Algo más sobre un gran charlatán: Deepak Chopra

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Creo que nuestros lectores tienen derecho a saber un poco más del gato que se les quiere hacer pasar por liebre en el ya cercano Festival Internacional de la Cultura Maya. Es decir, el tal Deepak Chopra, quien —sin tener la menor relación con la cultura maya— ha sido invitado a dictar en ese evento una conferencia magistral sobre un ignorado tema.

Por Juan José Morales

En la portada del libro en que ofrece la fórmula para mantenerse joven y bello por siempre, Chopra aparece como un apuesto doncel para hacer creer a los lectores que él así se ha conservado. Pero es sólo un milagro del photoshop. En realidad su aspecto es el de la foto del inserto, la cual, obviamente, no se publica en el libro.

Chopra, médico de profesión, descubrió en 1984 que era más productivo embaucar ingenuos con la llamada meditación trascendental Maharishi, esa supuesta milenaria técnica mental hindú —en realidad una marca comercial registrada— que promete a quienes mediten furiosamente que podrán llegar a atravesar paredes de concreto desmaterializándose a un lado de ellas y rematerializándose del otro lado, y que con el tiempo podrán aprender a levitar, elevarse por los aires, y volar cual grácil zopilote.

Tiempo después, dejó la MT, al parecer por conflictos económicos con otros participantes del negocio, y fundó el suyo, inicialmente de medicina ayurveda. Pero como ayurveda es el nombre común de ciertas prácticas médicas precientíficas de la India, hábilmente dividió la palabra, registró el nombre Ayur Veda como marca comercial, y durante años ha vivido cual rajá, ganando millonadas con libros, conferencias, cursos y “tratamientos” que son un batidillo de religión, misticismo y astrología salpimentado con palabrería seudocientífica y que incluye afirmaciones tales como que la mayoría de las enfermedades pueden diagnosticarse simplemente tomando el pulso al paciente, o que “los antibióticos y demás drogas modernas no funcionan”.

En una vaga reminiscencia de las viejas ideas sobre la teoría de los humores, afirma, por ejemplo, que “las funciones vitales están determinadas por tres principios o doshas” que son “comparables con el funcionamiento de los signos astrológicos, determinando las características de cada individuo y pueden ser conocidos tomándole el pulso a la persona, o haciéndole responder un cuestionario”. Las tales doshas controlan los movimientos intestinales, la vibración de las cuerdas vocales y todas las demás actividades internas del organismo, así como los ademanes y los gestos, e incluso “la danza” del ADN cuando se multiplica.

A partir de esa verborrea esotérica y sin sentido —ni, por supuesto, el menor sustento científico— afirma que basta tener pensamientos positivos para que el cuerpo produzca “moléculas felices” capaces de acabar con cualquier enfermedad y llevar al individuo a un estado de plena salud. ¿Y cómo manejar esos pensamientos positivos que harán brotar torrentes de moléculas ebrias de felicidad? Pues leyendo sus libros o escuchando sus conferencias.

De todas maneras, a veces el paciente no es muy aplicado o no capta bien las sabias enseñanzas del maestro y los doshas se encabritan. Deben entonces ser “pacificados”, para lo cual se indican diversos tratamientos que —a precios de varios miles de dólares— se ofrecen en sus “clínicas”, tales como el National Institute of Health and Hoc Panel on Alternative Medicine, el Instituto Sharp para el Potencial Humano y la Medicina Cuerpo-Mente, o el Centro Chopra para el Bienestar. Los tales tratamientos incluyen consultas astrológicas, y “yagyas” que son ceremonias religiosas —las cuales el paciente, sin embargo, no puede presenciar— destinadas a solicitar a las primitivas deidades hindúes que derramen la salud sobre el enfermo.

Asegura Chopra que sus terapias “pueden llevarnos a un lugar donde no se aplican las reglas de la existencia cotidiana… una tierra donde el vigor juvenil, la renovación, la creatividad, el gozo, la realiza-ción y lo intemporal son la experiencia habitual de la vida cotidiana, donde la ancianidad, la senilidad, la enfermedad y la muerte no existen y ni siquiera son considerados como filosofía”.

Si todo esto no es charlatanería pura, no sé qué otro calificativo pudiere aplicársele. Y al tal Deepak Chopra no sólo se le brindará una tribuna en el Festival Internacional de la Cultura Maya para seguir promoviendo su negocio de timar incautos, sino que se le pagará por hacerlo. Porque no habla gratis. Cobra, según publicó hace tiempo la revista Newsweek, hasta 25 mil dólares por conferencia. Sería bueno que los organizadores del festival informen si se le pagará más de un cuarto de millón de pesos por venir a tomarle el pelo a la gente en Mérida.

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