La homeopatía y la vacunación imaginaria

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Acabo de leer una excelente definición de la homeopatía: “Es —escribe el británico Mark Crisp— el arte de no dar absolutamente nada y hacer creer que se está recibiendo algo”.

La definición alude al hecho de que los llamados medicamentos homeopáticos consisten en insignificantes cantidades de una sustancia que se diluye repetidamente tantas veces que finalmente terminan convertidos en pura agua, puro alcohol o pura azúcar y no queda en ellos la menor traza del material original. Y es muy bueno que así sea, añade Crisp refiriéndose a la forma en que se preparan los llamados nosodes o vacunas homeopáticas, también denominados bioterápicos, los cuales se elaboran a partir de material biológico tomado de un animal o una persona enferma, como saliva, pus, orina, sangre o tejidos enfermos.

Por Juan José Morales

Varios tipos de nosodes. Al decir de los homeópatas, “un nosode es un veneno potenciado que actúa como contraveneno ya que una excitación débil estimula el sistema inmunitario y la detoxificación”. Esa idea se basa en la afirmación de Paracelso, el célebre médico, astrólogo y alquimista del siglo XVI de que “cada veneno es su propio contraveneno. Solo la dosis decide”. Paracelso, dicho sea de paso, también afirmaba que el oro bebible o Aurum Potabile “cura todas las enfermedades, renueva y restaura”, y aseguraba haber creado un homúnculo, o sea un ser humano en miniatura.

Existe incluso un nosode antivarioloso, supuestamente preparado a partir de pústulas de un enfermo de viruela. Pero uno se pregunta de dónde se obtuvo la pústula en cuestión si la viruela fue erradicada en todo el mundo desde 1977, en el tercio de siglo transcurrido desde entonces no ha habido un solo enfermo en el mundo y las dos únicas cepas aún existentes del virus que la causa están guardadas bajo siete llaves en un laboratorio en Rusia y otro en Estados Unidos.

De los nosodes o bioterápicos, los homeópatas aseguran que tienen el mismo efecto preventivo que las auténticas vacunas, pero sin provocar reacciones adversas como a veces ocurre con las vacunas que ellos llaman “alopáticas”. Mal podría, sin embargo, provocar reacción alguna —positiva o negativa— un producto que no contiene nada.

Por otro lado, a diferencia de las vacunas reales, que usualmente se aplican en una sola dosis y son efectivas por largo tiempo, los nosodes deben administrarse una y otra vez a lo largo de meses o años, en repetidas dosis. Y las únicas referencias a su eficacia que pueden encontrarse en la literatura científica —dice Crisp— son un par de informes en oscuras revistas. De los dos, sólo uno indica cierto grado de efectividad. En cambio, hay informes de niños que enfermaron y murieron de poliomielitis después de haber sido “inmunizados” con nosodes.

Más todavía: en un estudio que Crips menciona, se analizó la concentración de anticuerpos contra la difteria, la polio y el tétanos en diez niños antes y después de recibir nosodes contra tales padecimientos. Resultado: no hubo ningún cambio significativo. Simplemente no tuvieron efecto observable alguno.

A esto, algunos homeópatas han respondido diciendo que los nosodes no se basan en la producción de anticuerpos sino que actúan “a un nivel más profundo”, aunque sin especificar cuál ese nivel ni cuál es el mecanismo de acción de tales compuestos.

Lo peligroso de todo esto, es que muchos padres que creen que las vacunas —las efectivas, las auténticas, las que ofrece la medicina— son peligrosas, optan por administrar nosodes a sus hijos en la creencia de que así los protegerán de futuras enfermedades. Y no faltan quienes digan muy satisfechos que la mejor prueba de que esos imaginarios remedios son efectivos, es que los niños que los reciben no enferman. En realidad no han recibido protección alguna. Lo que los salva de las enfermedades es, en todo caso, el hecho de que los demás niños con los que conviven sí son efectivamente vacunados y, al no enfermar, no contagian a nadie. Pero si llegara a generalizarse el rechazo a las vacunas y el uso de nosodes, esa protección de grupo desaparecería y reaparecerían las epidemias del pasado.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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