El caótico nado con tiburón ballena

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El tiburón ballena —Rhinchodon typus para quien prefiera el nombre científico—, el mayor pez del mundo, se ha convertido en un atractivo turístico en Quintana Roo, ya que cada año, en las aguas del norte y noreste de aquel estado, en la zona de transición donde el Caribe se convierte en Golfo de México, se forman no muy lejos de la costa nutridas congregaciones de esos animales para aprovechar la abundancia de alimento propiciada por la corriente de surgencia que ahí existe y que levanta nutrientes del fondo

Ejemplares de tiburón ballena en el acuario de la ciudad de Osaka, Japón. La comparación con los visitantes permite apreciar su tamaño. Los ejemplares adultos rebasan los 12 metros —los hay de 15 metros— y las 20 toneladas. Pero se alimentan con pequeños crustáceos y otros animales que recogen nadando con la boca abierta y retienen al filtrar el agua con las branquias.

Por Juan José Morales

Y como el tiburón ballena se alimenta en la superficie o muy cerca de ella, resulta fácil observarlo, así que desde hace tiempo se ofrecen paseos en lancha, no sólo para observarlos, sino también para nadar a su alrededor, pues son criaturas inofensivas y pacíficas que no presentan ningún peligro para el ser humano.

Ha sido muy bueno que —como dicen los turisteros— se ofrezca este nuevo producto a los visitantes, no sólo porque permite diversificar la actividad turística sino también crear fuentes de empleo y reducir la presión que significa el exceso de buceadores en los pequeños arrecifes coralinos de la zona. Pero la parte negativa de este asunto es el desorden en que se ha caído. Aunque existe una reglamentación oficial sobre la forma y condiciones en que debe realizarse tal actividad, en la práctica es letra muerta. En las áreas de congregación es usual encontrar más embarcaciones de las autorizadas, con mayor número de personas a bordo de las que se permite, y no pocos guías, para satisfacer a los turistas y obtener mejores propinas, se hacen de la vista gorda si —violando las normas— los turistas tocan a los animales, se les sujetan de las aletas y realizan otras acciones no permitidas. No faltan, incluso, quienes los alientan a hacerlo.

Evitar todo esto es extremadamente difícil, pues el nado con tiburón ballena se encuentra en una especie de limbo legal por cuanto está sujeto a diferentes autoridades, como lo son las secretarías de Turismo, Marina, Comunicaciones y Transportes y Medio Ambiente, y la Profepa, que debe evitar y sancionar las violaciones cometidas en áreas naturales protegidas —como es el caso de la Reserva del Tiburón Ballena— tiene un número ridículamente bajo de inspectores.

En esas condiciones el nado con tiburón ballena se ha vuelto caótico. No es raro, por ejemplo, ver a más de 150 personas nadando en torno a dos o tres tiburones, o escuchar por radio cómo los tripulantes de las embarcaciones se alertan entre sí sobre el sitio donde se encuentran los inspectores, para así saber si corren o no peligro de ser pillados en sus trapacerías.

La única solución a este problema, en opinión de los expertos, es definitivamente prohibir el nado con esos animales y permitir sólo observarlos desde las embarcaciones. Después de todo, así se hace en el caso de las ballenas en todas partes del mundo, incluso en la Baja California. En ningún sitio ningún paseante se lanza al agua para nadar al lado de ballenas o ballenatos, que son de tamaño similar al tiburón ballena. Tienen que mirarlas —y eso es más que suficiente— desde lanchas o barcos.

Asimismo, sería conveniente utilizar métodos modernos de inspección, además de los a todas lunes ineficaces recorridos de los inspectores en lanchas. Se podría usar, por ejemplo, los llamados drones, esos pequeños aviones o helicópteros manejados a control remoto y dotados con cámaras de video, que por su velocidad y moviéndose en las alturas pueden cubrir una amplia área y detectar embarcaciones no autorizadas, mayor número de ocupantes, o personas en el agua.

A juicio de muchos biólogos, urge prohibir el nado con tiburón ballena, para evitar la problemática mencionada y el estrés a que son sometidos y también para evitar que puedan ser afectados por la contaminación con cremas, bloqueadores solares y otros productos que usan los nadadores y que se acumulan en la superficie del agua, que es justamente donde se alimentan esos animales.

Si no se les brinda protección adecuada, esos colosos de las aguas peninsulares podrían alejarse de nuestras costas y así se habrá matado a una gallina de los huevos de oro.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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