¿Predicciones para el 2014? Astrólogos, videntes y memoria de teflón

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Estamos ya en diciembre, época de vacaciones, fiestas, furor de compras navideñas y vaticinios de astrólogos y videntes para el año venidero. Como de costumbre, no acertarán. Pero, sin pudor alguno, diarios, revistas y estaciones de radio y televisión seguirán difundiendo sus patrañas, confiados en que dentro de doce meses se habrán olvidado y la gente continuará dándoles crédito.

Por Juan José Morales

Es más: no sería extraño que para entonces vuelvan a pronosticar exactamente lo mismo, o que ya nos estén recetando las mismas predicciones fallidas, sólo ligeramente retocadas para hacerlas pasar por nuevas.
Si se da un vistazo a lo que esos embaucadores han anunciado durante los últimos años, se encontrará una interminable lista de sucesos extraordinarios y de catástrofes —las cuales parecen ser su especialidad— que hasta ahora siguen sin materializar. Por ejemplo, las siguientes:

Siempre fallan, pero cada año videntes, pitonisos, adivinadores, astrólogos, mentalistas y demás personajes similares hacen pingües negocios con sus predicciones, confiados en que nadie recordará sus incumplidos vaticinios previos.

Lanzamiento de astronautas mexicanos, erupciones del Paricutín, el Chichonal, el volcán de Colima y el Popocatépetl (los cuatro, no uno solo), un colosal terremoto que dejará en ruinas toda la costa occidental de América desde Oaxaca hasta San Francisco (y un sismo mucho más modesto que sólo causará enormes pérdidas materiales y de vidas en la ciudad de México), maremotos en Brasil con cientos de miles de muertos, una devastadora epidemia de una enfermedad parecida al ántrax en Europa, el incendio del famoso teatro Covent Garden de Londres, el asesinato del presidente de un país europeo en plena función de ballet, el desplome total o parcial de la estatua de la Libertad, el Arco del Triunfo en París, la fuente de la Cibeles en Madrid, la Torre de Pisa en Italia, una de las torres del Kremlin en Moscú, el palacio de Buckingham en Londres y algunos otros emblemáticos edificios y monumentos.

En cuanto a muertes, en un tiempo el pronóstico recurrente fue la de Fidel Castro, pero como parece gozar de una salud de hierro, ahora prudentemente se prefiere no anunciarla.

En materia de guerras —otra de las especialidades de los pronosticadores— todavía estamos esperando la que en 2012 involucraría a China, Rusia, Pakistán y Corea del Sur, o la que Venezuela —aliada con Rusia— libraría contra un país no revelado. Como cereza del pastel, algunos astrólogos y videntes no se cansan de anunciar que —ahora sí, el próximo año sin falta— se desatará por fin la temida y temible Tercera Guerra Mundial.

Hemos mencionado sólo algunas de las predicciones concretas, específicas, relativas a determinados hechos, lugares y fenómenos, no a esas tan vagas e imprecisas que pueden aplicarse casi a cualquier suceso, del tipo de “morirá un destacado político” o “un país de Asia sufrirá una gran catástrofe”, o las que son tan obvias que vergüenza debía darles a quienes las hacen, como “se descubrirán nuevos casos de corrupción” o “habrá crisis económicas en varios países”. Hemos dejado pasar también varios años desde que se anunciaron aquellos desastres, magnicidios o pandemias, para dar un margen de tolerancia. Pero nada de ello se ha cumplido.

Ello, empero, no obsta para que año tras año millones de bobalicones lean embelesados las supuestas profecías, muchas de ellas recicladas o revolcaditas para simular que nos están dando productos nuevos. La clave, como decíamos al principio, está en el olvido. La gente parece —como reza el dicho popular— tener memoria de teflón, a la que nada se le pega. Pronto olvida los vaticinios. Quizá porque —siendo tan sombríos— se siente satisfecha de que no se cumplan, y nuevamente queda lista para que vuelvan a tomarle el pelo, como seguramente no tardará en suceder o ya está ocurriendo en estos días.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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