El gran negocio de meter gente a la cárcel

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Mucha gente desconoce que entre los muchos primeros lugares a nivel mundial que Estados Unidos ocupa, está el del número de reclusos en sus cárceles: en 2011 había en las prisiones norteamericanas 2.3 millones de personas. China, con cuatro veces más habitantes, tenía sólo 1.6 millones. O sea, que si en ambos países se hallara encarcelado el mismo porcentaje de la población, habría en China 9.2 millones de presos. O, a la inversa, en Estados Unidos solamente 575 mil.

Por Juan José Morales

Y el número de prisioneros en Estados Unidos —de los cuales una considerable proporción cumplen sentencia de por vida o penas mayores a 25 años— no deja ni dejará de aumentar. Tampoco dejará de aumentar el número de quienes son arrestados y pasan una temporada más o menos breve en la cárcel antes de recobrar la libertad previo pago de una multa o salir provisionalmente bajo fianza.

Esta caricatura alude a las grandes ganancias que obtienen las empresas privadas que manejan cárceles en Estados Unidos. El negocio es tan productivo que ya han extendido sus operaciones a Australia, la Gran Bretaña y Canadá y buscan hacerlo en otros países.

La población carcelaria es tan grande y seguirá creciendo, porque en Estados Unidos tener gente tras las rejas se ha convertido en un suculento negocio manejado por un par de grandes empresas, Corrections Corporation of America (CCA) y The GEO Group, que tienen sus propias cárceles, administran otras propiedad del gobierno federal, los gobiernos estatales o los ayuntamientos, prestan servicio de transporte de prisioneros y —recientemente— entraron al negocio de los llamados grilletes electrónicos, con los que se rastrean los movimientos de personas en libertad condicional.

Para tener una idea de la magnitud del negocio carcelario, basta decir que CCA tiene más cárceles que cualquier estado norteamericano, excepto los tres mayores. En total, son más de 60 los reclusorios que posee o administra esta empresa, que da empleo a más de 17 mil personas.
Por su parte, The GEO Group tiene también más de cinco docenas de cárceles, de las cuales una sola —la del condado de San Bernardino en California, destinada a la custodia de migrantes indocumentados en espera de juicio o deportación— genera ingresos brutos por 42 millones de dólares. Y ello sólo con mantenerla ocupada al 75% de su capacidad.

Tanto CCA como GEO se especializan en cárceles para indocumentados y para consumidores —no traficantes— de drogas, ya que no causan mayores problemas ni exigen medidas especiales de control y seguridad. Por su propia condición, esos reclusos prefieren llevar buena conducta y obedecer las reglas para no agravar su situación.

Tan productivo es el negocio carcelario, que los dividendos de ambas empresas aumentan año con año, igual que la cotización de sus acciones. El precio de las de GEO, por ejemplo, se triplicó con creces en sólo cinco años.

En tales condiciones, obviamente, les conviene que los gobiernos apliquen políticas de mano dura y severas penas tanto contra los ciudadanos norteamericanos como contra los indocumentados. Y para lograrlo, se valen de cabilderos que hacen cuantiosas donaciones al partido Republicano y al Demócrata, y a los legisladores en lo personal. En el caso de la llamada Ley Arizona, que permite a los policías de ese estado arrestar y entregar a la “migra” a cualquier indocumentado, se descubrió que 30 de los 36 congresistas que la apoyaron recibieron poco antes de votarla donaciones de GEO y CCA para sus campañas políticas.

Y, para aplicar la máxima de que “ellos mismos lo dicen”, para terminar basta señalar que Tomas Beasly, fundador de la CCA, dijo en alguna ocasión que el negocio de las prisiones era “más productivo” que vender hamburguesas o automóviles.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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