Tabaquismo… Una mortífera pero ignorada epidemia

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México está siendo azotado por una epidemia que ocasiona más de 65 mil muertes por año —180 diariamente— y cada vez cobra más vidas, pero a la cual mucha gente parece no prestar importancia o, peor aún, contribuye a agravarla.

Por Juan José Morales

Esa epidemia ignorada es el tabaquismo. Ciertamente, no faltarán quienes consideren exagerado tildarlo de epidemia. Sin embargo, en sentido estricto puede decirse que lo es, afirma el Dr. Juan W. Zinser, médico del Instituto Nacional de Cancerología y presidente del Consejo Mexicano Contra el Tabaquismo, en un artículo publicado en la revista Ciencia, de la Academia Mexicana de Ciencias.

Los pulmones de una de las víctimas de esta epidemia (derecha) comparados con los una persona sana. Son reales y fueron presentados en España en una exhibición sobre los peligros del tabaco en 2007.

Las epidemias —explica—, se caracterizan por tener un vector que las transmite. En el caso del paludismo, por ejemplo, el vector es un mosquito; en la tifoidea, el agua contaminada. En el tabaquismo el vector es la industria tabacalera, que hace llegar los cigarros a todos los rincones del mundo. Y que además, podríamos agregar, estimula su consumo por muchos y muy diversos medios.

Así se propaga ese mal que ya actualmente —prosigue el Dr. Zinser— causa cinco millones de fallecimientos en todo el mundo. Para 2025, se estima que la cifra ascenderá al doble. Esto es, diez millones, de los cuales siete millones en los países del Tercer Mundo, que es donde —como señalábamos en estas páginas hace poco más de un año—, las compañías tabacaleras han incrementado su publicidad y sus ventas para compensar la pérdida de ingresos en las naciones más ricas y desarrolladas, donde la presión de la opinión pública ha obligado a los gobiernos a combatir el tabaquismo.

En este excelente artículo, que recomendamos enfáticamente a nuestros lectores —se puede consultar en Internet en el portal de la Academia Mexicana de Ciencias, donde encontrarán la revista Ciencia—, el autor hace hincapié en que fumar, más que un hábito, es una verdadera adicción ocasionada por la nicotina, y pasa revista a los daños a la salud que provoca.

En primer lugar, cánceres. Y si usamos el plural es porque no causa sólo cáncer pulmonar como usualmente se piensa, sino también otros muchos, ya que los compuestos cancerígenos del tabaco se difunden por el organismo a través de la sangre. Los otros tipo de cáncer asociados al tabaquismo, dice el Dr. Zinser, son de la cavidad oral, labios, garganta, esófago, páncreas, estómago, hígado, colon, vejiga, riñón y cervicouterino, leucemias y linfomas diversos.

Además, los carcinógenos del humo alteran el ADN y ello “explica la gran susceptibilidad de los niños, y mayor aun, la de los bebés en gestación, lo que permite entender el incremento en algunos tipos de cáncer en la niñez y adolescencia en hijos de mujeres que, sin ser fumadoras, estaban casadas con fumadores durante el embarazo”.

Desde luego, también el tabaco provoca trastornos cardiovasculares. Esto se debe a que el humo reduce la oxigenación de la sangre y facilita la agregación de las plaquetas —esas pequeñas células de la sangre que al unirse provocan la coagulación— y por lo tanto propicia la formación de trombos o coágulos que pueden bloquear el flujo sanguíneo. “El tabaco —subraya el autor— es la causa del 60% de los aneurismas de la aorta, y en menores de 65 años responsable de más de la cuarta parte de los infartos al corazón.”

Por si lo anterior —que es sólo un recuento parcial de daños— fuera poco, uno de los efectos más notables del tabaquismo es el envejecimiento precoz, que resulta evidente en las arrugas faciales características del fumador.

Y lo más grave es que quien fuma no sólo se daña a sí mismo, sino a los demás. Los estudios han demostrado que el 5% de las muertes debidas al tabaquismo, o sea 200 mil por año, se presentan en fumadores pasivos, o sea personas que no fuman pero están expuestas al humo de los fumadores. Las medidas para proteger a los no fumadores del humo ambiental —explica el Dr. Zinser— no derivan de una moda o de una actitud intolerante: el humo del tabaco es uno de los contaminantes más peligrosos que existen, más peligroso aún que las emisiones de los automóviles.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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