Unicaribe: exprimir a quienes menos tienen, sin importar las consecuencias

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La Universidad del Caribe ha sido la opción para miles de jóvenes de escasos recursos que se esfuerzan por seguir una carrera profesional en una institución de reconocido prestigio académico. Pero en su afán de sacar dinero hasta de las piedras, el actual gobierno de Quintana Roo les está bloqueando esa posibilidad.

La Universidad del Caribe, en Cancún, es pública. Depende del gobierno del estado. Pero no es gratuita. Los estudiantes deben pagar semestralmente una colegiatura de 2,100 pesos. Ciertamente, no es muy elevada, y desde luego menor que la que se paga en universidades privadas, incluso algunas cuyas instalaciones y nivel académico se encuentran muy por debajo de la Unicaribe.

Por Juan José Morales

Así, a primera vista, y para quien goza de una desahogada posición económica, tales colegiaturas pueden parecer una ganga. Pero pagar esos 2,100 pesos semestrales no resulta nada fácil para una familia cuyo jefe gana los salarios habituales en Cancún, que son del orden de cuatro o cinco mil pesos mensuales. Sobre todo en esta época en que el poder adquisitivo del salario se ha desplomado, se sufre una carestía galopante, hay un desempleo generalizado y se ha acrecentado la inseguridad en el trabajo. Si en vez de uno son dos los hijos en la universidad, el desembolso anual equivale al salario de dos meses completos. Eso sin contar los costos de libros y material necesarios para los estudios.

Por todo eso, la universidad había seguido tradicionalmente la costumbre de dar facilidades para el pago de la colegiatura a aquellos alumnos que no podían cubrirla en su totalidad al inicio del semestre, mediante convenios que les permitieran liquidarla en parcialidades. Así, repetimos, se había venido haciendo durante años, lo cual constituía un arreglo satisfactorio para ambas partes, sobre todo para la universidad, que de esa manera lograba un doble propósito: obtener recursos y evitar la deserción de alumnos por dificultades económicas.

Pero súbitamente tal política cambió. Varios alumnos de esa institución nos informan que al comenzar el presente semestre se les dijo que ya no habrá más convenios y que para poder ser dados de alta debían cubrir en su totalidad el importe de la colegiatura.

Los jóvenes se enfrentan por lo tanto a la disyuntiva de abandonar sus estudios por imposibilidad económica, o tener que recurrir a algún prestamista que le cobrará los ya conocidos intereses leoninos.

No se ha dado explicación alguna para la inesperada y repentina medida. No se sabe si fue tomada por algún funcionario administrativo de segundo o tercer nivel, por el rector, o por el gobierno del estado, aunque algunos estudiantes se inclinan por esto último, pues —dicen— es sabido que las finanzas estatales se encuentran en crítica situación debido al pago de los monstruosos intereses que genera la no menos monstruosa deuda de 18 mil millones de pesos contraída por los dos gobiernos precedentes y el actual para fines inexplicados —no precisamente inexplicables—, pues por ningún lado se ve obra pública que hubiera sido realizada con ese dinero. Al peso de la deuda hay que añadir la baja en la recaudación de impuestos debido al estancamiento de la economía. En tales condiciones —dicen los estudiantes— el gobierno trata de sacar dinero de donde pueda.

Ciertamente, resulta criminal —por decir lo menos— presionar de tal manera a jóvenes que se esfuerzan por continuar sus estudios profesionales con tantas dificultades y sacrificios, de sus padres o de ellos mismos, pues es bastante elevado el porcentaje de alumnos de la Unicaribe que trabajan a la vez que estudian, y que no pocas veces incluso contribuyen al gasto familiar. Tal parece que a quienes tomaron esa decisión les tiene enteramente sin cuidado que los alumnos más pobres tengan que abandonar sus estudios.

Pero esta ha sido la norma de los gobiernos federal y estatal durante muchos años: exprimir a quienes menos tienen, sin importar las consecuencias.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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