La sangre y el secreto de la eterna juventud #Charlatanería

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La noticia, difundida por la agencia Associated Press a principios de mayo, en el sentido de que científicos de la universidad norteamericana de California lograron rejuvenecer mentalmente a ratones de laboratorio transfundiéndoles sangre de animales más jóvenes, no es tan nueva como podría pensarse. De hecho en octubre de 2012, se informó de un experimento prácticamente idéntico, pero realizado por investigadores de la Universidad de Stanford, también en Estados Unidos.

Por Juan José Morales

En ambos casos, lo que se logró —según las conclusiones de los autores del estudio— fue estimular el crecimiento de nuevas células en el cerebro de los ratones viejos que recibieron sangre o plasma sanguíneo de sus congéneres jóvenes. Igualmente, en los dos casos se observó un mejoramiento en su capacidad de memoria y de razonamiento. De ello puede concluirse que el procedimiento permitió revertir, al menos parcialmente, el envejecimiento cerebral. Pero, desde luego, eso no significa necesariamente que lo mismo ocurrirá en el ser humano o en cualquier otro mamífero. Mucho menos que —como en algunos periódicos llegó a decirse grandilocuentemente— ese sea el secreto de la eterna juventud.

Papa Inocencio VIII. Pasó a la historia tanto por haber iniciado la persecución y quema de infelices mujeres acusadas de brujería, como por haber intentado la primera transfusión de sangre —aunque por vía oral— para tratar de recuperar la salud y el vigor físico.

Se corre, sin embargo, el peligro de que surjan charlatanes que manejen tan apresurada y descabellada conclusión y empiecen a timar gente ofreciendo, abierta o clandestinamente, transfusiones sanguíneas “rejuvenecedoras”. Después de todo, a lo largo de la historia ha habido casos de esa naturaleza.

El vampirismo, por ejemplo, tuvo su origen en la idea de que beber sangre humana podría prolongar indefinidamente la vida al renovar la energía vital de quien la tomaba.

Y hubo por ahí un famoso caso, el de Erzsébet Báthory, una aristócrata húngara de fines del siglo XVI y principios del XVII hoy conocida como “La Condesa Sangrienta”, pues se afirma que, siguiendo los consejos de un alquimista que le recomendó bañarse en sangre de personas jóvenes como un tratamiento revitalizador y rejuvenecedor, ordenó decenas o cientos de asesinatos de niñas y adolescentes con tal propósito. Aquello finalmente le costó ser procesada por sus enemigos políticos, que aprovecharon la ocasión para adueñarse de sus propiedades y riquezas después de condenarla a permanecer el resto de su vida en una celda tapiada, con sólo un ventanillo para introducir sus alimentos.

Otro caso célebre de intento de curación y rejuvenecimiento, pero mediante una rudimentaria transfusión de sangre, fue el del papa Inocencio VIII, un pontífice de negro historial recordado por su famosa bula Summis desiderantes affectibus, de 1484, en la cual afirmaba que la brujería era real, y con base en ella ordenó la primera gran cacería de infelices mujeres acusadas de brujas. Fue también con base en esa bula que los dominicos escribieron la obra Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas), que les sirvió para encarcelar, torturar, matar y despojar de sus bienes a supuestas hechiceras.

Pues bien, cuando Inocencio VIII se hallaba en cama, viejo y enfermo de hidropesía, un médico ordenó aplicarle sangre de niños para devolverle el vigor y la salud. Para tal fin se consiguió a tres saludables pequeños, a cuyas familias se ofreció un ducado de oro —una fortuna en aquel entonces— a cambio de donar su sangre para que el papa la bebiera, pues no se conocía la circulación sanguínea. Sobra decir que el tratamiento resultó inútil y que los tres infelices infantes —a quienes al parecer se les cortó la carótida, una arteria del cuello— murieron por una hemorragia incontrolable.

Ya veremos si en nuestros días no aparece por ahí algún demente o algún ricachón ignorante que trate de mantenerse siempre joven con sangre humana.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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