojos muy grandes, la cabeza abultada en la parte posterior, frente hundida y rostro muy ancho.

Por Juan José Morales

Rostros de criminales. Según el médico italiano del siglo XIX Cesare Lombroso, es posible saber si un individuo tiene propensión al crimen con sólo examinar sus rasgos físicos. Actualmente hay quienes pretenden hacer predicciones semejantes mediante el estudio de los genes.

Hoy ya nadie toma en serio las tesis de Lombroso. Si acaso, sirven para hacer bromas sobre el aspecto de una persona. Pero si hablamos de ellas, es porque nuevamente ha surgido un intento de explicar científicamente las conductas criminales. En este caso, ya no a través de la antropología física, sino mediante la genética. Concretamente, por el análisis de los genes del individuo. De acuerdo con una investigación publicada en la revista Molecular Psychiatry, parece existir una relación entre ciertos genes y el comportamiento delictivo de una persona

El estudio, encabezado por Jan Tiihonen, del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, comprendió a casi 900 culpables de crímenes violentos recluidos en prisiones de Finlandia. Se encontró que de aquellos que habían cometido diez o más delitos, el 60% tenían ciertos genes que influyen sobre la actividad cerebral. Entre la población en general, el porcentaje de personas con tales genes es del 40%. A partir de estos datos, Tiihonen llegó a la conclusión de que entre el cinco y el diez por ciento de los delitos podrían atribuirse a los genes en cuestión.

No es esta la primera vez que se cree haber hallado una explicación genética a las tendencias delictivas. Hace casi medio siglo, allá por 1965 hubo gran revuelo acerca de lo que se dio en llamar truculentamente “el cromosoma adicional de los asesinos” (y debo confesar que yo mismo, que en aquel entonces me iniciaba en la divulgación científica, llegué a tomarlo en serio).

Para entender mejor esto, hay que recordar que los cromosomas son los componentes de las células de los que depende la herencia ya que transportan el famoso ADN o ácido desoxirribonucleico, que contiene las instrucciones para formar órganos y tejidos. Normalmente, cada célula humana tiene 23 pares de cromosomas, de los cuales la mitad proviene de la madre y la otra mitad del padre. Dos de esos 46 cromosomas, el X y el Y, determinan el sexo. La mujer tiene dos cromosomas X, o sea su cariotipo —como diría un genetista— es XX. El cariotipo del hombre, en cambio, es XY, con un cromosoma X y uno Y. Pero los sujetos en cuestión tenían cariotipo XYY, o sea un cromosoma masculino extra. Y es a ese cromosoma adicional que se achacaba su comportamiento violento, antisocial y delictivo.

Ya tampoco nadie toma en serio esta explicación. Y como detalle curioso vale la pena señalar que en Estados Unidos, el cariotipo XYY es mucho más común entre los blancos que entre los negros- Por tanto en las prisiones debería haber mucho más blancos que negros. Pero es al contrario: el número de reclusos negros supera holgadamente al de blancos.

Lo peligroso de todo esto es que se pretenda predecir la conducta de un individuo con base en estudios genéticos. Malcolm von Schantz, investigador de la universidad británica de Surrey, ha dicho, por ejemplo, que en el futuro se podría tomar muestras genéticas de la gente, identificar a aquellas personas con mayor riesgo de cometer delitos, y someterlos a vigilancia y tratamiento adecuados para ayudarlos a mantenerse dentro de la ley. Pero esto, desde luego, equivaldría a etiquetar a un individuo, con las serias consecuencias sicológicas y sociales que ello implica.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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