¿Y para qué demonios conservar los manglares?

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Hace un par de meses, bajo el título “Patricia, la amante del pantano”, hablamos en esta columna del trabajo de una bióloga, Patricia Santos, a quien los habitantes de Cancún deben —nada más ni nada menos— que la restauración de una amplia zona de manglares devastados por el huracán Wilma en 2005.

Pues bien, el pasado 2 de agosto, en el planetario Ka’ Yok’, los cancunenses tuvieron oportunidad de escuchar, de boca de la propia amante de los lodazales, cómo logró rehabilitar el manglar destruido, cosa que a muchos parecía una tarea imposible o que llevaría décadas y exigiría cuantiosas inversiones. Relatará también cómo nació su amor por los pantanos, sitios que al común de la gente se antojan desagradables y repulsivos.

Por Juan José Morales

En estas condiciones había quedado una amplia zona de manglares aledaña a Cancún tras el paso del huracán Wilma. Hoy, gracias al arduo trabajo de restauración encabezado por la bióloga Patricia Santos, ese ecosistema ha recuperado su condición original y de nuevo brinda a los habitantes del norte de Quintana Roo valiosos pero ignorados servicios ambientales.

La especialista explicó por qué es necesario proteger y conservar los manglares. Y es que todavía existe la idea —fomentada taimadamente por gente interesada, incluso políticos prominentes— de que ese ecosistema no sirve para nada y que quienes se esfuerzan por preservarlo son ecologistas románticos amantes de la naturaleza, preocupados más por la felicidad de unos pajarillos y sus polluelos que por el desarrollo económico y la creación de empleos.

Patricia, quien —dicho sea de paso— es una excelente divulgadora científica y sabe explicar con gran claridad y sencillez complejos asuntos biológicos, bioquímicos y biofísicos, describió los procesos que ocurren en los manglares, cómo repercuten sobre otros ecosistemas, y de qué manera afectan la vida de todos aquellos mexicanos que vivimos en las zonas costeras del país, las cuales en gran parte están bordeadas por una franja casi ininterrumpida de manglares.

Al respecto, no hay que olvidar que en la península de Yucatán los manglares son el ecosistema dominante en la zona costera, que es una de las de más intensa actividad económica y rápido crecimiento demográfico. En el caso particular de Quintana Roo, puede decirse que la actividad económica se realiza prácticamente en su totalidad en las vecindades del litoral, justamente en las áreas de manglares. Y por lo que toca específicamente a Cancún, a menudo se pasa por alto el hecho de que esa vegetación constituye la primera y más efectiva línea de defensa contra los huracanes y el mejor y más eficiente sistema —gratuito por lo demás— de purificación de los escurrimientos de aguas contaminadas, con lo cual se evita afectar la calidad del agua marina, que es la base de la actividad turística.

Hasta hace unas pocas décadas, los propios científicos desconocían el inmenso valor de los manglares, y no faltaban quienes proponían destruirlos para aprovechar el fértil terreno con fines agrícolas. Pero las investigaciones hicieron cambiar radicalmente ese concepto. Hoy día se sabe que ese ecosistema es uno de los más importantes en nuestro planeta, y que su deterioro o destrucción traen gravísimas consecuencias, no sólo para la flora y la fauna, sino para los seres humanos que habitan en sus proximidades, y aún para los pobladores de sitios muy distantes. Por ello los científicos han sido los primeros en pedir y apoyar drásticas medidas legales de protección a los manglares.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

 

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