El conejo de jade duerme en la Luna

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Quizá los lectores quieren saber qué está haciendo en estos momentos el vehículo explorador chino Yutu (Conejo de Jade), que el 14 de diciembre comenzó a recorrer la superficie de la Luna después de un impecable descenso de la nave portadora, la Chang’e 3, en una zona conocida como Sinus Iridum (Bahía del Arcoiris) una planicie basáltica situada en la región de los llamados mares lunares.

Por Juan José Morales

Representación artística del explorador lunar Yutu y su nave nodriza, Chang’e 3 en el sitio de descenso. La Chang’e 3 pesaba más de 3.75 toneladas al ser lanzada, incluidos su carga de combustible y los 140 kilos del explorador. Este último, dotado de seis ruedas, tiene una gran movilidad y su misión durará tres meses, equivalentes a tres días lunares.

Pues bien, lo que en estos momentos hace el Conejo de Jade es… dormir. Desde las 5.23 de la mañana (hora de Pekín) del pasado 26 de diciembre, el vehículo fue puesto en hibernación y así se mantendrá durante dos semanas para pasar la larga noche lunar. Unas horas antes, cerca de la media noche del 25 de diciembre, había iniciado su sueño la nave portadora, cerca de la cual se halla el Yutu después de haber realizado un recorrido preliminar alrededor de ella.

Para evitar daños a sus numerosos instrumentos por el intenso frío de la noche lunar —cuando la temperatura desciende hasta 180 grados bajo cero— ambos aparatos cuentan con sistemas de calefacción a base de la energía térmica producida por la desintegración de una carga del isótopo radiactivo plutonio-238. En ese período de descanso, y con base en las primeras imágenes enviadas por las cámaras de las naves, los científicos chinos decidirán qué ruta seguirá en sus andanzas el Yutu.

Pero lo que por ahora nos interesa de todo este asunto, no son tanto los detalles técnicos sobre la misión, sino dos hechos a los que a menudo no se presta mucha atención: en primer lugar, que esta es la primera vez en 37 años —más de un tercio de siglo— que desciende una nave exploradora en la Luna. La última vez que tal cosa ocurrió fue en 1976, cuando lo hizo la sonda soviética Luna 24, que luego retornó a la Tierra con un cargamento de rocas lunares. En segundo término, que a pesar de todo lo que se ha dicho acerca de las oportunidades económicas que ofrece la exploración espacial, hasta ahora la participación en ella de la iniciativa privada ha sido mínima, limitada a algunos proyectos de turismo. La casi totalidad de las actividades espaciales han sido realizadas por los gobiernos, como parte de proyectos científicos no lucrativos, aunque de ellos han derivado algunas aplicaciones prácticas que fueron aprovechadas por la industria privada.

A primera vista, puede parecer inexplicable el desinterés de las grandes transnacionales por participar en el aprovechamiento de los recursos de la Luna, los asteroides y —eventualmente— los planetas. Después de todo, mucho se habla de que esos cuerpos celestes contienen valiosos materiales que podrían ser explotados. Pero la explicación es bastante simple: la exploración espacial exige enormes inversiones, y las grandes empresas sólo apuestan a lo seguro. Es decir, cuando tienen la plena certeza de obtener cuantiosos beneficios en el plazo más corto posible. Y en este caso no tienen asegurada una rentabilidad inmediata y lo bastante suculenta como para resultar atractiva.

Como señala el famoso geógrafo y economista británico David Harvey, aunque en apariencia el capitalismo es muy audaz y aventurado para emprender grandes proyectos, en la práctica es bastante débil y tímido ante aquello que no le ofrezca oportunidades plenamente seguras de obtener buenas ganancias.

Por eso ninguna empresa privada se ha lanzado a explorar y explotar los recursos de la Luna, y seguramente ninguna lo hará durante mucho tiempo, hasta que la investigación financiada por los gobiernos, con recursos públicos, les garantice jugosos dividendos.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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