Vampiros, ajo y colesterol

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Desde tiempo inmemorial, en la mitología popular el ajo ha sido muy eficaz para mantener a raya a los vampiros. No a los auténticos, a los murciélagos hematófagos, sino a los humanos, los de las leyen-das y las películas de terror. Una buena ristra de ajos sobre la puerta basta para impedir la entrada a tan indeseables caballeros de la noche, y si alguno llegara a colarse hasta la recámara de una hermosa doncella, retrocederá empavorecido antes de asestarle la sanguinaria mordida en el cuello si la encuentra protegida por un collar de ajos.

Por Juan José Morales

El ajo fue también en la Edad Media considerado un magnífico remedio contra la peste bubónica o muerte negra. En épocas más recientes se echaba mano de él para combatir la gangrena. Y hará cosa de 25 años comenzó a decirse que era buenísimo para el corazón. Concretamente, para mantener en adecuados niveles la concentración en la sangre del llamado colesterol malo.

Por supuesto, de inmediato los fabricantes de productos milagro, ni tardos ni perezosos, comenzaron a inundar el mercado con toda clase de complementos y suplementos alimenticios a base de ajo —nada baratos, desde luego— disfrazados de medicamentos. Lo mismo píldoras que cápsulas o tabletas en las más variadas presentaciones, con los más rimbombantes nombres, y lo mismo polvo que extractos o aceite de ajo. A todos ellos, su publicidad les atribuye maravillosas cualidades y casi garantiza que quien los tome se mantendrá tan a salvo de un infarto como los previsores aldeanos de Transilvania quedaban a salvo del conde Drácula.

Aunque están registradas como suplementos alimenticios, las cápsulas, píldoras y demás productos a base de ajo se presentan mañosamente como si fueran medicamentos y se les atribuyen propiedades preventivas o curativas.

Y, por supuesto también, como todos esos productos están re-gistrados en la categoría de suplementos alimenticios, sus fabricantes no están obligados a demostrar su efectividad terapéutica. Lo único que deben probar es que contienen las sustancias que dice la fórmula.

Pues bien, hace algún tiempo, el Prof. Christopher Gardner, in-vestigador de la universidad norteamericana de Stanford, decidió po-ner a prueba la eficacia del ajo para evitar la acumulación de colesterol en la sangre. Con tal objeto, dividió a 192 adultos que sufrían de moderado exceso de colesterol en varios grupos. A unos se les administraron suplementos a base de ajo en distintas presentaciones y formulaciones. A otros, se les hizo tomar ajo en estado natural. Y a los de un grupo, se les administró un placebo. Es decir, una sustancia que ellos creían era suplemento a base de ajo pero en realidad sólo contenía una sustancia inocua.

El experimento duró seis meses y fue rigurosamente controlado para asegurar que todos tomaran las dosis indicadas, que mantuvieran su dieta habitual y que no estuvieran utilizando medicamentos contra el colesterol. Al cabo de ese tiempo, se les sometió a análisis de sangre para determinar el contenido de los dos tipos de colesterol —el “bueno” y el “malo”— y de triglicéridos, en comparación con los niveles que tenían antes de iniciarse la prueba.

Resultado: no se registró ningún cambio significativo en ninguno de los grupos.

Puede entonces concluirse que tomar o no tomar ajo, ya sea en estado natural o en cualquiera de sus costosas presentaciones en cápsulas, extractos, concentrados, aceites y demás, no tiene efecto alguno sobre los niveles de colesterol en la sangre. Para mantenerlos en el rango aceptable, la solución es evitar el excesivo consumo de grasas animales, tener una dieta rica en fibra, frutas y verduras, y hacer ejercicio moderado.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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