La reserva que pudo ser pero sigue esperando

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Juan José Morales

Amigos y lectores residentes en Mérida y alrededores: Juan José Morales dictará un par de conferencias este martes 29 de octubre como parte del Festival Internacional de la Cultura Maya. Serán en el Gran Museo del Mundo Maya. Una a las 11 horas, titulada La península que surgió del mar, y otra a las 18 horas, con el título Selvas, Mares y Huracanes.

El pasado 19 de octubre, en el marco del Festival Internacional de la Cultura Maya que se celebra en Mérida, se firmó el decreto de creación de la Reserva Geohidrológica de Yucatán, la primera de su tipo en México.

La reserva, que abarca casi 2,200 kilómetros cuadrados al sur de la capital del estado, tiene como objetivo garantizar que se mantengan en buen estado las aguas del gran manto acuífero subterráneo de las que se abastecen la población de Mérida y su zona metropolitana, y la de 14 municipios circundantes para el consumo doméstico, industrial y agrícola. Salvaguardarlo es de máxima importancia ya que por su proximidad a la superficie, el acuífero resulta muy vulnerable a la contaminación con aguas negras, pesticidas y otros contaminantes y se requiere también una adecuada cobertura vegetal del terreno para propiciar la recarga del manto con el agua de las lluvias, evitando que se pierda por evaporación bajo el intenso calor solar antes de infiltrarse hacia las profundidades.

Para calibrar mejor la importancia de esta área natural protegida, puede señalarse que la ciudad de Mérida y su zona metropolitana —que congrega al grueso de la población del estado— consume anualmente 40 millones de metros cúbicos de agua. En la reserva, la disponibilidad de agua es del orden de 180 millones. Esto significa que con ella queda garantizado no sólo el suministro presente, sino uno cuatro y media veces mayor.

Estudios como los realizados por el Centro de Investigación Científica de Yucatán y la asociación Amigos de Sian Ka’an han demostrado que los flujos del agua subterránea en dirección a las costas son mucho más complejos de lo que se creía y están determinados por ciertas características del subsuelo, como asentamientos y fracturas.

Los estudios para la creación de la reserva estuvieron a cargo del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY). Se iniciaron en 2008, y durante cinco años se logró acumular una copiosa y valiosa —valga la rima— cantidad de información sobre los volúmenes de agua existentes en las profundidades, la manera como fluyen en dirección al mar y las fuentes de contaminación, tales como fosas sépticas y granjas porcícolas. Con base en los datos así acopiados, pudo establecerse qué área debía comprender la reserva y qué acciones debían tomarse para proteger el acuífero y mejorar la calidad del agua. Así fue como se delimitó esa superficie de casi 2,200 kilómetros cuadrados, que abarca parte del llamado anillo de cenotes, una franja semicircular donde abundan tales cuerpos de agua debido a fracturas del terreno causadas por el acomodamiento de las capas geológicas sobre el famoso cráter de Chicxulub. Dicho sea de paso, con esos 2,200 kilómetros cuadrados se incrementa de 12 a 17% la superficie total del estado de Yucatán bajo la categoría legal de área natural protegida.

Ahora bien: un detalle que vale la pena resaltar es que para la creación de esta primera reserva geohidrológica de México se utilizó la experiencia acumulada durante los estudios realizados en Quintana Roo con miras a establecer la reserva hidrológica de la Riviera Maya. Los métodos y técnicas de prospección probados durante esos estudios, así como los modelos matemáticos y las simulaciones por computadora desarrollados para manejar la información de campo, fueron aplicados exitosamente en Yucatán.

Pero, aunque ya se tiene la información necesaria para crearla, la reserva hidrológica de la Riviera Maya no existe. No ha sido decretada, ni hay la menor intención de hacerlo. Tanto el anterior gobierno de Quintana Roo, el de Félix González Canto, como el actual, de Roberto Borge le han estado dando largas al asunto, pese a la urgente necesidad de asegurar que los hoteles y demás establecimientos turísticos de esa zona tengan garantizada agua de buena calidad en cantidad suficiente durante los años venideros.

La excusa que se ha dado para no crear la reserva, es que se requieren estudios adicionales. Pero la realidad —dicen funcionarios y científicos conocedores del asunto— es que hay de por medio fuertes intereses económicos: la zona de captación de agua que se deberá proteger es la misma donde se proyecta construir el aeropuerto de la Riviera Maya, y la cual ha sido objeto de una intensa especulación inmobiliaria. Salvaguardar las reservas de agua le arruinaría el negocito a quienes esperan enriquecerse con la reventa de esos terrenos. Por eso, a pesar de su urgente necesidad, no se ha decretado la creación de la reserva hidrológica de la Riviera Maya. Tenemos así una reserva real que —paradójicamente— nació de una reserva fantasma.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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