Amputaciones de pene y carreras sobre agua

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En esta época en que no puede uno sintonizar la radio y la televisión o abrir un periódico sin ser abrumado con deprimentes noticias sobre aumento de la inseguridad, la carestía, la inflación, el desempleo, la corrupción y otros males, a veces hace falta un poco de humor para sobrellevar la situación y tener algún motivo para sonreír, así sea por unos instantes. Por eso hoy hablaremos de los premios Ig Nobel, unos peculiares galardones que cierta revista científica norteamericana otorga anualmente a aquellas investigaciones que juzga cómicas, inútiles, extrañas o desconcertantes.

Por Juan José Morales

Un tolok en plena carrera sobre el agua. De acuerdo con una investigación a la que se le otorgó uno de los premios Ig Nobel, un ser humano podría realizar semejante proeza en ciertas circunstancias específicas.

Así, entre los premios Ig Nobel del año pasado, destaca —en la categoría de Salud Pública— el que fue concedido a un grupo de cirujanos tailandeses por la técnica que desarrollaron para hacer frente a una epidemia de… amputaciones de pene, y otro a alguien que demostró matemáticamente la posibilidad de que un ser humano corra sobre el agua.

Los cirujanos —Kasian Bhanganada, Tu Chayavatana, Chumporn Pongnumkul, Anunt Tonmukayakul, Piyasakol Sakolsatayadorn, Krit Komaratal y Henry Wilde— explican en la introducción al informe sobre su método, que en Tailandia se había desatado una verdadera epidemia de amputaciones de pene, cometidas usualmente contra maridos infieles por sus indignadas esposas. La oleada de mutilaciones aparentemente se vio estimulada por la amplia y detallada cobertura que de los distintos casos se daba en la prensa, lo cual inducía a más mujeres a hacer tal cosa. Ante tal situación, los médicos en cuestión perfeccionaron un procedimiento de reanastomosis para implantar de nuevo en el sitio correspondiente el fragmento de órgano viril separado del cuerpo de su propietario. Lo importante de su método —del cual enlistan 18 casos en que se utilizó con muy satisfactorios resultados— es su sencillez, lo cual permite que sea practicado por un cirujano general en cualquier hospital. Advierten los autores, sin embargo, que si bien la técnica se recomienda para las amputaciones cometidas en la forma usual por coléricas esposas —o sea de un tajo con navaja o cuchillo—, no pudo ser empleada en un caso en que la mutilación fue obra de un pato, que la ejecutó a picotazos, aunque no dan detalles de las circunstancias en que ocurrió el incidente.

El otro premio Ig Nobel mencionado puede resultar de interés a quienes vivimos en la península de Yucatán, pues se refiere a una gran iguana que por nombre científico lleva el de Basiliscus vittatus y popularmente se conoce como tolok, basilisco, pasarríos o lagarto de Cristo. Estos dos últimos nombres comunes se deben a que el animal en cuestión tiene la capacidad de correr sobre la superficie del agua.

Pues bien, el premio se concedió a cuatro investigadores italianos y uno ruso —Alberto Minetti, Germana Cappellini, Nadia Dominici, Francesco Lacquaniti y Yuri Ivanenko— por haber demostrado, mediante un modelo hidrodinámico de la manera en que el Basiliscus vittatus se desplaza sobre el agua, que un ser humano podría también hacer tal cosa, no obstante la enorme diferencia en peso, tamaño corporal y morfología. El modelo demostró que un hombre calzado con aletas rígidas relativamente pequeñas podría moverse sobre el agua en forma similar a como lo hace ese reptil, manteniendo la cabeza y el tronco a una altura constante y moviendo las extremidades inferiores cierto número de veces por minuto.

Subrayan los autores del estudio que esta hazaña —caminar, o más bien correr velozmente sobre el agua— es perfectamente factible a condición sólo de que se realice en la Luna o en algún otro cuerpo celeste donde la gravedad sea un sexto de la terrestre o menor.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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