Los trabajadores migrantes que vienen del norte

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En la península de Yucatán tenemos más de 500 especies de aves; la mitad de las registradas en todo México y más que en toda Europa. Pero no está de más recordar que de ese medio millar, cerca de 200 son migratorias. Van y vienen entre el trópico y las zonas templadas de Norteamérica. Y esta es justamente la época en que empiezan a retornar a tierras del Mayab después de haber viajado hacia el norte a fines del invierno para pasar ahí los meses cálidos y aprovechar los largos y soleados días, las temperaturas benignas y la abundancia de alimento, a fin de reproducirse.

Por Juan José Morales

Además de las aves migratorias que pasan la temporada invernal en la península de Yucatán y los meses cálidos en las altas latitudes, muchas otras son transeúntes y solamente hacen escala en la región, ya que, como se ve en los mapas, se encuentra estratégicamente ubicada sobre las rutas que siguen en sus desplazamientos entre Norte y Sudamérica.

Y aquí cabe destacar que, si bien usualmente se piensa en los patos como las aves migratorias por excelencia, ese desplazamiento anual lo realizan muchas y muy distintas especies, no solamente aves de gran envergadura y poderoso vuelo sino diminutos pajarillos que caben en la palma de la mano, como calandrias, abejeros, chipes o verdines, mosqueros y hasta colibríes.

En cierto sentido, podría decirse que esas aves constituyen una inmensa oleada de trabajadores migratorios que vienen a realizar valiosos trabajos en las selvas, los humedales, las dunas costeras, las sabanas, las milpas, los matorrales y demás ecosistemas peninsulares, e incluso en parques, jardines y otras zonas urbanas. Todas y cada una cumplen alguna función específica en el entramado biológico de los ecosistemas. En su gran mayoría, por ejemplo, son insectívoras y combaten plagas. Además, dado que son de tantas y tan variadas especies, ocupan prácticamente todos los ambientes y microambientes disponibles, ayudando así a proteger tanto la vegetación silvestre como los campos agrícolas y ganaderos. Otras, en cambio, son frugívoras y al dispersar semillas en sus excrementos, contribuyen a propagar plantas. Las hay también polinívoras, que fertilizan las flores. En fin, sin esos miles de millones de trabajadores alados, difícilmente tendríamos la riqueza biológica que caracteriza a la península. Y lo mismo puede decirse de lo que ocurre en el norte, donde también las aves migratorias cumplen valiosas funciones en los ecosistemas.

Ahora bien; por mucho tiempo privó la idea de que esas aves migratorias eran residentes de Canadá y Estados Unidos y adoptaron la costumbre de viajar temporalmente al sur para escapar de los rigores del invierno. Los países latinoamericanos seríamos así los beneficiados por un recurso natural de los vecinos del norte. Sin embargo, las investigaciones biológicas han llevado a la conclusión de que en realidad las cosas ocurrieron al revés. Es decir, se trata de especies originarias de la zona tropical y a lo largo de su evolución adoptaron la costumbre de viajar al norte para beneficiarse con las favorables condiciones de la primavera y el verano.

Sea cual sea el punto de vista correcto, el hecho es que las aves migratorias —y estamos hablando de miles de millones de ejemplares de cerca de 200 especies distintas— constituyen un recurso natural compartido entre Latinoamérica y Estados Unidos y Canadá. Son animales que no tienen, por así decir, una nacionalidad definida sino que alternan sus estancias entre una y otra región. Por lo tanto, aportan beneficios a ambas, y en consecuencia la responsabilidad por protegerlos y conservarlos es también de ambas.

Decimos esto último porque también por mucho tiempo se ha culpado a los países latinoamericanos por la disminución de las poblaciones de aves migratorias, achacándola principalmente a la deforestación. El hecho, sin embargo, es que en gran medida han sido afectados por las transformaciones ambientales en Estados Unidos y Canadá, como la eliminación de humedales o el establecimiento de inmensos monocultivos.

Estos son, pues, los trabajadores migratorios alados que en esta época, como lo han venido haciendo a lo largo de miles de años, comienzan a retornar al suelo peninsular después de haber trabajado en el norte durante los meses veraniegos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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