Cuando la luz se va… que la CFE indemice

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Normalmente esta columna se destina a temas de medio ambiente, pero hoy hablaré de una experiencia que, si bien es personal, no sólo me afectó individualmente sino también a otras muchas personas y que no es única, sino recurrente. Me refiero a la interrupción del servicio eléctrico, un problema bastante común en México.

Por Juan José Morales

Esta ingeniosa caricatura muestra la actitud de millones de mexicanos ante los incrementos de las tarifas eléctricas, que sin duda seguirán elevándose después de la privatización disfrazada de reforma energética. Y para colmo, los consumidores no tienen ninguna protección contra las fallas e interrupciones en el suministro.

El pasado domingo 9 de noviembre, desde la una de la madrugada, cesó el suministro de energía en un sector al parecer muy amplio, de la zona en que vivo en Cancún. La falla fue prontamente reportada a la CFE, y las llamadas se repitieron una y otra vez. Pero, transcurridas 14 horas después de la falla, cuando tuve que salir de mi domicilio para resolver los problemas que esa situación me causaba, las cosas continuaban igual, y en el 071, el teléfono al cual se reportan tales problemas, nadie podía decir por cuánto tiempo seguiríamos sin energía. Sólo decían una y otra vez, que ya se estaba trabajando en las reparaciones,. Y cuando alguien insistió en que ya había pasado demasiado tiempo, se le respondió que “el tiempo compromiso” en caso de fallas es de diez horas. Esto es, que la empresa se compromete a restablecer el servicio en un máximo de diez horas, y que el primer aviso se había recibido a las seis de la mañana, lo cual era falso. Por lo tanto, deberíamos ser pacientes y seguir esperando.

Como decía, salí de mi domicilio después de 14 horas de haberse interrumpido el suministro, y al escribir estas líneas ignoro si ya se restableció o no. Pero, evidentemente, 14 horas es un lapso demasiado largo, y fácil es imaginar los problemas que los afectados padecieron durante ese tiempo: falta de agua potable por no funcionar las bombas para elevarlo a los tinacos de casas y edificios, sanitarios rebosantes de orina y excrementos, imposibilidad de bañarse y lavar platos y trastes, alimentos descomponiéndose en los refrigeradores, aparatos domésticos paralizados, computadoras apagadas, etc. Eso sin contar lo que podríamos llamar cuestiones superfluas, como falta de radio y televisión.

Y aquí cabe subrayar que no había ninguna situación especial —tormentas, fuertes vientos, inundaciones o alguna otra similar— que motivara la falla ni que mantuviera ocupadas por todas partes a las cuadrillas de reparación. La falla se dio en un día normal, en condiciones normales, y es atribuible a la CFE, que tenía disponible a todo su personal para atenderla. Sin embargo, los usuarios tuvieron que padecer por largo tiempo la suspensión del servicio.

Este es un problema bastante frecuente. De mayor o menor duración, las interrupciones en el suministro son comunes en todo el país, al igual que las fluctuaciones de voltaje, con los consiguientes daños y perjuicios, que a veces llegan a la inutilización de aparatos eléctricos y electrónicos.

No existen, empero, disposiciones legales efectivas que amparen a los usuarios en estos casos y les garanticen una compensación o una indemnización. Individualmente, alguien puede presentar una queja ante la Procuraduría Federal del Consumidor y quizá lograr un fallo en su favor. Pero, ¿cuántas personas están dispuestas a destinar tiempo al trámite y a acudir a las citas en la Profeco? Sobre todo cuando se le exigirá demostrar que sufrió daños o pérdidas y comprobar su monto.

Lo que debe hacerse, al igual que en otros países, es establecer un mecanismo legal para que la autoridad correspondiente —en este caso la Profeco— sancione de oficio a la empresa. Pero no con una multa, sino obligándola a pagar una indemnización a los afectados, vía un descuento en el pago de la energía consumida.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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