Los cenotes como cápsulas del tiempo

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Primero fue La Mujer de Naharon. A ella siguieron La Señora de Las Palmas, El joven de Chan Hol, El señor del Templo y ahora la joven Naia, cuyo hallazgo fue noticia destacada. Todos ellos son personajes surgidos del remoto pasado —o más bien de su tumba líquida en las profundidades de la tierra— y han arrojado nueva e inesperada luz sobre el poblamiento de la península de Yucatán.

Por Juan José Morales

Hablamos de los restos humanos de una antigüedad que oscila entre ocho mil y 10 600 años, descubiertos en los cenotes peninsulares, particularmente en la zona de Playa del Carmen en Quintana Roo. Bautizados con tales nombres por los sitios en que se hallaron, esos vestigios óseos se mantienen en extraordinariamente buenas condiciones de conservación, a tal grado que, según relata uno de los exploradores que participaron en los descubrimientos, en un caso por lo menos se encontraron, intactos, hasta los minúsculos huesecillos del oído.

Con base en su esqueleto, los antropólogos pudieron hacer esta reconstrucción de La Señora de Las Palmas, que vivió hace unos 13 mil años en lo que ahora es la costa de Quintana Roo. Robusta, de 1.52 de estatura y 58 kilos, de entre 44 y 50 años. Físicamente era muy diferente a las demás personas de su tiempo y el grupo humano al que pertenecía probablemente provino de Indonesia.

El Dr. Christopher M. Götz, paleontólogo de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán, explica que por ser la península una formación calcárea relativamente reciente, hay muy poco suelo —esto es, material fértil de origen orgánico— en la superficie, y debido a la permeabilidad de la roca caliza, se fue creando una amplia red de drenaje subterráneo que ha formado cuevas y cenotes.

Y añade que “la poca profundidad del suelo, además de su composición relativamente ácida, no ha permitido que se conservaran fósiles en la superficie. En cambio, las cavernas, tanto secas como inundadas, han podido conservar sustanciosas cantidades esqueléticas de paleofauna en un ambiente de temperaturas y condiciones de humedad constantes, protegiéndolos así de las adversidades climáticas y de erosión geológica prevalentes en la superficie.”

Esa es, pues, la razón por la cual los cenotes del Mayab han sido una especie de cápsulas del tiempo en las cuales pudieron conservarse excepcionalmente bien esos restos de los primeros pobladores de la región. De hecho, los antropólogos consideran que tales formaciones naturales son los mejores sitios para determinar con mayor precisión la procedencia de lo que se denomina la población paleoamericana. Es decir, los grupos humanos anteriores a los olmecas, los mayas, los incas y otros.

El estudio de los restos encontrados en los cenotes permite suponer que hubo varias oleadas de población, de individuos diferentes fisionómicamente entre sí, que llegaron al continente americano desde diversas regiones del continente asiático, incluso de Indonesia, y que fueron evolucionando para dar origen a los distintos grupos indígenas.

No sabemos qué otras sorpresas nos deparan los cenotes, pero sin duda hay que esperar muchas más.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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