Humo: un riesgo común entre Mongolia y nuestras mujeres indígenas

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Mongolia está al otro lado del mundo, muy lejos de México, y su cultura de pastores nómadas es muy diferente a la de nuestros campesinos milperos. Pero entre las mujeres mongolas y las mujeres mexicanas de las diferentes etnias indígenas, hay un elemento común: los daños en su salud debidos a la contaminación en el interior de sus hogares. En el primer caso, por el humo de carbón de las estufas usadas para calentar la yurta, la vivienda desmontable, sobre todo durante la noche, cuando la temperatura desciende mucho. En el caso de nuestras coterráneas, por el humo de la leña empleada en el fogón para cocinar. Pero, sea cual sea el combustible y su uso, el resultado es el mismo: el humo causa daño a quienes lo aspiran.

Por Juan José Morales

Esta es la yurta, la vivienda desarmable de los pastores mongoles. En el interior hay una estufa para calentar el interior y cocinar los alimentos. Si bien tiene chimenea —que sobresale del techo—parte del humo queda atrapado en la casa y afecta la salud de sus moradores.

Un reciente estudio realizado por investigadores norteamericanos y mongoles en la capital de Mongolia, Ulaanbaatar —o Ulan Bator, como se le llama en español—, reveló una clara correlación entre la contaminación ambiental y la incidencia de abortos en diferentes épocas del año. Aquí cabe subrayar que la capital mongola es una de las más contaminadas del mundo, aunque se encuentra en una gran planicie batida por los vientos y no cuenta con industrias que emitan humo y gases. El problema proviene de las estufas caseras.

Pues bien, el estudio mostró que si bien en promedio el índice de abortos espontáneos respecto a los partos es sensiblemente similar al de los países occidentales, en ciertas épocas del año aumentan en forma considerable. Mientras en mayo de 2011 hubo 23 abortos espontáneos por cada mil nacidos vivos, en diciembre del mismo año el número se disparó a 73, o sea casi el triple. En ese lapso, el único factor que se modificó fue la contaminación ambiental, ya que en invierno —que en aquella región es especialmente severo— se quema en las yurtas mucho más carbón para mantenerlas calientes que en los meses primaverales. Obviamente, el humo que se acumula en la vivienda afecta sobre todo a quienes más tiempo permanecen en ella, o sea las mujeres y los niños.

Y por lo que toca a la contaminación doméstica y nuestras mujeres indígenas, en nuestra columna del 12 de marzo de 2012 comentábamos que ellas y sus hijos se ven particularmente expuestas al humo de los fogones de leña, ya que pasan bastante tiempo junto a ellos cocinando y elaborando tortillas, y usualmente están acompañadas de sus hijos pequeños.

Decíamos también en aquella ocasión que la exposición repetida al humo de los fogones puede causar, entre otros daños, padecimientos bronquiales y pulmonares, cáncer, cataratas y problemas cardiovasculares, sin contar el riesgo de quemaduras, y que según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren en el mundo dos millones de personas debido a enfermedades ocasionadas por el humo de las cocinas. Esa cantidad supera a las muertes debidas al paludismo.

Es, como se ve, un problema generalizado en muchas naciones. De hecho, todavía más del 40% de la población mundial —tres mil millones de personas— depende de la leña . Y la solución, como también señalábamos en nuestro comentario de aquella ocasión, parece ser la introducción de estufas ahorradoras de leña, que produzcan más calor con menos leña y emitan menor cantidad de humo.

Existen ya diversos modelos, diseñados por centros de investigación científica, organizaciones no gubernamentales, universidades y otras instituciones, pero en México los pocos programas que han puesto en marcha los gobiernos para fabricarlas masivamente y distribuirlas, han naufragado en el mar de la burocracia y la corrupción.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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