La vida es sueño. Auto sacramental y el Dios pensante de Calderón.

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El teatro El galeón presenta La vida es sueño, del 12 de junio al 31 de agosto. No se trata del drama filosófico del príncipe Segismundo y sus afamados versos, sino del auto sacramental escrito 38 años después por el mismo Calderón de la Barca, tocando apenas tangencialmente la idea de que la vida humana es una ensoñación.

Por Guillermo Velasco Tapia

Esta obra barroca (siglo XVII) interesará y atraerá a cualquiera que tenga inquietudes y dudas existenciales. En ella, el poeta español, nos da su concepción de Dios y de la formación del universo. Sobre esto Octavio Paz escribió: El Dios de Calderón es un Dios hacedor, pero sobre todo es un Dios pensante. Su perfección es la de la geometría: el universo sale de sus manos coherente como un sistema. En ningún momento el dramaturgo menciona a la Santísima Trinidad como tal. Los tres entes que componen a la Divinidad son: El Poder, La Sabiduría y El Amor.

En esta obra el espectador se convierte en testigo privilegiado de la creación del mundo y del universo. Viaja hasta los dominios del más alto Numen, donde contempla su labor (Dante tarda tres libros en llegar hasta este punto que para él es el final del viaje, la meta). El público asiste, también, al despeñamiento definitivo del Ángel, al nacimiento del Hombre, que al caer es redimido.

Retomemos a Octavio Paz y su explicación sobre los autos sacramentales (Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe): Piezas teatrales en un acto que se representaban durante la fiesta del Corpus…  …deberían tener como tema el sacramento de la Eucaristía… …Los autos descienden del teatro religioso medieval, impregnado todavía de las antiguas ceremonias y fiestas paganas.

El nobel mexicano continuó diciendo: La ciudad de Madrid comisionó a Lope, Tirso, Mira de amescua y otros famosos poetas para que escribiesen los autos… …En la época de apogeo del género Calderón tuvo la exclusividad… (y) …cambió radicalmente el carácter del auto sacramental, que deja de ser una historia prodigiosa y se convierte en una alegoría intelectual…

Nada más cierto. En esta obra, el escritor del Siglo de Oro explora y expone ideas teológicas que inquietaron su mente y agitan nuestro ser hasta el día de hoy. Así el Poder nos dice: Yo, que sin necesidad de criaturas, de edificios, de pompas, de majestades, en principio sin principio, para fin, también sin fin, dentro estaba de mí mismo por ostentarme criador saqué con sólo decirlo del ejemplar de mi idea las obras que ya habéis visto. ¿Podemos comprender cabalmente este concepto de una Deidad Primigenia, de un Dios Demiurgo que existía cuando no había ni tiempo ni espacio y que seguirá estando cuando todo lo que conocemos acabe y se destruya?

Del mismo modo, Calderón reflexionó sobre la hipóstasis y las finezas. La primera se refiere a la doble y consustancial naturaleza de La Sabiduría: al mismo tiempo es Dios y hombre, por eso su sacrificio (calvario y sufrimiento reales) salvan a la humanidad. Nuestro dramaturgo afirma que este martirio e inmolación es la mayor gracia que el Ser Supremo puede concederle al Hombre. Esta merced o favor es la fineza en sí misma. Éste fue un tema constante de bebate entre los religiosos del siglo XVII, donde cada uno tenía su propia opinión que defendía en sermones, cartas y otros escritos.

Estas piezas teatrales cumplían una función evangelizadora, o al menos, reafirmadora de la creencia religiosa. Así La vida es sueño muestra al público los beneficios de tener fe; como el pan y el vino se transfiguran en verdadera carne y sangre redentoras; que cualquier ser humano estará limpio de pecado a través de la purificación del agua (bautismo) y de la confesión.

Opinar sobre estos temas en la época barroca conllevaba enormes riesgos, aún para los grandes escritores (que además eran curas o monjas, como el propio Calderón, Quevedo, Lope, Sor Juana Inés de la Cruz y Sigüenza y Góngora). La línea era muy fina entre la exposición de nuevas ideas y el anatema o la blasfemia. Todos estos literatos estuvieron influidos por los estudios y escritos (prohibidos dentro del Imperio español) del jesuita alemán Atanasio Kircher, por el neoplatonismo (que veía en los símbolos del antiguo Egipto prefiguraciones del cristianismo) y la neoescolástica. Ejemplos claros de estos peligros son el juicio a Galileo y la muerte en la hoguera de Giordano Bruno. Ambas acciones promovidas por la Santa Inquisición.

Pero hablemos de esta puesta en escena. Su director Claudio Valdés Kuri logra transmitirnos la fuerza, intensidad y belleza del texto calderoniano con una propuesta potente, rítmica y dinámica. Desecha lo superficial: telones y escenografías. Nos muestra la caja negra del recinto desnuda, sin artificios.

Desde el principio los actores están en movimiento, realizando una cadenciosa y armónica “kata”. Se inicia la obra y la actividad no cesa, los interpretes desarrollan marchas, con sus pasos trazan símbolos en el suelo, la luces remarcan los jeroglíficos. Los círculos y estrellas de seis puntas danzan. La caída del hombre es impactante, se convierte en vorágine, en caos y disonancia. El lenguaje corporal es explotado al máximo. La música, parte fundamental, amplia las emociones. En un huapango ritual observamos al Hombre peleando contra los demonios. La lucha del Bien y del Mal es tangible y real.

Este auto sacramental se presta a múltiples lecturas en diversos niveles. Por una parte nos lleva a imaginarnos ese Madrid un poco decadente en ese día de Corpus del 1670 y algo. La música nos remite a México, a la huasteca. Atemos los cabos sueltos: Convertir los elementos naturales: Fuego, Aire, Agua y Tierra en seres vivos nos remite a la cultura clásica griega. La conformación del Hombre es tripartita: Entendimiento, Albredrío y Hombre mismo. La vida es un sueño despeja nuestras dudas acerca de la tradición creacionista y constituye una experiencia profunda y penetrante que nos hace reflexionar sobre nuestra existencia.

Cerremos con un texto de Octavio Paz que funciona como profecía sobre el montaje de Claudio Valdés Kuri y su gran equipo de actores: Los razonamientos danzan, los argumentos se enroscan en una décima o se esculpen en un soneto, los silogismos giran sobre sí mismos zapateando una seguidilla. Artificios escénicos de la mente especulativa:… …la fantasía que proyecta sobre el escenario otro escenario mental… …Teatro de convenciones estrictas y de extraños artificios, estilizado como un ballet y riguroso como una cadena de deducciones. Conjunción de un espacio y de un tiempo…

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