La ciencia explica qué hay después de la muerte

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Mucha gente se preocupa por saber qué hay después de la muerte, y esa inquietud le lleva a tejer toda clase de ideas y creencias, desde la de un paraíso y un infierno a los cuales van a dar las almas de los seres humanos según lo bien o mal que se hayan comportado en vida, hasta la de espíritus chocarreros, almas en pena y espectros malignos que se resisten a abandonar la que fue su morada terrenal y permanecen en ella en calidad de figuras semitransparentes emitiendo lastimeros quejidos y aterrorizando a quienes ahí viven. O bien, hay quienes prefieren la idea de la reencarnación, según la cual nos la pasamos brincando de cuerpo en cuerpo, ya sea de animales o de seres humanos.

Por Juan José Morales

Sin caer en historias de aparecidos, seres de ultratumba, personajes misteriosos surgidos de la nada, mensajes del más allá, experiencias paranormales y demás cuestiones explotadas en la literatura de lo sobrenatural, los científicos explican cómo tras la muerte puede haber vida, a partir precisamente de lo que muere.

Curiosamente, sin embargo —como escribí hace algún tiempo—, hasta ahora no he conocido a nadie que se muestre especialmente preocupado por indagar qué hay antes de la vida o por dónde andaba su alma antes de nacer.

Pero, dado que una mayoría de los lectores se interesa más por lo primero —esto es, por lo que le ocurrirá después de morir— y no por lo segundo, les transmitiré lo que los científicos han logrado averiguar sobre esa cuestión. He aquí la información, bastante precisa y detallada sobre el particular, tomada de un documental de la prestigiada revista norteamericana Scientific American. Dice así:

Cuando una persona deja de respirar —o, como reza la trillada frase, exhala el último aliento, o el postrer suspiro—, sus células dejan de recibir oxígeno. Pero las células continúan vivas por algunos minutos generando dióxido de carbono o CO2. El CO2 es ácido y se acumula rompiendo bolsitas dentro de las células. Estas bolsitas contienen enzimas que comienzan a digerir las células desde dentro hacia afuera. Esto crea una burbuja de fluido rica en nutrientes.

Después de una semana, esos nutrientes alimentan un ejército de bacterias y hongos que licuarán los músculos y órganos. Los microbios que atacan los tejidos producen una desconcertante variedad de más de 400 compuestos químicos y gases que incluyen freón.

¡Correcto! El refrigerante de las neveras. ¡Benceno!, poderoso componente de la gasolina. ¡Azufre! De ahí el olor de los pantanos a huevos podridos, y una molécula conocida como tetracloruro de carbono que se usaba en los extintores y en limpieza en seco hasta que los científicos descubrieron que es muy tóxica.

En este punto queda muy poca carne por desaparecer, que es consumida por… aquí vienen los gusanos y escarabajos, que sólo dejan los huesos. A lo largo del tiempo la proteína de los huesos también se descompone, dejando sólo el mineral del hueso, llamado hidroxiapatita, que eventualmente se convertirá en polvo. Podemos consolarnos con el hecho de que todos esos nutrientes y compuestos químicos, incluso el polvo, conforman un sustrato vital que vuelve fértiles los suelos, haciendo brotar plantas y otras vidas nuevas, después de que la nuestra termine.

Esto es, pues lo que hay después de la muerte. Aquí, el documental de referencia. Dura sólo poco más de dos minutos, con subtítulos en español, y es bastante ilustrativo, aunque un tanto decepcionante para quienes esperan que tras su fallecimiento irán a reposar en una muelle nube para tañer la lira por los siglos de los siglos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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