El clima y las travesuras de El Niño

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De acuerdo con ciertos pronósticos a largo plazo, este año será, a nivel mundial, uno de los más calurosos desde que se tienen registros meteorológicos, y tal vez el más caluroso de todos, y es posible que la ola cálida se prolongue hasta 2015.

Los científicos alemanes autores de este vaticinio —Armin Bunde y Justus Liebig, de la Universidad de Giessen— se basan en que, según sus previsiones, este año se manifestará con especial intensidad el fenómeno conocido como El Niño, una irrupción de grandes masas de aguas cálidas en el Pacífico, frente a las costas de Perú, donde normalmente la temperatura del océano es muy baja. Cada vez que eso ocurre, se alteran los patrones meteorológicos debido a que la energía térmica del océano se transmite a la atmósfera y caen lluvias torrenciales en Sudamérica —principalmente en la zona de Perú y Ecuador—, en tanto que hay sequía del otro lado del Pacífico, en Indonesia y Australia. Pero El Niño no se limita a esas regiones, sino que repercute también en otras partes del mundo y sus efectos usualmente se extienden a lo largo de un par de años.

La imagen, elaborada con datos de satélites meteorológicos, muestra en falsos colores las diferencias de temperatura en distintas regiones del océano en la época de El Niño. Las zonas rojas corresponden a las más cálidas. Como puede verse, frente a Perú y Ecuador en Sudamérica hay una gran masa de agua cálida que al transmitir su energía térmica a la atmósfera detona ese fenómeno.

Prever cuándo El Niño será de gran intensidad, resulta difícil. De hecho se presenta con mucha irregularidad. Pero los investigadores australianos creen haber encontrado una correlación entre las temperaturas del aire imperantes en la zona ecuatorial respecto a las del resto del Pacífico, que indica la posibilidad de que tal cosa ocurra. Y, según sus cálculos, las probabilidades de que este año El Niño sea muy intenso son del 75%.

El caso más reciente de un Niño severo se registró en 1997-98, y sus efectos se dejaron sentir en una vasta región del mundo. En Sudamérica hubo inundaciones, en México tuvimos fuerte sequía, en Canadá hubo grandes tormentas de nieve, en el Pacífico occidental se registraron violentos tifones, y así por el estilo.

Desde luego, no todos los expertos comparten esa opinión. Hay quienes critican el trabajo de los científicos australianos diciendo que se basa en información incompleta y en modelos matemáticos discutibles. Y, en general, se considera que cualquier pronóstico sobre la intensidad de El Niño resulta en extremo difícil y es preferible ser muy cautelosos.

Aquí cabe señalar que la mayor o menor intensidad de El Niño no está directamente ligado al cambio climático y el calentamiento global. Ese fenómeno ha venido ocurriendo durante siglos y depende de las corrientes oceánicas. Pero sí podría acentuar o atenuar ciertos efectos del cambio climático, como los cambios en la distribución de la precipitación pluvial.

Y, desde luego —como ya se ha visto en ocasiones anteriores—, en general un Niño severo repercute sobre el clima de vastas regiones y puede afectar de manera importante a la agricultura. En América Latina, donde buena parte de los cultivos son de temporal, las cosechas pueden, como sucedió en 1997, disminuir entre un 15 y un 20 por ciento si El Niño es intenso.

En fin, ahí está el pronóstico. Para saber si es correcto, habrá que esperar hasta abril, mayo o junio, que es cuando ya se manifiesta claramente el cambio en las condiciones del océano frente a Sudamérica que indica el inicio e intensidad del fenómeno. Pero no estaría de más tomar medidas preventivas por si el infante nos juega alguna travesura. Después de todo, bastante mal anda la agricultura mexicana gracias a las políticas neoliberales como para dejarla totalmente expuesta a los caprichos de la naturaleza.

Juan José Morales

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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