¿Yucatecos por los siglos de los siglos?

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Ciertamente, para un yucateco —o un peninsular en general— vivir en Estados Unidos resulta difícil. Todo es diferente: el idioma, la moneda, las costumbres, los alimentos, las tradiciones… Pero de alguna manera, los migrantes han sabido, por un lado, adaptarse a esas nuevas condiciones, y por el otro, mantener un sentido de identidad a través de la comida, las fiestas y las tradiciones llevadas desde su lugar de origen. Siguen comiendo queso relleno, relleno blanco y flan napolitano, siguen vistiendo el terno en festividades especiales, siguen poniendo nombres en español a sus hijos y les transmiten ideas, formas de ser y costumbres. Pero esta es a todas luces una situación transitoria, y a la larga sus descendientes dejarán de ser yucatecos trasplantados a Estados Unidos para convertirse en norteamericanos.

Por Juan José Morales

Se estima que hay en Los Ángeles entre 150 mil y 180 mil yucatecos, muchos de los cuales conservan y transmiten a sus hijos costumbres, ideas, tradiciones y otros aspectos de su cultura. En la foto, niños de ascendencia yucateca ataviados con sus trajes típicos, bailando la jarana en un festival.

A esa conclusión llega un interesante estudio sobre un grupo de mujeres yucatecas en Los Ángeles, California, realizado por la investigadora María Eugenia Chávez Arellano, de la Universidad Autónoma Chapingo, publicado en un número reciente de la revista Migraciones Internacionales, de El Colegio de la Frontera Norte.

Tras indagar sobre la forma de vida de esas mujeres, las razones que las indujeron o forzaron a emigrar, y sus planes para el futuro —que en general no incluyen el retorno a México—, la autora del estudio concluye que “reivindicarse como yucatecas o yucatecos en el extranjero promueve una especie de reactivación de una identidad colectiva particular que fuera de él les da un sentido de pertenencia, que les permite una unión entre sí y una diferenciación con la gente del lugar en que ahora viven y con otros grupos migratorios de diferentes regiones mexicanas.”

Y prosigue: “Las mujeres y los hombres que usualmente visten a la usanza occidental, incluso en sus pueblos, se visten con la ropa típica en festividades o celebraciones como las vaquerías o eventos públicos para vender sus productos y promover su cultura de origen (las mujeres usan ternos y los hombres vestimenta blanca con un pañuelo rojo atado al cuello y sombrero regional). La identidad se reelabora en condiciones de exilio para mantener un arraigo territorial y cultural que ha sido mermado por la larga estancia en el extranjero pero que los define como diferentes en una sociedad a la que se han adaptado de manera estratégica mediante la observación de reglas socialmente establecidas en el país receptor y a la vez asirse de un origen. La identidad reelaborada como parte de una comunidad solidaria en el extranjero es una estrategia de adaptación al país receptor, el cual se ha convertido en el lugar de residencia a largo plazo.”

“Sin embargo —concluye la investigadora—, es posible pensar que las mujeres y los hombres que han tenido y criado a sus hijos allá, no sean más que una especie de generación ‘puente’ entre ellos y una nueva generación de futuros adultos con cada vez menos vínculos culturales en su tierra de origen. La mayoría de sus hijos hablan inglés mejor que el español y prefieren al primero como lengua de comunicación corriente en casa. Los hijos adultos de algunas de estas mujeres, que han tenido hijos propios, continúan asignándoles nombres en español, pero para algunos es el único lazo que guardan con el idioma original.”

Es natural que así ocurra. Después de todo, como se señala en el propio estudio que mencionamos, esos hijos y nietos de migrantes yucatecos, sólo conocen la cultura original de sus padres, pero no están inmersos en ella. La sociedad y la cultura en que viven —especialmente en la escuela—, es otra, “hablan perfecto inglés y sus esporádicas visitas a Yucatán significan sólo un paseo o una visita, nunca una opción de vida o un regreso permanente”. Pero, sobre todo, como recalca la investigadora citando a otro experto, el origen familiar o el hogar de nacimiento “significa una cosa para quien nunca lo ha abandonado, otra para quien habita lejos de él, y otra cosa para el que retorna”.

No podemos, pues, esperar que los descendientes de esos migrantes sigan siendo yucatecos por los siglos de los siglos, ni mucho menos culparlos por dejar de serlo.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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