Santa María la Ribera, la primera colonia de la Ciudad de México

0

En 1859 los ranchos de Santa María, De la Teja y Los cuartos, propiedad de los hermanos Flores, fueron fraccionados para convertirse en la primera colonia de la Ciudad de México destinada a albergar a la naciente clase media; su registro como tal aparece en los planos de la Ciudad de México de 1861.

Santa María la Ribera, con sus emblemáticos edificios como los museos de Geología y El Chopo, la Fundación Matías Romero, la Casa de Mascarones y su alameda con el kiosco morisco, son algunas de las construcciones que aún preservan el estilo sobrio de una colonia que alojó a grandes artistas e intelectuales en las primeras décadas del siglo XX.

La historia de la fundación de la colonia, cómo nació, los primeros habitantes, su evolución y desarrollo durante el porfiriato, su transformación paulatina son algunos de los temas que la arquitecta Berta Esperanza Tello Peón abordó en conferencia el pasado 19 de marzo en el Palacio de Bellas Artes. La charla es parte del ciclo “Arquitectura: memoria y futuro” que organiza la dirección de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble, y cuya entrada es gratuita.

Santa María la Ribera fue el primer fraccionamiento de la Ciudad de México, afirma Tello Peón, aunque hay quienes dicen que la primera fue la colonia de los Arquitectos, que más tarde pasó a formar parte de la San Rafael; en realidad se trataba de un grupo humano que decidió reunirse en un mismo lugar. Pero con planos, límites, trazado de calles, pavimentación, alumbrado, agua, y bastante publicidad que invitaba a vivir en “los aires del campo”, Santa María la Ribera fue la primera colonia que contó con todos los servicios propios de un fraccionamiento, como mercado, escuela y parque públicos, sin faltar su iglesia.

El momento en que se decidió fraccionar los ranchos coincide con el surgimiento de comercios, instituciones públicas y bancarias, casas editoras de revistas y periódicos, toda clase de despachos de contadores y abogados en el primer cuadro de la ciudad, cuyos empleados, en su mayoría, viven en la colonia Santa María la Ribera. Los terrenos de la colonia son bastante grandes para la construcción de edificios de departamentos, casas-habitación y hasta permiten la apertura de fábricas pequeñas como “La cubana” de dulces y chocolates o la de cera, así como otros negocios familiares.

La Calzada de la Verónica (conocida hoy como circuito interior), Insurgentes norte, Nonoalco (que data de tiempos prehispánicos), la calzada de Santa María la Ribera (avenida México-Tacuba), son arterias muy importantes que ya existían y delimitan la colonia, lo que contribuyó a que la zona se encuentre perfectamente comunicada.

Aún de pie y en perfecto estado se mantiene el Museo de Geología –que primero fue Instituto y Museo–, el cual tiene la virtud de que fue construido para ser Museo de Geología, es decir, no es un espacio adaptado: tiene sus vitrinas propias y originales, así como sus puertas.

El Museo del Chopo es la muestra de la modernidad tecnológica de la época en la que se construyó. “Que vivas en una colonia en pleno desarrollo y llegue la edificación de la modernidad es como avalar su importancia”. Es un edificio muy importante, todo de hierro; fue salón de exhibiciones, pabellón japonés, después Museo de Historia Natural, hasta lo que es ahora: un espacio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con actividades culturales que recibe no solo a los habitantes de la colonia, sino a todos los interesados en visitarlo.

La Fundación Matías Romero también nació con la colonia y continúa funcionando perfectamente. “Esta se adelantó como cien años a las casas de retiro que existen en la actualidad.”

El mercado de la Dalia, con modificaciones pero aún centro de abastecimiento; la iglesia de la Sagrada Familia, de padres josefinos, con su aspecto un poco árabe; la iglesia del Espíritu Santo, y la Alameda –donde sigue tocando la banda de la escuela, aunque ya quitaron las bancas y ahora se sienta uno en unos rodapiés de piedra– y su kiosco son emblemas de la Santa María la Ribera.

“El kiosco llegó en 1910, cuando erigieron el Hemiciclo a Juárez, y es lo que más define a la colonia, aunque en un principio no lo querían. Ha tenido varias restauraciones. La última fue hace como tres años cuando le cambiaron el piso.”

Entre los cambios que ha sufrido la colonia, “el primero es de la gente que falleció y los hijos vendieron para que se construyeran edificios. El más trágico fue la construcción del Eje 1 Norte, Alzate, que partió la colonia en dos”, comentó la arquitecta.

Sin embargo, lo que considera peor, es la gente nueva que ha llegado a la zona, por lo que se ha incrementado el número de vehículos y el tráfico, pero, “sobre todo, ha dejado de existir la comunidad, la tradicional reunión y unión de vecinos para dar paso a la individualidad.”

La arquitecta Tello realizó su tesis de licenciatura sobre la Santa María la Ribera: “Recorrí calle por calle, casa por casa, me contaron historias y me dejaron tomar fotos. Ahora sufro mucho cada vez que veo desaparecer una vieja construcción.”

Su trabajo también fue publicado por Editorial Clío. Sin embargo, ya no se encuentra por ninguna parte. En él aparecen muchas construcciones que ya han desaparecido, por lo que considera que es una memoria de la colonia que valdría la pena volver a editar.

Berta Esperanza Tello Peón nació en la Ciudad de México. Es arquitecta egresada de la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM donde realizó sus estudios de licenciatura de 1974 a 1979. Obtuvo la Medalla Gabino Barreda al mejor promedio de la licenciatura. Su tesis, Estudio de arquitectura habitacional en la colonia Santa María la Ribera, Ciudad de México: 1870-1920, obtuvo el Premio Francisco de la Maza del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en el área de conservación del patrimonio, a la mejor tesis de licenciatura.

En 1981 ingresó como técnico académico al Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. A partir de 1989 se incorporó como investigadora a la Facultad de Arquitectura de la UNAM, donde actualmente es investigadora titular A de tiempo completo.

En 1994 obtuvo la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos. En 1997 concluyó los créditos de maestría en arquitectura, opción diseño arquitectónico, en la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

Fue coordinadora del Centro de Investigaciones en Arquitectura y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la UNAM de abril de 1997 a junio del 2000, y lo es también, desde 1995, de la actual Coordinación de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Paisaje.

Su línea de investigación es la historia de la arquitectura y vida cotidiana en el siglo XIX y el porfiriato, temas en los que ha desarrollado diversas investigaciones como Arquitectura del porfiriato y La Academia Mexicana de la Lengua en la casa de Liverpool 76, ya publicadas, y la más reciente, Arquitectura de hierro en México, próxima a publicarse.

Con información del INBA

Expresa tus ideas

Quieres tener tu propia personalidad?...
consigue tu gravatar!