La pacífica “asesina” de nuestros mares

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Con motivo de nuestros recientes comentarios sobre los mamíferos de la península, un joven lector pregunta si realmente en nuestras aguas puede observarse a la orca o ballena asesina.

Respuesta: sí, pero no es fácil, pues aunque en alta mar suele vérsele con más frecuencia que casi a cualquier otra ballena, normalmente no se aproxima mucho a la costa. Pero el siniestro calificativo, “asesina”, que se ha endosado a su nombre resulta muy exagerado y totalmente inapropiado.

Por Juan José Morales
Ciertamente, es un feroz depredador. Ninguna criatura marina, del tamaño que sea, puede considerarse a salvo si hay una orca en las cercanías. Come lo mismo focas que delfines, ballenas, calamares, pingüinos, tiburones, morsas, aves marinas, tortugas, peces y hasta orcas más pequeñas. A las ballenas grises a veces les arranca la lengua o los labios. Es también muy agresiva, a tal grado que en la mitología esquimal se dice que las orcas son lobos que cambiaron de forma. Ataca prácticamente todo lo que nade, y esto teóricamente puede incluir al ser humano. Sin embargo, no hay registros de personas que hayan sido víctimas de orcas. Ni siquiera en los acuarios donde se le exhibe y sus adiestradores las manipulan y conviven con ellas en el agua. Por el contrario, en cautiverio es excepcionalmente dócil y aprende a ejecutar trucos acrobáticos.

Para atrapar a sus presas, las orcas llegan a salir casi totalmente del agua, como se ve en esta escena. Obsérvense el orificio respiratorio en la parte superior de la cabeza y la gran aleta dorsal característica de esta especie y que delata su presencia aunque esté sumergida, como ocurre con el ejemplar de la izquierda. También existe en la región la falsa orca, Pseudorca crassidens, muy parecida pero menor.

A la orca —Orcinus orca en la nomenclatura científica— se le puede identificar fácilmente desde lejos por dos rasgos característicos: su enorme aleta dorsal de hasta 1.8 metros —que en los machos tiene una clara forma de triángulo isósceles— y su típica coloración negra con amplias manchas blancas o crema en la cabeza, el vientre y los flancos. Es bastante grande y robusta. Los machos alcanzan una talla de 9.5 metros, con un peso de ocho toneladas o más, y las hembras unos siete metros y cuatro toneladas.

En algunos países, los pescadores la consideran una plaga por la gran cantidad de arenques, bacalaos y otros peces de valor comercial que devora, e incluso se tomaban medidas para exterminarla. En 1975, en Islandia se llegó al extremo de pedir la ayuda a la armada norteamericana para matar a cientos de ellas con ametralladoras, cohetes y hasta bombas de profundidad. En Noruega, donde se le cazaba comercialmente para aprovechar su carne y otros productos, al disminuir su explotación el gobierno comenzó a pagar a cazadores profesionales para matar orcas y así proteger a las poblaciones de arenque, un pez valioso.

Pero, al popularizarse esta ballena en películas, programas de televisión y exhibiciones en acuarios, su imagen sufrió un cambio radical. Comenzó a disminuir el uso del calificativo “asesina” y a los ojos de cientos de millones de personas se transformó en un simpático animal que despierta simpatía y admiración y al que la gente mira con protectora ternura.

Pero aquí conviene recalcar que los depredadores no son buenos ni malos. Simplemente matan a otros animales para obtener alimento, no por crueldad ni porque tengan el deliberado propósito de causarles daño. Y en esa actividad a veces interfieren negativamente con ciertas actividades económicas. Es entonces cuando se les considera nocivos o indeseables. Y ese es el caso de la orca, aunque en los mares del Mayab no causa problemas de ese tipo.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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