Jaguares contra tortugas marinas

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La península de Yucatán es una región de gran importancia para la anidación y reproducción de tortugas marinas, en particular la de carey, o Eretmochelys imbricata en la clasificación científica. Así lo señala un estudio publicado en el último número de la revista Biodiversitas. “Los tres estados de la península —subraya el trabajo— representan la unidad geográfica más extensa de anidación de esta especie en el Atlántico oeste y está clasificada entre las primeras diez a nivel mundial.”

Por Juan José Morales

Pero cuando las tortugas salen a las playas para anidar —no sólo la de carey, sino también la blanca, la caguama y la laúd o de cuero— se topan con un insospechado enemigo: el jaguar, del que en la península hay una nutrida población que representa la mitad del total de estos soberbios animales existentes en el país.

El jaguar, el mayor felino del continente americano, es lo bastante fuerte y ágil para atacar incluso a caimanes y cocodrilos, como puede verse en la imagen. Las tortugas marinas que salen a la playa a desovar, entonces, les resultan presa fácil ya que carecen de garras, colmillos y otras armas con las cuales defenderse. Por eso en la época de anidación los jaguares rondan por la playa en busca de esos quelonios.

La investigación, realizada por Eduardo Cuevas, Juan Carlos Faller, Abraham Angulo, María Andrade, Román Abraham Puc y Blanca González, se inició a partir del hallazgo de tortugas hembras muertas en playas de la Reserva de Sian Ka’an que mostraban lesiones a todas luces causadas por otro animal. Para identificar al o los culpables, se instalaron cámaras-trampa a lo largo de cinco kilómetros del litoral, y así, en 2011, se pudo registrar cinco ataques de jaguares a tortugas que habían salido a la playa a anidar. Dos de ellas eran de carey y las otras tres tortugas blancas. Todas presentaban heridas en el cuello y desprendimiento de cabeza.

Al año siguiente hubo en total 33 tortugas blancas atacadas y muertas en la misma zona; y en 2013 se registraron 14. En todos los casos, las fotografías revelaron que las tortugas habían sido atacadas por jaguares, e incluso se pudo identificar —mediante las manchas de la piel, que son características y únicas de cada jaguar— a los individuos que cometieron los ataques.

Explican los investigadores que “una de las principales estrategias del jaguar para cazar es esperar a sus presas cerca de los cuerpos de agua, pero en la época de lluvias suele ser particularmente difícil, ya que al haber una amplia disponibilidad de agua sus presas se abastecen por doquier y el felino tiene que invertir mayor energía y tiempo en buscar y cazar sus presas.” Y como la temporada de lluvias en Quintana Roo coindice con la de anidación de las tortugas marinas, al parecer los jaguares han encontrado en ellas una presa fácil de capturar, ya que son de lentos movimientos y se les puede encontrar fácilmente.

Por otro lado —agregan los autores del estudio— la protección dada a las tortugas marinas ha hecho que en los últimos años aumente el número de hembras que salen a desovar a las playas, incluso en sitios donde hasta hace una década eran muy escasas. Así, el jaguar ha tenido más alimento a su disposición.

Y así, también, se presenta la disyuntiva de proteger a las tortugas marinas de los ataques de jaguares, o permitir que ocurran. En cualquier caso, el fiel de la balanza se inclinaría en favor de una y en contra de otra de dos especies en peligro.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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