Los grandes muertos toman por asalto el Teatro Juan Ruiz de Alarcón

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Los grandes muertos es un proyecto narrativo de Luisa Josefina Hernández.

La autora aborda la historia de su familia durante el siglo XIX, resaltando la vida de las mujeres fuertes, inteligentes, atractivas e independientes de su dinastía. La obra está compuesta por 11 piezas teatrales, de las que se escenifican 6: El galán de ultramar, La amante, Fermento y Sueño, Tres perros y un gato, La sota y Los médicos en una brevísima temporada (del 2 al 13 de abril) en el Teatro Juan Ruíz de Alarcón del Centro Cultural Universitario. La dirección es de José Caballero y los actores son de la Compañía Nacional de Teatro.

Por Guillermo Velasco Tapia

En casi cada función se presentan 2 capítulos de la obra. Hablemos pues de La sota y Los médicos.

En La sota, ubicada en el año 1894, la protagonista es Sofía Fierro de Lugo y Santander, una de las hijas menores del clan de los Santander. Tiene 21 años y acaba de regresar de Europa. Su viaje fue para tratar de curar su locura, provocada por una necesidad de acercamiento a Dios. Sofía piensa que puede lograrlo si se convierte en santa y que el camino de la santidad es el sufrimiento y el sacrificio. Se instala en la casa familiar en Campeche, donde sólo viven mujeres. La comunicación con sus parientes es casi nula. Sofía se relaciona con el mundo por medio de su amigo mulato Gabriel Camden Palomo.

 

No se trata solo de la historia de una chica blanca de sociedad, sino que el texto nos introduce al mundo de las clases sociales, el racismo y la discriminación en general y del menosprecio de la mujer en la sociedad campechana del siglo XIX, elementos decisivos en los destinos de la gente de la época. Así tenemos que Romana nunca se pudo casar por su peculiar situación social. Es una mujer de sangre indígena, media hermana de Sofía e Irene, con suficientes recursos económicos. Su parte india la descalifica para poder ser esposa de un hombre blanco, decente y de buena posición, mientras sus recursos económicos y su estatus social imposibilitan una unión con alguien de su misma raza.

El desenlace resulta inesperado para todos, menos para Sofía, quien cree encontrar el camino hacia la santidad. La obra está llena de situaciones fuertes y difíciles que bien podrían desencadenar una tragedia. Pero el tono en el que está escrita y contada es otro. Con una visión optimista de la vida, al final todo se arregla. Resultando una pieza divertida, mordaz y encantadora.

Juzgando por la lluvia de aplausos, el público disfrutó mucho esta representación, se identificó y vio reflejado en ella. Lo que demuestra la vigencia de las situaciones planteadas.

La dirección de José Caballero es brillante. Consigue crear ese algo intangible y maravilloso que conmueve a la audiencia, que trasmite toda la belleza de un gran texto a los espectadores. Aprovechando muy bien a los excelentes actores de la Compañía Nacional de Teatro, que por muchos años han demostrado su alto nivel.

Hay abundar sobre la dirección de escena diciendo que muchas veces una gran obra en la que participan actores consagrados no llega a cuajar y no provoca emociones desbordadas como fue en este caso. En fin, el resultado fue un espectáculo magnífico, emocionante y lleno de belleza.

La escenografía es sencilla y funcional. Consiste en una serie de arcadas (móviles), como las que hay en los portales de las ciudades coloniales, en este caso Campeche. Por medio de ellos se crean los distintos espacios donde interactúan los personajes. Muchas veces tenemos que espiar entre ellos la acción. En estas dos piezas el vestuario está muy ad hoc, de inmediato nos remite a los trajes tradicionales de México y del siglo XIX, además es elegante y ayuda a realzar el espléndido montaje.

Después de 10 minutos de receso, empezó Los Médicos. Han pasado 8 años, ahora estamos en 1902. El primer dilema es el de Irene Fierro de Lugo, hermana menor de Sofía. Irene ha llegado a edad casadera y tiene como pretendiente a un doctor que, a primera vista y según los parámetros de la jerarquía social cumple con todos los requisitos de un excelente partido. Pero no todo es miel sobre hojuelas, el doctor Pedro Ballesteros nos muestra rápidamente que es un hombre atrabiliario que sufre constantes ataques de ira.

La segunda vertiente de la historia es la relación de amor libre que sostiene Agustina Santander de Brito con el Dr. Heredia. Todo va bien entre ellos y cada vez se llevan mejor. Hasta que un día, mientras platican, el doctor confiesa la admiración que siente por la inteligencia de Agustina. Esto no era lo que ella esperaba y su enojo es tal que los encuentros amorosos quedan suspendidos por semanas.

La tercera veta de la historia es la del matrimonio de Sofía con el repugnante doctor  Manuel Escobedo. Después de 8 años, dos hijos y al menos un aborto, Sofía nuevamente espera bebé, embarazo que puede llevarla a la muerte por su quebrantada salud y el malintencionado descuido de su esposo.

La solución de las tres historias se da gracias a la fortaleza, la inteligencia y el carácter de estas mujeres, que se ayudan mutuamente para salir adelante.

Un fenómeno, poco frecuente, ocurrió durante la representación de Los médicos. El público completamente identificado con los personajes y situaciones. Conquistados por Agustina, Irene, Sofía, Romana, el doctor Damián Heredia y hasta por la carismática y cautivadora narradora, celebraban cada diálogo y cada acción de los personajes con risas, con expresiones de acuerdo y apoyo y hasta con aplausos. Al terminar la función los actores recibieron una ovación cerrada y con la gente de pie durante un buen rato.

Simplemente estas dos piezas: La sota y Los médicos fueron un éxito. Luisa Josefina Hernández es una escritora enorme, José Caballero y su equipo son superiores y los actores de La Compañía Nacional excelsos e inigualables.

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