Atención: a cuidarse que viene El Niño

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Hace algunos años, solamente los especialistas se preocupaban por El Niño, y sobre él se escribía casi exclusivamente en las revistas de geofísica y ciencias afines. Pero ahora es usual encontrar en la información cotidiana, para el gran público, menciones a ese fenómeno, que consiste en la irrupción de una gran masa de aguas cálidas en el Pacífico oriental, frente a las costas de Sudamérica, una región donde usualmente el mar es bastante frío. Ello se debe a que se debilitan los vientos alisios, que soplan de manera constante de este a oeste e impulsan las aguas cálidas del Pacífico hacia el occidente. Al atenuarse el viento, el agua cálida se desplaza hacia el este, hasta las costas de Sudamérica. Ese cambio en la temperatura del océano igualmente altera la circulación atmosférica y modifica el régimen usual de lluvias, no sólo en Sudamérica, sino también en otras regiones del mundo muy distantes.

Por Juan José Morales

Así llamado por los pescadores peruanos en alusión a El Niño Jesús porque por lo general —aunque no necesariamente— se presenta en la época de Navidad, El Niño ha resultado ser uno de los más importantes motores del clima y el tiempo a nivel global. Por eso meteorólogos y climatólogos están atentos a él. Y, de acuerdo con un pronóstico del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional de la Atmósfera y el Océano (NOAA) de Estados Unidos, hay grandes probabilidades de que se presente con cierta intensidad en los próximos meses, y a consecuencia de ello podrá haber fenómenos severos —tormentas, fuertes lluvias, sequías, incendios forestales e inundaciones entre otros— y hacer que se reanude el proceso de calentamiento global, que durante los últimos 15 años se ha mantenido en una especie de estancamiento.

Las áreas azules indican aguas frías. Las rojas, aguas cálidas En ocasiones, como aquí se ve, frente a las costas de Sudamérica en el Pacífico se forma una acumulación de agua cálida, aunque usualmente ahí su temperatura es muy baja debido a la fría corriente de Humboldt. Cuando se dan estas condiciones se desata el fenómeno de El Niño.

Conforme a las previsiones de los geofísicos de la NOAA, hay casi un 60% de probabilidades de que El Niño se deje sentir dentro de los próximos tres meses, y para principios de otoño, las probabilidades habrán aumentado a 78%.

La última vez que hubo un Niño de gran intensidad fue hace 17 años, en 1997-78, y sus efectos fueron muy serios. En México, por ejemplo, la intensa sequía propició más de 7 500 incendios forestales que arrasaron 140 mil hectáreas y dejaron 42 muertos. Otros casos de Meganiños, como también se les ha denominado, fueron en 1982-83 —cuando también hubo una grave sequía en México y Centroamérica— y 1925. Esos Niños de gran magnitud, además de pérdidas en las cosechas y daños causados por inundaciones y tormentas, han ocasionado epidemias de dengue y otras enfermedades transmitidas por insectos.

Los pronósticos se basan en observaciones con satélite, que muestran una diferencia de nivel de 20 centímetros entre el Pacífico oriental y el occidental, donde es más alto. Es en esta última región, en las cercanías de Asia, donde normalmente se acumula agua cálida. Pero —añaden los científicos—, ya se observa un debilitamiento de los vientos que la empujan hacia allá, y ha comenzado a moverse en sentido opuesto, hacia el continente americano. De hecho, ya en las aguas cercanas a Perú se registra un gradual incremento de la temperatura.

Si bien los científicos consideran casi un hecho que se presentará El Niño, consideran también prematuro hacer vaticinios sobre su intensidad y consecuencias. Habrá que esperar al menos un par de meses para tener nuevos datos y poder afinar las previsiones. Quizá sea un Niño normal, pero no se descarta la posibilidad de que resulte un Meganiño, con su secuela de lluvias torrenciales en unos lugares, sequías en otros, inviernos relativamente cálidos en ciertas zonas, frío polar en otras, y así por el estilo.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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