El control del clima y sus riesgos

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Aunque a muchos pueda parecer fantasía científica, el hecho es que la ciencia y la tecnología han llegado a un nivel tal de desarrollo que puede comenzar a hablarse seriamente de modificar el clima. Y tal cosa —cambiar el clima— es lo que algunos proponen como solución extrema si no se logra controlar el calentamiento global.

Por Juan José Morales

Uno de los métodos que podrían emplearse, es lo que podría llamarse erupciones artificiales. Es decir, inyectar en la atmósfera grandes volúmenes de pequeñísimas partículas que, al reflejar la luz solar, reduzcan la cantidad de energía térmica que llega a la superficie terrestre y por ende disminuyan el calentamiento.

El Chichonal en erupción, fotografiado desde un satélite artificial.

A este procedimiento se le ha llamado de erupciones artificiales, porque sería similar a las grandes erupciones volcánicas, como las del Chichonal en México en 1982 y del Pinatubo en Filipinas en 1991, cuyas inmensas nubes de ceniza, al dispersarse por una vasta región del mundo, hicieron disminuir en casi medio grado la temperatura media del planeta.

En principio, las erupciones artificiales son factibles, aunque exigirían grandes esfuerzos y serían muy costosas, y las simulaciones con computadora indican que se obtendría el efecto deseado. Lo que algunos han propuesto, por ejemplo, es inyectar en la atmósfera cada año 60 millones de toneladas de dióxido de azufre, que no sólo reflejaría buena parte de la radiación solar que incide sobre la superficie terrestre, sino también absorbería calor procedente de la propia superficie. Tal cantidad sería equivalente a cinco erupciones de la magnitud de la del Pinatubo, que como decíamos hizo descender en medio grado la temperatura media de la Tierra durante los siguientes dos años.

Pero los modelos matemáticos también indican que además de la reducción de temperatura habría efectos indeseables que afectarían —y muy gravemente— a miles de millones de personas. En un artículo publicado en la revista Environmental Research Letters, investigadores de la universidad británica de Reading señalan que —según muestran sus modelos computacionales— uno de los efectos de la dispersión de semejantes volúmenes de dióxido de azufre en la alta atmósfera sería provocar sequías en un tercio de la superficie de Sudamérica, África y Asia. Sobra decir que ello tendría un gravísimo impacto en la agricultura, con la consecuente pérdida de cosechas. Además —y esto es igualmente importante— la sequía dañaría profundamente las grandes selvas tropicales, en especial la del Amazonas, que actualmente actúan como sumideros de carbono. Esto es, absorben grandes cantidades del dióxido de carbono responsable del calentamiento global y ayudan por lo tanto a mitigarlo. Un deterioro de la masa forestal tendría por tanto el efecto de empeorar el calentamiento.

Intentar modificar el clima resulta en extremo riesgoso y podría acarrear consecuencias verdaderamente devastadoras para mucha gente. Por ello la ONU ha establecido una moratoria a todo proyecto de modificación climática en gran escala, hasta en tanto se llega a un acuerdo internacional y se establecen organismos y regulaciones que eviten daños a terceros.

La geoingeniería o ingeniería planetaria —como se denomina a los procedimientos de modificación del clima— deberá esperar todavía, aunque a algunos quizá ya les urja ponerla en práctica para obtener ganancias.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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