El sexo, ese asunto tan complicado

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A la generalidad de las personas, la diferencia entre hombre y mujer, entre el sexo masculino y el femenino, resulta tan clara y evidente que sin duda se sorprenderán al saber que la ciencia no tiene elementos para distinguir categóricamente entre un macho y una hembra, que no hay una prueba única, sencilla, directa e indiscutible para determinar en todos los casos si un individuo es hombre o mujer, y no se sabe tampoco con plena certidumbre qué características sexuales están determinadas biológicamente.

Por Juan José Morales

Las viejas y tradicionales ideas sobre qué es “nor-mal” o “natural” respecto a la orientación sexual de las personas, se han visto rebasadas a la luz de los estudios científicos, los cuales han demostrado que el sexo es resultado de una combinación de muchos y muy diversos factores.

En realidad, más que una dicotomía, una división clara y precisa entre dos sexos, éstos son resultado de todo un conjunto de factores muy diversos, desde los estrictamente biológicos —como los del código genético— hasta los familiares, sociales, culturales y sicológicos, pasando por los anatómicos, los patológicos y otros muchos.

Todo esto viene a cuento con motivo de la tendencia, que cada vez cobra más fuerza, a reconocer legalmente los matrimonios entre personas del mismo sexo. Y es que esa tendencia se funda en la idea, también cada vez más clara y extendida, de que la humanidad no se divide casi a partes iguales entre hombres y mujeres, y que lo “normal” o “natural” es que sexualmente los primeros se sientan atraídos por las segundas y viceversa, sino que hay una gran cantidad de individuos que física o mentalmente no pueden ser catalogados en ninguna de esas categorías sino que ocupan posiciones especiales.

En algunos casos, se trata de anomalías genéticas. La gran mayoría de los hombres, por ejemplo, tienen un cromosoma X y un cromosoma Y, en tanto que las mujeres tienen dos cromosomas X. Pero hay personas —hombres o mujeres— que tienen un cromosoma X adicional. En cuanto a anomalías anatómicas, existe por ejemplo lo que se conoce como afalia, o sea la falta de desarrollo del falo o pene en un hombre.

Respecto al deseo sexual —que se considera un claro indicativo del género de un individuo—, la homosexualidad está mucho más extendida de lo que generalmente se cree, no sólo entre el género humano sino también entre otros muchos animales. Hasta la fecha se han identificado más de 1 500 especies que presentan comportamientos homosexuales. Y qué decir de lo que se conoce como disforia de género —a la cual nos referimos hace algún tiempo en esta columna—, una condición en la cual una persona que por sus características anatómicas es considerada hombre en realidad tiene una mentalidad claramente femenina, o viceversa.

Desde luego, la vieja clasificación binaria —hombres y mujeres— es suficiente desde el punto de vista práctico y para la mayor parte de las actividades humanas. Un médico, por ejemplo, puede seguir tratando como hombre a un homosexual y como mujer a una lesbiana, ya que independientemente de su orientación sexual seguirán siendo anatómicamente distintos, sufrirán diferentes enfermedades, y responderán de distinto modo a los medicamentos.

Pero el sexo ha resultado mucho más complejo e impreciso de lo que tradicionalmente se había considerado, y no se puede seguir encasillando a los seres humanos en sólo dos categorías. Hay otras muchas que también deben ser reconocidas y aceptadas, y dar a quienes pertenecen a ellas los derechos que les corresponden para su incorporación a la sociedad.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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